Redes sociales y existencia humana

  • Abelardo Fernández
La virtualidad de la existencia está resultando una realidad patética: somos en tanto publicamos

En una cotidiana reflexión de cómo ser o cómo estar en el mundo, de esas que uno normalmente tiene todos los días y a toda hora, reflexionaba qué quiere decir publicar en redes sociales y cómo explicar esto. La idea de ser el protagonista permanente de tu vida, quiero decir, que publiques constantemente qué haces, cómo lo haces, fotos de tu cara, de tu imagen en el campo, en la ciudad, de viaje y haciendo la comida, celebrando el cumpleaños de tu padre, etcétera.

En un buen análisis filosófico y psicológico tendríamos que pensar que el YO se convierte en el protagonista omnipresente de la vida. Es interesante constatar que en muchos casos las personas que leen estos mensajes, estas publicaciones, responden justamente el mensaje de la noticia de lo que esa persona está haciendo de su vida en todas estas circunstancias. Aquí viene una de las primeras preguntas y reflexiones, ¿las redes sociales son un espacio donde todos mis contactos están interesados en lo que estoy haciendo todos los días?, ¿se preguntan si hoy me peiné, si comí huevos estrellados o huevos a la mexicana?

La trivialidad de tal noticia, al menos eso es lo que parece, se responde desde un cierto tipo de consideración al principio y quizá de compasión al final: “pobre, coméntale algo, deséale algo porque se mira que necesita que la miren”. Una segunda reflexión pasa por preguntarnos quién o quiénes son nuestros imaginarios interlocutores y qué pensarán de todas las cosas mías que comparto desde mi intimidad; claro, aquí lo que resulta considerablemente peligroso es que es mi intimidad la que estoy poniendo en peligro. “Hoy decidí ponerme los calzones verdes en lugar de los azules”, la trivialidad de tal reflexión y la indefinición de a quién se lo estoy diciendo vuelve la imaginaria conversación una relación donde, al final soy yo el que estoy hablando conmigo mismo… lo que resulta doblemente patético porque, ¿para qué necesito las redes sociales? Para confírmame a mí mismo mi existencia en este absurdo mundo.

De todo esto podemos desprender preguntas como: ¿con quién hablo?, ¿quién realmente soy yo?, ¿quién realmente me está escuchando o me está leyendo?, ¿qué mierda estoy haciendo de mi vida que dependo estar publicando qué desayuné o si hay flores en mi jardín o ya se murieron? Una posibilidad más que resulta muy interesante es el hecho de mostrarte ante el mundo como no eres. Puedes construirte una imagen de pulcritud, eficiencia, elegancia, glamur y éxito en la vida sin problema alguno, es decir, puedes ocultarte detrás de ti mismo y volverte alguien que realmente no eres: el yo se sustituye por otro yo más propio.

La virtualidad de la existencia está resultando una realidad patética; somos en tanto publicamos, somos en tanto nos responden, y si tenemos la fortuna que nos den likes al por mayor, el goce puede ser la cumbre de nuestra felicidad. Como dijera el buen Freud, es la repetición lo que me lleva a la búsqueda frenética del placer y si en mi primera, segunda o tercera publicación me dieron un buen número de likes, el propósito estará maravillosamente cumplido. Piaget también dijo que la repetición era lo que nos llevaba al aprendizaje y a la comprensión, particularmente a dos procesos de los que él habló con toda precisión que son la asimilación y la acomodación: en eso andamos, pero en la redes sociales.

La popularidad es la moneda de cambio más importante en nuestros tiempos, en eso estamos diariamente, de eso depende nuestra vida, vivimos en la fantasía de lograrlo y no tenemos ni idea de qué es lograrlo y qué vendrá después de lograrlo, pero pareciera que en ello se nos va la vida. ¿Quiénes entonces son los otros? La otredad o alteridad la tengo en mi cabeza, la construyo en mi fantasía, la armo en mis intenciones más íntimas y la construyo desde la misma virtualidad, liquidez, océano acuoso, amorfo e indefinido de las redes sociales. Supongo que hay mucho que decir al respecto. Todos mis artículos se dirigen a estimular la reflexión y en el mejor de los escenarios, también a estimular el debate de opiniones o comentarios, de quienes, en todo este mundo acuoso virtual quieran sumarse al análisis y la reflexión de este tema.

Quienes no publican cosas que tienen que ver con ellos mismos sino que comparten contenidos artísticos, científicos, políticos, etcétera, y su vida íntima la dejan protegida y guardada en su casa y con los suyos, mantienen una expectativa distinta y parecieran menos solitarios, digamos que menos necesitados de atención y reconocimiento; la vida parece no resultarles tan desesperada. De la misma manera un día llegas a tu face más desesperado y menos angustiado, las redes no determinan eso y tampoco son un regulador de tus emociones, digamos que sólo son un escaparate de tu alma en pena.

Independientemente de todo lo que aquí expreso, no falta quien defienda el hecho que las redes sociales son una gran opción para comunicarnos hoy y definen y diferencian a las generaciones actuales de las anteriores. Las redes sociales son el medio para enterarse qué pasó con un amigo o amiga, con su pareja, con sus hijos, con su vida, etcétera, facilita negocios, encuentros, etcétera, en ningún momento he dicho que estoy en contra de las redes sociales, sería una locura de mi parte.

No faltan los expertos que todo lo quieren especializar, quienes advierten que si no tienes un buen manejo de redes sociales estás perdido. Políticos, funcionarios, empresarios, vendedores y maestros de escuela estudian estrategias de redes sociales para su prosperidad y felicidad permanente, un escenario inmaterial parece convertirse en nuestro destino y no sólo es el hecho de que de eso dependa que consigas ventas, trabajo, una relación de pareja, un poco de reconocimiento público o todo esto que dices que necesitas desesperadamente.

El asunto es que el constante analfabetismo en el que estamos quedando todos va en aumento, el grueso de la sociedad intenta vivir a la antigua comunicándose con sus seres queridos y tratando de trabajar y vender sus productos como puede. Una nueva distribución social se avecina con el rollo de las redes sociales: los expertos y exitosos y los analfabetas desconocidos. Para quienes venimos de un tiempo donde ni siquiera había televisión y vimos las primeras teles de colores, todo esto nos parece abrumador y excesivo, lo que pomposamente llaman modernidad no deja de ser y de aparecer como algo incomprensible, solitario e inhumano

Les dejo un abrazo a todas y todos, de los verdaderos, de los que sí se sienten en el cuerpo… 

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Abelardo Fernández

Doctor en Psicología, psicoterapeuta de Contención, musicoterapeuta, escritor, músico y fotógrafo profesional.