Arte textil indígena y Dior; ¿colaboración o apropiación?
- Libertad Mora Martínez
A finales del mes de mayo la casa de modas Christian Dior estuvo en México para mostrar parte de su Colección 2024. Para la ocasión, desplegó una pasarela que suscitó una serie de cuestionamientos. La empresa Christian Dior, a cargo de Maria Grazia Chiuri como directora creativa, tuvo una peculiar presencia en la India y recientemente en México. El motivo fue el acercamiento con aquellos países que, como el nuestro, destacan por una diversidad cultural que, de alguna manera, se traduce en diversidad de iconografías, técnicas y conocimientos plasmados en los textiles.
En función de ello, la colección 2024 de Dior decidió “inspirarse” en algunas creaciones de algunos grupos indígenas de México. Aquí, de entrada, valdría la pena cuestionar la mirada con la que Dior ve a este “otro”. ¿Desde el reconocimiento de que distinto es sinónimo de diverso? ¿Acaso con una vena de asistencialismo? ¿O bien con una mirada exotizante? Parece pertinente formular este último cuestionamiento si recordamos que, en el año 2019, la misma empresa Christian Dior se vio envuelta en una serie de críticas tras el lanzamiento de su perfume “Sauvage”, concepto francés cuya traducción al español es “salvaje”. Las críticas la tildaron de apropiación cultural y, sobre todo, racismo, pues el video del promocional mostraba a unos indígenas de los Estados Unidos ejecutando una danza en el desierto, práctica que, podemos concluir, la empresa Dior considera como un acto salvaje. ¡Vaya etnocentrismo!
Planteo estas interrogantes por la serie de implicaciones que podemos derivar a partir de las formas en que se generó la pasarela y la propia colección. Preliminarmente, Dior seleccionó algunos textiles mexicanos. Enseguida, se acercó a una persona o a un colectivo de las comunidades seleccionadas para generar aquello que la empresa llamaría trabajo “colaborativo”. La Secretaría de Cultura de México, a través de su titular Alejandra Frausto, hizo eco de ello al señalar: “Original sí, copia no. Colaboración sí, plagio no”. ¿En qué radica esta colaboración? Si la empresa Christian Dior se dedica a diseñar y comercializar prendas, ¿qué pasa con aquellas que son producto de un trabajo colaborativo?
Si pensamos que, en las casas de moda, una prenda o accesorio es producto de un proceso creativo que se hace entre varias personas, es decir, que pasa por varias manos (por ejemplo, sastres, diseñadores, equipo de marketing, entre muchos otros), ¿cómo es el proceso cuando se invita a “colaborar” a un artista del textil que es ajeno a la empresa de moda Christian Dior? ¿Qué pasa, por ejemplo, con los créditos autorales? Si, como en el caso comentado en este artículo, Christian Dior invita a un indígena chiapaneco, oaxaqueño o poblano para que elabore una prenda o un dechado (muestrario) con algunas iconografías representativas de su cultura y éstas después son utilizadas o forman parte de una prenda que responde a otros patrones con estilos occidentales, en ese caso, uno supondría que se reconoce dicho trabajo en “coautoría”, pues tiene o responde a dos diseños, dos ideas creativas: aquella en la cual no sólo se inspiran, sino que retoma de manera literal una creación de los artistas del textil indígenas; y la otra la propuesta de los diseñadores de Dior. Sin embargo, hasta ahora la marca señala a un solo autor: Christian Dior. Las prendas finalmente llevarán una marca, y esa dirá Christian Dior. Ojalá me equivoque y cuando estas prendas salgan al mercado, podamos ver que, si en verdad es un trabajo en “colaboración”, como lo presume la empresa y la propia Alejandra Frausto, encontremos que en cada prenda se indique esa propuesta en “coautoría”: el tejedor o grupo de tejedores de una comunidad de México, junto con Dior. Algo que, sin pretender ser pesimistas, se piensa lejano y complicado.
Tal vez me adelante, pero a pesar de la pretensión de buenas intenciones, no estamos ante un caso de “inspiración” ni frente a un caso de apropiación cultural como fusión, sino —al parecer— ante un caso de apropiación cultural indebida con lucro para una sola de las partes. Que a los supuestos “colaboradores” les pagarán algún honorario irrisorio cambiaría muy poco lo indebido en tal tipo de apropiación.
El asunto del lucro, por supuesto, no es un tema menor. Es un hecho que Dior genera un capital económico a partir de los negocios que emprende. Cabe preguntarse, puesto que supuestamente se trata de un trabajo colaborativo, si se reditúa de manera proporcional al colaborador, pues, como se sabe, nadie vive sólo del reconocimiento o de saber que una marca se inspira en la cultura a la que uno pertenece. En términos prácticos: ¿qué ganan los artistas del textil mexicanos con señalar que se inspiran en su trabajo?
