Motivación del maestro contra el abandono del alumno

  • Joshue Uriel Figueroa
La desmotivación y la falta de interés por los estudios son hoy grandes retos de docentes y sociedad

De las mayores dificultades en la educación se encuentra el retener a los estudiantes en la escuela, en especial en preparatoria y bachillerato dejan de estudiar por razones que hasta hace unos doce años eran desconocidas.

Fue hasta el 2012 que en la Encuesta Nacional de Deserción en la Educación Media Superior (ENDEMS), los jóvenes hablaron de los problemas a los que se enfrentan para seguir estudiando, el más relevante la mala situación económica, la falta de dinero en el hogar, la necesidad de trabajar. También expresaron el embarazo adolescente y la unión conyugal, situaciones que tienen un mayor impacto en las mujeres.

La reprobación y las bajas calificaciones tienen un alto grado de influencia en la decisión de abandonar la escuela. Y así otras causas en diversos estudios han sido identificadas como:  la extra edad, la lejanía de la escuela, el grado en que el estudiante puede involucrarse con su entorno escolar ya que en el proceso de cambio de grado influye como un periodo de estrés que crea ansiedad, frustración, depresión y demás trastornos que requieren acompañamiento. Asimismo, la violencia del bullying crea espacios inseguros y negativos para el desarrollo estudiantil y de la adolescencia.

De igual manera, la disfuncionalidad de la familia, los ejemplos de fracasos escolares en el entorno familiar, el distanciamiento cognitivo de los adolescentes para con las formas de comunicar de los docentes, ya que la realidad de los jóvenes está marcada por la falta de pertenencia, por la pobreza, la pérdida de visión del futuro, el individualismo en una realidad cultural que se caracteriza por la falta de espacios para el estudio y la recreación. El que los adolescentes no cuenten con espacios propios y específicos de concentración para el estudio influye en gran medida en el desinterés o desánimo hacia los estudios.

Lo cierto es que en la sociedad, el abandono de los estudios es un sinónimo de fracaso social y esta visión del fracaso es la que no ha permitido visualizar que la interrupción escolar es un problema de todos, por lo que es necesario ponerse en los zapatos de los jóvenes y comprender la gravedad de una juventud sin ejercer el derecho a la educación, por ende el debate de la interrupción voluntaria o involuntaria radica en el hecho de la desvalorización de aquel que deserta de la educación sin comprender las múltiples razones.

Recientemente datos señalan que el problema de la interrupción de estudios en Educación Media Superior (EMS) durante la pandemia por Covid-19 se da por una desmotivación generalizada, reprobación y poco rendimiento académico. Habrá entonces que tomar muy en cuenta que estos cambios radicales de la “nueva normalidad” pudieran haber impactado en el abandono, ya que tan solo un cambio de escuela o el asumir responsabilidades de adultos en el hogar incrementan exponencialmente el riesgo de dejar los estudios. 

Asimismo, la falta de acceso a las Tecnologías de Información (TICS) y de herramientas de los padres para enseñar en casa, aunado a las desigualdades económicas durante la pandemia impactaron en su educación, pero es aún más apremiante el tratamiento socioemocional que muchos jóvenes requieren después de la pandemia.

Ya que la pandemia fue especialmente emocional en los adolescentes, sobre todo porque muchos sufrieron altos niveles de estrés, la falta de infraestructura tecnológica, capacitación en competencias digitales, así como la ausencia de un acompañamiento en la salud y los cambio socio económicos fueron escenario de conflicto para los estudiantes. Ya anteriormente investigadores habían advertido que la procrastinación académica es una causa recurrente del estrés de los jóvenes, ya que declaran no tener tiempo para hacer las tareas indicadas por la escuela; sin embargo, mucho se debe a las distracciones como redes sociales que aplaza la realización de estas actividades escolares; de igual forma una mala administración del tiempo derivado de asignación de tareas del hogar pueden contribuir a este fenómeno.

Por su parte, el Sistema de Información de Tendencia Educativa en América Latina (SITEAL), a través de una encuesta en seis países, entre ellos México, identificó como primera causa del abandono en los estudiantes de Educación Media Superior es el desinterés o desaliento escolar, con un 39%, el cual se asocia a los procesos de enseñanza-aprendizaje implementados y los temas curriculares. Al respecto, se sabe que la alta demanda o carga de trabajo en grupos amplios para los maestros, les impide llevar a cabo estrategias pedagógicas que nutran el interés de los adolescentes: se estima que en algunos subsistemas de EMS llegan a tener hasta 81 educandos por aula.

En correspondencia, el extinto Instituto Nacional de Evaluación de la Educación (INEE) reconoce la “existencia de un “desanclaje secular”, reflejado por las brechas entre las escuelas, los docentes y los jóvenes pone en entredicho las capacidades de las instituciones escolares”. Con base a lo anterior, podemos distinguir factores del abandono escolar dependientes al sistema educativo y otros que están fuera de la escuela, como lo son las dificultades económicas.

En esta sintonía, el documento de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sobre el Panorama Social de América Latina 2001-2002 expone que en América Latina 15 millones de adolescentes, entre 15 y 19 años abandonan la escuela, sobre todo el primer año de la EMS.

Plantear una pedagogía que invite, motive a los educandos al diálogo, pensamiento crítico y la acción a partir de conocer sus problemas es una tarea que todo maestro debe practicar para no abandonar al estudiante.

Como ya lo dijo Paulo Freire: “Solamente el diálogo, que implica el pensar crítico, es capaz de generarlo. Sin él no hay comunicación y sin ésta no hay verdadera educación”.        

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Joshue Uriel Figueroa

Politólogo y abogado con estudios de Maestría en Políticas Públicas y Género (FLACSO). Fue Consejero Universitario en la BUAP. Activista por los derechos humanos. Se ha desempeñado como asesor en el INE y en la Cámara de Diputados. Desde el 2019 es titular del Programa Becas Benito Juárez en Puebla.