Salma y “El Cuau” nos abanderaron en el Mundial
- David Córdova Tello
El 3 de septiembre analizamos en este espacio la posibilidad de que la presidenta Claudia Sheinbaum asistiera —o no— a la ceremonia inaugural del Mundial de Futbol 2026 en el Estadio Azteca. Retomábamos entonces las declaraciones realizadas tras la visita de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, quien le entregó el primer boleto simbólico para asistir a la ceremonia inaugural del pasado 11 de junio.
El 29 de agosto, durante su reunión con Infantino, la mandataria deslizó que probablemente no acudiría y que regalaría el boleto a una joven aficionada al balompié. Añadió que se trataba de un espectáculo seguido por millones de personas en todo el mundo y, como ahora, se declaró muy feliz por el evento, aunque sabemos que el futbol y otros deportes no le entusiasman particularmente.
Aunque no existen cifras oficiales de la FIFA, algunos medios estimaron una audiencia de 1,200 millones de personas y otros, quizá exageradamente, la elevaron hasta 1,800 millones. Para dimensionar la magnitud del evento, basta recordar que la final de Qatar 2022 entre Francia y Argentina fue seguida por alrededor de 1,500 millones de espectadores. ¿Por qué no acudir a un evento donde ella sería parte del elenco principal y reconocida por semejante audiencia?
En aquella ocasión apuntamos que “su entusiasmo no resultó elocuente ni convincente e impropio de un anuncio de esa naturaleza”. Nos preguntamos: “¿podríamos imaginar a la pequeña sentada entre la crema y nata de la política y la élite futbolística mundial, disfrutando del espectáculo? O quizá la mandarán a gayola, para que pueda moverse con mayor comodidad y gozar aún más”. Hoy sabemos que el cuestionado dirigente del futbol mundial se quedó vestido y alborotado y el asiento a su lado permaneció vacío. Tampoco supimos dónde quedó ubicada la joven afortunada que seguramente disfrutó el triunfo de México por dos goles a cero sobre Sudáfrica. El gobierno mexicano tampoco publicó una sola fotografía que permitiera identificarla.
Aunque parecía obligada su presencia para inaugurar el evento deportivo más importante del mundo después de los Juegos Olímpicos y entonar con el pueblo mexicano el himno nacional, su ausencia terminó marcando la ceremonia. El vacío protocolario fue cubierto, no por alguna figura del gobierno mexicano, sino por la actriz Salma Hayek. Imaginemos por un momento la rechifla que recibiría Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación, inaugurando el magno evento. Por el contrario, ¿quién podría abuchear a la insigne “Salmita”?
Recordábamos también que “los presidentes mexicanos que asistieron a las inauguraciones de los mundiales de 1970 y 1986 fueron abucheados, para constancia del mundo”, pero decidieron dar la cara y comportarse como jefes de Estado. Enfatizamos que “nadie podría garantizar que los aficionados en este mundial se portaran como flemáticos aficionados del tenis en Wimbledon”. Aunque la pasión de las tribunas estuvo lejos de la observada en aquellos dos mundiales, el riesgo político permanecía latente.
A hurtadillas se conoció que la noche previa la presidenta Sheinbaum asistió a una gala en el Castillo de Chapultepec, invitada por el propio Infantino. El mismo castillo que fue residencia imperial de Maximiliano I y la emperatriz Carlota entre 1864 y 1867 y que, más recientemente, Martha Sahagún convirtió en escenario penoso y recurrente de actos durante el sexenio de Vicente Fox.
Como Benito Juárez y su presidencia itinerante, la titular del Ejecutivo brincó de escenario en escenario. No acudió al Estadio Azteca, pero tampoco apareció en el Fan Fest del Zócalo, cercada por la presión de sus antiguos aliados de la CNTE y por la persistente presencia de las madres buscadoras. Optó por un entorno más controlado: el Deportivo Galeana, en la alcaldía Gustavo A. Madero, arropada por sus simpatizantes. Buscó calor humano entre los suyos y dejó a su esposo en la soledad de Palacio Nacional, sin posibilidad siquiera de asomarse al balcón.