Los artistas indígenas mexicanos no necesitan que un fuereño venga a México para reconocer que existen. ¿O acaso esos fuereños piensan que capital social es igual a capital económico? Si este fuera el caso, reparemos en que esto también suscita conflictos al interior de las comunidades. Los fuereños tienden a trabajar o a entrevistar a sólo unas cuantas personas de una comunidad, suscitando desavenencias locales; o también están aquellos casos de reventa entre la gente de las mismas comunidades, y cuando el comprador no señala los fines para los cuales se vende el textil, resulta que, después, esos textiles pueden estar dando la vuelta al mundo sin dar el crédito preciso ni pagar las regalías al verdadero autor. ¿Deberíamos ufanarnos de que una empresa genere este tipo de conflictos locales?
En lo inmediato hay que agregar que esta supuesta colaboración ya está generando conflictos entre algunos grupos nahuas de ciertas localidades de la Sierra Norte de Puebla, pues destaquemos que las técnicas y las iconografías no pertenecen a una sola persona, son memorias colectivas que suelen compartir varias comunidades en una región. Algo distinto son los estilos personales en los que un creador indígena puede ir reinventando ciertos elementos, no obstante, la idea colectiva de fondo se mantiene.
Por lo que parece, la supuesta “colaboración” fue más bien del tipo en que se hicieron entrevistas y algunos videos protagonizados por los tejedores. A la par, hubo algún caso de tejedores que estuvieron de par a par con los sastres de Dior, entonces, si ocurrió una vinculación estrecha, esperamos que en efecto se reconozca un trabajo en colaboración y no una forma más de burla y apropiación indebida de las creaciones artísticas indígenas. Y es que, al parecer, en casos similares la idea de “inspiración” se ha tergiversado. Se hace un uso errado del término. Algunos lo ocupan como una falsa justificación o encubrimiento ante una serie de actos que suscitan relaciones desiguales, es decir, de poder y jerárquicas.
La colección de moda referida se presentó en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, hoy museo, en la Ciudad de México. La pasarela estuvo a cargo de modelos profesionales, quienes portaron las prendas bajo un concepto que juega entre una idea occidental con ciertos elementos iconográficos de algunos pueblos indígenas de México. Esto generó diferentes opiniones entre los grupos referidos. Algunos se mostraron interesados en tal invención, en tanto que otros, entre los que se contaron los tzotziles de Zinacantán, se incomodaron y señalaron su descontento en redes sociales. Los tzotziles tildaron el acto de apropiación cultural indebida, sobre todo al distorsionar los simbolismos de una prenda ceremonial masculina. Esta prenda, bajo la propuesta de Dior, se usa de una forma y en un contexto claramente diferente al original. Sobre este último punto hay que advertir que esta práctica no es exclusiva de Dior, pues muchos diseñadores de moda mexicanos e internacionales, así como cantantes de nuestro país, hacen lo mismo.
Entonces, ¿hasta ahora ha sido suficiente la manera de actuar de Dior? Claramente quiso evitar caer en plagios como los de Carolina Herrera, Inditex, The Pottery Barn, Shein, entre otros. Y, sin embargo, pareciera que su “colaboración” no es suficientemente colaborativa. ¿En dónde queda aquel saber-hacer que precisamente reconociera la empresa en los textiles de los grupos indígenas de México? ¿Tendríamos que estar satisfechos con el solo hecho de que en las redes sociales de Dior se incluyan videos y nombres de los artistas del textil a quienes entrevistaron? ¿Ocurriría lo mismo si en lugar de grupos indígenas se tratara de creaciones elaboradas por otros grupos o sectores no indígenas del país? En el fondo pareciera que vamos caminando muy despacio en cuanto al respeto pleno por las otredades, en este caso, vía las creaciones artísticas en las iconografías y las técnicas de elaboración de los textiles.
Los textiles indígenas son creaciones artísticas, son formas de entender el presente y pasado de las culturas. Dejemos de regatear la concepción e implicación de una creación textil, allí se plasma la filosofía del mundo o ethos de un grupo; se expresan una serie de ideas y prácticas que se ven reflejadas tanto en el saber-hacer como en las iconografías y las técnicas textiles.
Opinion para Interiores:
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Es doctorante en Antropología Social por la ENAH y maestra por el CIESAS. Premio a la mejor investigación sobre grupos otopames (UNAM). Es profesora-investigadora tiempo completo en el Colegio de Etnocoreología de la Facultad de Artes (BUAP). Socia fundadora de la Asociación Civil, “Perspectivas Interdisciplinarias en Red, A.C”
