Aprender de los grupos subalternos por vía de las artes
- Libertad Mora Martínez
Cuando se habla de las expresiones artísticas de los grupos subalternos –es decir, aquellos que no son hegemónicos–, se suele pensar en expresiones que remiten al ámbito de la cultura y, en específico, de la identidad de los grupos. Esto es cierto sólo parcialmente, pues las artes dan cuenta de múltiples ámbitos de la esfera social de las otredades. De ahí que opto por también llamarles hechos artísticos en el sentido sociológico y antropológico, pues la idea de un hecho social total sugiere que una expresión tiene múltiples aristas. A partir de ello, me gustaría compartir unas breves reflexiones, producto, sobre todo, de la etnografía con algunos grupos indígenas.
Mi punto de partida es que, en primer lugar, rechazo la falsa dicotomía herencia de la modernidad, según la cual las expresiones u objetos con fines utilitarios son excluidos de la categoría de arte y sus creadores son considerados apenas artesanos y nunca artistas. Aunque sólo es un juego de palabras, la connotación es por demás racista y equívoca. Cabe precisar que, si bien la categoría de “arte” es eminentemente occidental, hay grupos que se han apropiado de tal concepto, pero ajustándolo a sus propias narrativas, algo que, por cierto, hacemos todos en nuestra vida diaria con los más diversos conceptos. En segundo lugar, descarto la mirada romántica, pues si bien con los grupos subalternos hay expresiones artísticas, también hay objetos artesanales y no todo puede ser considerado como arte. Algunos objetos son producto de una sensibilidad y creación específica que incitan a la relación estética; otros tienen cualidades que distan de la reflexión conceptual.
Decía que las expresiones artísticas de las alteridades conforman parte de las identidades tanto individuales como colectivas de los grupos, es decir, a partir de las cuales crean una serie de elementos que los definen y distinguen tanto en lo colectivo (respecto de otros grupos) como en lo individual. Aunado a ello, las artes de las alteridades son más que distintivos sociales, algo que por supuesto, no es cosa menor, pues en la diferencia radica precisamente la diversidad. Ésta es una de las cualidades de México: diverso, multicultural, plurilingüe.
Las prácticas artísticas de los subalternos son también actos de resistencia en el mundo globalizado. Es destacable que tales expresiones mantienen ciertas formas y cualidades distintivas, y a la par dialogan con los aconteceres del mundo contemporáneo. Es decir, tal resistencia no implica una forma estática y pasiva, sino que son respuestas activas y propias de cada grupo, de nueva cuenta, distintivas. En ese sentido, se puede señalar que la reinvención es una cualidad más en las prácticas subalternas; cambian las formas, mientras que las funciones, si bien se mantienen, éstas también pueden diversificarse.
Esto se puede apreciar en algunas danzas de origen precolombino que, con el paso de los años han subsistido culturalmente, es decir, perviven, pero también los participantes han incorporado otros elementos, ya sea en la ejecución, parafernalia, indumentaria, o en los roles de género o generacionales de los partícipes, es decir, de los artistas. Esta incorporación o fusión que señalo es una característica de la cotidianeidad que es transcultural, de manera que no es exclusiva de los subalternos, ya que todos somos producto del intercambio cultural. Sobre el mismo punto del arte subalterno como una forma de resistencia podríamos agregar una serie de grupos de jóvenes indígenas que han incursionado con estilos musicales como el hip hop, el ska o el rap, los cuales fusionan con su lengua materna como una forma de activismo social y político. Resultan también interesantes la plástica y el performance que en ocasiones acompañan tales actos. Véase para el caso poblano, al totonaco Juan Sant o a los hñähñu (otomíes) del grupo Mbitho.
