Candidatura y estructuras partidarias, el Partido Acción Nacional

  • Guillermo Nares

La dinámica del cambio político en México se ha deslizado en esferas diferentes, con efectos diversos en los principales partidos políticos, hasta el 2012 el PRI, PAN y PRD. Mientras el Revolucionario Institucional, siendo opositor al panismo mantuvo la cohesión partidaria aprovechando el diseño federal de la república, Acción Nacional regresó maltrecho a su condición opositora; el ejercicio del poder presidencial le significó desgaste estructural, disminución de capacidad competitiva y debilidad en su cohesión.

En el camino de regreso a la oposición, llama la atención el PAN poblano después del 2012, la reconstrucción del panismo giró hacia los estados. El modelo heredado por el PRI, -afirmarse en las regiones y avanzar hacia el centro- fue retomado enteramente por el PAN, solo que a diferencia del PRI, Acción Nacional no volvió la vista hacia sus gobiernos estatales, -estos prefirieron mantener una sana distancia- sino  hacia el morenovallismo, que sin ningún recato se convirtió en la principal facción partidaria del PAN, gracias al denodado activismo de sus cuadros  electorales en contiendas estatales, federales e incluso, y sobre todo, en las internas panistas.

Se presentó a sí mismo –el PAN de Moreno Valle- como condición suficiente para salir de la derrota y recuperar competitividad electoral; desde esos momentos, con la mirada puesta en el 2018. El morenovallismo afianzó para su causa cuadros electorales y de representación política derivados del modelo de frente amplio.

Dicho modelo, con el antecedente de las campañas electorales en Sinaloa, Oaxaca y Puebla, tomo como carta de naturalización al  PAN poblano. Quienes impulsaron dicha estrategia reconocieron que la debilidad congénita  del PAN fue, el diseño de militancia exclusiva. En Puebla, como en el país, decidían las denominadas familias custodias. El PAN poblano dejó de ser exclusivo, en su  interior se conformó una nueva elite partidaria aliancista.

Los resultados de dicha estrategia fueron hegemonizado por la elite gobernante poblana. Internamente, siguen teniendo cohesión institucional; las figuras carismáticas y los grupos anti sistémicos cerrados que soportaron las contiendas electorales hasta el 2010, hoy son testimoniales, fueron sustituidos por liderazgos locales de orígenes partidarios diversos. Externamente, el panismo poblano, además de refrendar mayoría en el congreso local, tiene presencia en la cámara federal y en el senado de la república. La estrategia aliancista consolidó al morenovallismo como una facción política nacional. Todo ello es el soporte del candidato José Antonio Gali Fayad, quien además mantiene aceptables positivos derivados de su paso por la función pública.

Gali es un buen candidato, con una buena estructura electoral, arrastra en la campaña que se avecina, los costos de representar la alianza que es gobierno estatal.

Si bien caracterizada por una abundante obra pública, el sexenio que corre ha sido de naturaleza extractiva; el incremento de las tarifas del agua potable, el Programa de Foto Multas, la tenencia vehicular, las desmesuradas sanciones a los automovilistas –establecidas por el actual reglamento de tránsito del municipio de Puebla-, caos vial, mala planeación en la ejecución de obras, retenes y operativos policiacos que se han convertido en verdaderos actos de molestia, compleja movilidad de la ciudadanía, endeudamiento externo riesgoso, lastiman aspectos sensibles y cotidianos del elector. Si bien las obras son de impacto a largo plazo, el votante decide en relación a sus intereses inmediatos. Además, el ejercicio de los recursos públicos estatales en el municipio capital, dejo fuera amplios segmentos de votantes clasemedieros y populares. Muy tarde han volteado a ver zonas-bastión de votantes panistas que en la última elección abandonaron la alianza gubernamental.

Se explica dicha debilidad. En el gabinete estatal se privilegió en espacios estratégicos, el nombramiento de funcionarios cuya experiencia era totalmente ajena al contexto poblano. No es un asunto de “chauvinismo local”, es un problema de agilidad, efectividad, y buen desempeño de la cosa pública. Evidentemente, la curva de aprendizaje fue mayor. Nadie pone en duda las capacidades. El asunto es más sencillo, de confianza y aprendizaje contextual. ¿Qué sentido tiene designar funcionarios que necesariamente recurrirán a funcionarios locales para tener información? Ello explica los errores de gestión; obra pública abundante, pero de significación social limitada; procuración y administración de justicia de fisonomía mediática, con inadmisibles focos rojos en materia de seguridad. Y, respecto a los asuntos de política interna, desafortunada en los últimos cinco años, por los errores de “diverso calibre”. Justo la falta de conocimiento del contexto, provocó el “affaire” de las juntas auxiliares. Todo ello significa adversidad para la campaña de Tony Gali.

Los positivos del candidato Gali tendrán que remontar los negativos que arrastra la función pública estatal.

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Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Autor de diversos libros. Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior