Freire, figura a recordar este inicio de año

  • Rafael Alfaro Izarraraz
La educación es práxis, reflexión y acción sobre el mundo para transformarlo

A los desarrapados del mundo/y a quienes,/descubriéndose en ellos,/con ellos sufren/y con ellos luchan”. Es el epígrafe de uno de los textos más importantes publicados por Paulo Regules Neves Freire, quien nació en el noreste brasileiro, en la ciudad de Recife, capital de la provincia de Pernambuco, en 1921: Pedagogía del oprimido. Inspirándose en el Himno de la Internacional, que a la letra dice “Arriba los pobres (los desarrapados de Freire) del mundo/de pie los esclavos sin pan”, etc. Surgido de las corrientes del cristianismo, él era un militante cristiano, Freire se define como un político y solo adjetivamente como un pedagogo (Ver a Carlos Núñez Hurtado, en: https://www.academia.edu/7489121/Pedagog%C3%ADa_de_la_Esperanza).

Este cristiano militante, como lo llama Julio Barreiro, considera que La Pedagogía del oprimido debe contemplarse como la obra fundamental de Freire. Sin embargo, debe entenderse en el marco de su vida como una actividad política que en su hacer la transforma en obra pedagógica. Esta última, es un medio a través del cual logra decodificar la educación, que ante el mundo aparece como la gran obra maestra de la humanidad. Esta última es entendida por Freire como un acto de poder y que a través de ella se ejerce sobre los oprimidos. Freire no se queda cruzado de brazos ante esa realidad, aún en el exilio.

Recordemos que América Latina, nuestra América, durante la segunda mitad del siglo pasado, vivió una etapa en la que surgieron las corrientes nacionalistas y socialistas, la teología de la liberación, las dictaduras, el neoliberalismo, entre otros acontecimientos. La práctica pedagógica, la del oprimido, mira hacia esa realidad nos dice Freire, hacia esa realidad que él cuestiona por alienante, enajenante, que conduce a la sumisión y que tiene en la educación a su principal baluarte.  Ve en la educación un instrumento para lograr la libertad del oprimido, una acción a contracorriente de la educación que enajena. Freire es de los precursores de las corrientes como la Filosofía de la Liberación, de Enrique Dussel, de la descolonialidad de Walter Mignolo, del ambientalismo de mi estimadísimo profesor Enrique Leff.

En un texto de Julio Barreiro, que presenta algunos comentarios a otra obra de Freire, La educación como práctica de la libertad, se hace la pregunta ¿Qué significa educar en medio de las agudas y dolorosas transformaciones que están viviendo nuestras sociedades latinoamericanas en esta segunda mitad del siglo XX? Barreiro se contesta tomando una de las respuestas de Freire: “La educación verdadera es práxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo”. En ese sentido, la educación es una acción que se orienta a transformar a quienes son los que cambian y transforman la realidad: las mujeres y los hombres que, al ser deseducados, al enseñarlos a desaprender, aprenden a cambiar ya modificar la realidad.

Para Freire, los métodos educativos que se utilizaban en Brasil para promover la educación con el fin de enseñar a leer a los adultos (él fue profesor de historia y filosofía en la Universidad de Recife), los consideró insuficientes. Pero aún más, estableció un juicio demoledor: esos métodos más que educar a la población y enseñarla a leer y escribir, servían para promover una conducta que llevaba a la “domesticación” de la población. En otras palabras, dice Barreiro, servían para manipular la conciencia de los que supuestamente habrían de ser educados. En lugar de hombres libres y conscientes, el resultado era todo lo contrario. Por supuesto que hubo una reacción de los grupos de poder que veían en la enseñanza un peligro pues aprender a leer los podría cambiar y modificar la relación de opresión que tenía con ellos.

El analfabetismo que se consideraba desde las visiones eurocéntricas compradas por las élites locales, como una especie de barbarismo y símbolo del atraso de las sociedades no occidentales, es entendido por Freire de otra manera. En su contexto, para Freire, es como debe entenderse la existencia del analfabetismo. Tuvo una utilidad social. Asimismo, las palabras, expresadas en signos gráficos y que expresan ideas, no son por sí mismas liberadoras por el simple hecho de que ayuden a quienes las reciben a comprender su mundo, la realidad inventada para ellos. La educación, la enseñanza de la lectura, desanalfabetizar, debe servir también para acompañar el aprendizaje y entenderlo como un acto libertario, crítico. Combatiendo el sectarismo que limita el pensar y se encierra el miedo a la libertad, utilizando un concepto fromniano (Ver: Paulo Freire: “Primeras palabras”,< en: https://fhcv.files.wordpress.com/2014/01/freire-pedagogia-del-oprimido.pdf).

En la Filosofía del Oprimido, que recorre la obra freiriana, no existe ninguna postura metafísica en torno a esperar algún día la llegada de la justicia, la libertad y la igualdad, generalmente asociado a la ideología del progreso que nunca llega para los segmentos desamparados de la sociedad. Es claro en la obra de Freire que el oprimido solamente dejará de serlo por su propia mano, por su propia obra. No es educación cuando los alumnos únicamente reciben información y dejan de interactuar con el sistema educativo que se transmite a través del profesor o académico. Eso no es educación, responde a un tipo de enseñanza en donde el estudiante permanece en calidad de archivero, que recibe información y se la guarda, y de nueva cuenta recibe información y la archiva y así sucesivamente.

Al educador le corresponde una vocación humanista, no del humanismo centro europeo que se convirtió en un contra humanismo, un humanismo opresor, contrario al mundo, explotador, desinteresado por controlar sus propios actos y sobre todo con respecto al impacto que tiene sobre la naturaleza con respecto a la que se coloca como una entidad superior. Le corresponde un humanismo vinculado con las tradiciones libertarias, en donde se hace del estudiante una mujer y un hombre con capacidad de pensar por sí mismos…

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Rafael Alfaro Izarraraz

Periodista por la UNAM, maestro por la UAEM y doctor en Ciencias por el Colegio de Postgraduados-Campus Puebla. Es profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la UATx y Coeditor de la revista científica Symbolum de la Facultad de Trabajo Social, Sociología y Psicología.