Otra característica de las artes de algunos grupos indígenas y afromestizos es que generan mecanismos de socialización interespecífica (entre distintas especies), de manera que dicha socialización se gesta entre colectivos humanos y no humanos, o entre sujetos y objetos que devienen sujetos. Así se puede apreciar en el caso de los grafismos, las figuras, las iconografías, las máscaras, las esculturas, entre muchos otros. Aquí acoto que, en algunos de estos casos, dichos objetos o expresiones artísticas cambian su estatus ontológico del ser, por vía del acto artístico, precisamente. Al respecto, es importante señalar que esta perspectiva dista de la mirada occidental que es eminentemente antropocéntrica. A la alteridad o al “otro” no se le reconoce a partir de nuestros parámetros o categorías, se le conoce en función de las nociones propias de cada colectivo. De lo contrario podríamos cuestionarnos si, al menos desde el terreno del arte, de algo sirvieron las vanguardias artísticas tanto del siglo XX como del XXI.
A través de la creación artística, los grupos subalternos saben negociar e ir tanto del ámbito propiamente artístico a otras esferas de la vida cotidiana. Por ejemplo, algunos grupos indígenas de la Huasteca o del Totonacapan ejecutan ciertas danzas, música o plegarias cuando se sienten amenazados por problemas ambientales como ecocidios por la instalación de gasoductos o compañías mineras en sus territorios. Las artes también responden a esas presencias nefastas.
Otro caso es el del colectivo Cherani, conformado por purépechas, quienes en un contexto de extrema violencia en el estado de Michoacán, optaron por generar un espacio y obras desde las cuales se dialoga sobre la autonomía, la política y la violencia. Y no por ello el acto artístico deja de ser o pierde relevancia. Por el contrario, ésa es una cualidad que, sin duda, nos lleva a ubicarlo en el campo del arte contemporáneo. El arte es un acto ritual con eficacia precisa y, sobre todo, un punto de acción. El arte, como bien lo refiere el artista chino Ai Weiwei, es un acto eminentemente político. Y como lo he referido, en el caso de los subalternos, en el arte se disiente, se negocia, se relaciona de forma interespecie y multiespecie.
Hemos referido iconografías, textiles, danzas, músicas, plegarias como ejemplos de actos o más bien, hechos artísticos, sin embargo, si partimos de que arte es una categoría sociocultural que responde a un tiempo y un espacio preciso de un grupo, son los propios sujetos quienes determinan cuáles son las prácticas que identifican como artísticas o bien, que se relacionan con tal campo semántico. Hacer lo contrario sería universalizar el concepto, el posible camino para regresar a las falsas dicotomías. Y pese a los laberintos que también podrían sugerir los conceptos relativos, cabría la congruencia con, y el respeto pleno hacia los otros.
La intención es contextualizar a través de los ejemplos referidos, más no limitar o sugerir que sólo ésos pueden ser considerados como hechos artísticos. En ésos se plasman filosofías de vida de los colectivos y de los individuos. Es decir que, a través de dichas prácticas, se generan códigos simbólicos (corporales, visuales, sonoros, kinéticos) o categorías émicas (propias) en las que se expresan múltiples narrativas. Las prácticas artísticas son espejos a través de los cuales se conocen las lógicas culturales de los grupos.
Esa suerte de reconfiguración cultural es plausible y, sin duda, nos invita a repensar a las alteridades y, por ende, las acciones que se generan tanto desde las políticas públicas, como desde la academia. No con una mirada asistencialista, no con una mirada romántica o simplemente culturalista. Los tiempos nos obligan a replantear nuestros actos, así como los marcos teóricos en función de las realidades y complejidades. Mucho tenemos que aprender de las alteridades, sobre todo, dadas las condiciones de complejidad que permean en nuestros tiempos: postpandemia, antropoceno, xenofobias, y normalización de la violencia, entre otros.
Pieza de Colectiva Cherani en exposición en el MUAC, junio 2022. Foto de Libertad Mora

Objetos-sujetos en ritual tepehua. Foto de Libertad Mora, 2007
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Es doctorante en Antropología Social por la ENAH y maestra por el CIESAS. Premio a la mejor investigación sobre grupos otopames (UNAM). Es profesora-investigadora tiempo completo en el Colegio de Etnocoreología de la Facultad de Artes (BUAP). Socia fundadora de la Asociación Civil, “Perspectivas Interdisciplinarias en Red, A.C”