Apuntamos que “la confesión presidencial no fue espontánea, sino un intento de deslindarse anticipadamente de su futura ausencia: no me gusta el juego de pelota colonial”. Añadimos que estaba claro que “no estaba dispuesta a afrontar un probable repudio transmitido en vivo y en directo al mundo”. Adelantábamos que “aquí no servirán los trucos de siempre: ni subir el volumen para tapar los gritos, ni distraer con planos a los huaraches de Jorge Campos, ‘El Inmortal’. Esta vez habrá miles de celulares transmitiendo en tiempo real”.
Algunas crónicas señalaron que, en cierto momento del encuentro, se escucharon gritos tibios de “¡Fuera Morena!”, relacionados más con el ánimo social imperante que con el desempeño de una selección mexicana que no aceleraba el paso.
También dijimos que “el escenario estaría plagado de neoliberales y paisanos que cruzaron el río con dólares en los bolsillos, que no se ubican en el segmento del 70 por ciento que evalúa positivamente la gestión de la presidenta Sheinbaum”. Ahora sabemos que su nivel de aprobación ha descendido y ronda el 60 por ciento.
Anticipábamos además que “siempre cabe la posibilidad de que se cuele algún franciscano irredento como Fernández Noroña”. En esta ocasión no fue él, sino su camarada de partido “El Cuau”, quien apareció enfundado en la verde y resguardado por una cuadrilla de la Guardia Nacional que lo blindaba de posibles agresiones, pero no de los insultos. Así la representación futbolera de Morena.
Consideramos que “por necia tradición mexicana, la rechifla a la mandataria era un escenario inevitable, más allá de cualquier evaluación demoscópica”. Y añadíamos: “cabe entonces preguntarse: ¿dónde quedará esa ‘aplastante mayoría’ dispuesta a aplaudirla y marcar distancia de los expresidentes priistas Luis Echeverría y Miguel de la Madrid? ¿Se imaginan un aplauso tronante el 11 de junio?”.
También advertíamos sobre distintos brotes de inconformidad que comenzaban a manifestarse en el país. “No necesariamente relacionados entre sí, pero que dejan ver un trasfondo preocupante: los desacuerdos están tomando rumbos que amenazan con salirse de los márgenes institucionales”. La CNTE, las madres buscadoras y otros grupos sociales intentaron aprovechar la atención internacional generada por el Mundial para visibilizar agravios e inconformidades acumuladas.
Mencionamos igualmente la visita a México de Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, para reunirse con Sheinbaum, así como las declaraciones de Donald Trump, quien aseguró que la presidenta rechazó apoyo militar estadounidense para combatir a los narcotraficantes “porque tiene miedo”.
Como puede apreciarse, varios de los escenarios planteados terminaron por confirmarse. Sin embargo, lo que entonces parecía una discusión centrada en la inauguración del Mundial quedó rápidamente rebasada por acontecimientos de mayor calado. En estos meses el contexto de la relación bilateral entre México y Estados Unidos cambió de manera radical con el caso de “El Rocha” y sus amigos, una crisis que continúa erosionando al gobierno de la República, tensionando la unidad nacional y proyectando nuevos nubarrones hacia el futuro.
Posdata. En el plano político, este Mundial tripartita ha resultado extraño y hasta bizarro. En lugar de mostrar un bloque norteamericano cohesionado, ha exhibido las profundas disonancias que atraviesan a cada uno de sus integrantes. Más que una orquesta interpretando una misma partitura, parece un contrapunto jazzístico en el que cada músico improvisa por su cuenta y sigue su propio ritmo. En lo futbolístico, en cambio, la primera semana ha dejado momentos memorables y varias sorpresas protagonizadas por países considerados “pequeños”, capaces de desafiar a los “gigantes”. De eso se trata el Mundial y, en buena medida, también la grandeza del futbol.
Opinion para Interiores:
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Licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM con maestría en Administración para la Seguridad y Defensa Nacional. Analista y consultor en seguridad, inteligencia y análisis político, especialista en análisis estratégico. Ha ocupado diversos cargos en instituciones como el CISEN, la Secretaría de Seguridad Pública y el INE.
