Aristegui: De los hechos a los dichos

  • Arnoldo González Macías
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Carmen Aristegui ha sido la nota de los últimos días. Su despido de MVS ha acaparado la atención de medios nacionales e internacionales y, por supuesto, de las redes sociales. Los mensajes que circulan al respecto son principalmente opiniones en apoyo a la periodista y, en mucha menor medida, hay voces que también cuestionan su actitud. Es decir, el debate se ha tornado en un asunto de blanco o negro, sin ninguna posibilidad de puntos intermedios.

Más allá de lo inútil que resulta asumir posturas radicales de nosotros “los buenos” (ciudadanos, periodistas, intelectuales…) contra ustedes “los malos” (borregos, chayoteros, ignorantes…), el problema está en los argumentos que unos y otros utilizan para descalificarse mutuamente; los cuales están fundamentados en dichos y no necesariamente en hechos. En otras palabras, ante la carencia de información sólida e incuestionable, este intercambio de mensajes – ni siquiera diálogo –  se reduce a la mera repetición de opiniones; muchas de ellas ni siquiera medianamente bien sustentadas.

Bajo estas circunstancias, resulta pertinente hacer una recapitulación y separación de lo que se sabe (hechos) y de lo que se asume (dichos). Al poner ambos aspectos sobre la balanza salta a la vista que – con respecto al caso Aristegui - lo segundo es significativamente mayor que lo primero, lo que significa que este asunto se ha vuelto literalmente en un vendaval de dimes y diretes; en donde los datos duros brillan por su ausencia.

No está mal tener un punto de vista y expresarlo, la misma Constitución lo avala, el problema es cuando no se entiende la diferencia entre información y opinión. Peor aún, el problema es cuando los mismos periodistas confunden ambos términos, presentando como un hecho lo que en realidad es un simple dicho.  Al asumir como “la realidad” algo que estrictamente es una percepción de la misma, da como resultado que al final sólo se esté presentando una construcción maniquea de dicha realidad.

Si bien una opinión – venga de quien venga - no es la realidad, tampoco esta última es democrática. Es decir, para que algo sea cierto no basta con que muchas personas así lo crean y digan. De tal suerte, por muchos “likes”, “twits” o firmas en change.org que tenga dicha conductora, su versión de la realidad no será más válida o verdadera que la de MVS; simple y sencillamente porque ambas partes han fallado en aportar pruebas convincentes en defensa de sus posturas. Y es que no hay que olvidar que esto no es un concurso de popularidad, es periodismo y – como tal – se debe ponderar el hecho por encima del dicho.

En ese sentido, se puede o no estar de acuerdo con Carmen Aristegui, pero eso no es motivo suficiente para beatificarla o crucificarla. Por tanto (y a riesgo de que suene a blasfemia para sus fans), mientras no se cuente con los datos duros e incuestionables, su teoría de la conspiración desde ese ente abstracto que es “el Estado” no es más convincente que el argumento del “conflicto laboral” presentado por la empresa que la despidió. Así las cosas, en la medida que los dichos sustituyan a los hechos, la realidad seguirá escondida tras la diatriba de “los buenos” contra “los malos”.

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Arnoldo González Macías

Periodista, docente e investigador. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación

y maestro en Comunicación por la Universidad Vasco de Quiroga (Morelia, Mich.).

Asimismo, es doctor (PhD) en Estudios de la Comunicación por la Universidad de Leeds

(Reino Unido). Ha sido reportero, editor y jefe de investigación en el periódico La Voz

de Michoacán. Su trabajo académico ha sido presentado y publicado tanto en México

como en Europa y Sudamérica. Actualmente es profesor de tiempo completo en el

Departamento de Mercadotecnia y Comunicación del Tecnológico de Monterrey, Campus

Puebla.

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