Difiero
- Fernando Rojas Cristerna
Somos muchas las voces que estamos en desacuerdo con la aprobación por parte del pleno de la SCJN en relación a la aprobación legal para la adopción de niños a favor de los mal llamados matrimonios homosexuales.
Y es que no tardó mucho tiempo entre otorgar el reconocimiento como matrimonio a la unión de parejas homosexuales, cuando en forma expedita les fue concedido el "derecho" a poder adoptar legalmente a un menor, partiendo de la premisa de que de esta manera el derecho de los menores sería salvaguardado y también evitaría violentar el derecho de los homosexuales para conformar una familia.
Y este es precisamente el punto débil de la tesis sostenida: ¿será verdad que a los menores adoptados bajo esta condición, se les pueda garantizar una salud física, mental y social al igual que los adoptados por parejas heterosexuales? Para que esto fuese realidad, la sociedad en su mayoría debería dar por aceptado el hecho de considerar como algo natural las relaciones homosexuales, lo que dista mucho de ser cierto, exponiendo así al niño a ser sujeto de actos discriminatorios... ¿salud social?
Estudios formales indican que el divorcio entre las parejas homosexuales es más elevado hasta en un 38% más que en las heterosexuales y además con un tiempo de duración menor a los dos años... ¿garantizar la salud mental?
Por obvio al espacio del artículo, me gustaría hacer tres preguntas reflexivas:
- ¿Por qué la prisa? cuando sólo 21 países del mundo, de 194 que conforman la comunidad internacional, han aceptado el matrimonio homosexual y sólo 15 de ellos han aceptado la adopción de menores; siendo además manifiesto el rechazo por parte de liderazgos mundiales como el de la canciller alemana, y países como España, Holanda o más cercanamente Colombia.
- ¿Es asunto de presión social por parte de las grandes mayorías de este país? cuando encuestas hablan de que el 45% podrían aceptar la relación homosexual, pero de estos el 75% no aceptan la adopción de menores.
- ¿De verdad quedan protegidos los derechos del menor, cuando éstos son expuestos sólo a las decisiones del Estado predominando la tesis de evitar la discriminación hacia las parejas homosexuales? ¿Hay estudios formales que demuestran el real beneficio de este tipo de decisiones?
Desde luego que muchos no habremos de quedarnos callados ante este aval que otorgó la Suprema Corte, lo que atenta contra el derecho natural, y desde luego contra los viejos, desgastados, pero aún vigentes conceptos de ética social que generaron la civilización occidental.
La historia, la biología, la cultura, la ética y aún la psicología nos ofrecen la razón.
