Avida Dollars: el genio que vendió al surrealismo
- Nelson Loranca y Campos
El 27 de noviembre de 1977, Joaquín Soler Serrano, en su programa A fondo, entrevistó a Salvador Dalí, ya consagrado como superestrella del arte. A la pregunta:
—¿Sigue usted utilizando azúcar de dátil?
El maestro contestó:
"No, eso fue al principio. En aquellos tiempos era un apasionado de las moscas… Las moscas limpias de Port Lligat, que se pasean por detrás de las hojas de los olivos, van vestidas como por Balenciaga, son limpísimas, y esas son maravillosas. Y cuando pintaba me ponía dátil en los bigotes y un poco de miel en la comisura de los labios. Entonces esperaba el momento en que la mosca se me iba a meter en la boca, y cuando estaba muy dentro cerraba la boca, y la mosca hacía brrrrrr, y la soltaba, y después otra mosca. Esa era una cosa sibarítica de la pintura, y lo hacía siempre cuando toda Francia va en bicicleta. ¡El Tour de France!"
La referencia de Dalí a las moscas vestidas por Balenciaga es una metáfora surrealista que combina lo cotidiano con lo sublime, típica de su estilo provocador y poético.
Casi cincuenta años antes, en París, el 6 de junio de 1929, se proyectó en el cine Studio des Ursulines Un perro andaluz (Un chien andalou, en su título original en francés), cortometraje realizado por dos jóvenes por entonces desconocidos: Salvador Dalí y Luis Buñuel. La cinta, en la que curiosamente no aparecen ni andaluces ni perros, fue escrita en menos de una semana con una única premisa: no aceptar imagen alguna que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural.

Imagen creada con Midjourney, junio 2025
El filme escandalizó a la sociedad parisina, pero sedujo a los surrealistas, corriente artística cuyo principal impulsor ideológico fue André Breton. Este escritor francés, en su ensayo “Souvenir du Mexique” (1939), describe a México como un lugar donde lo real y lo fantástico coexisten. De allí pudo haber surgido la célebre, aunque apócrifa, frase: "México es el país más surrealista del mundo", atribuida erróneamente tanto a él como al propio Dalí.
El surrealismo propugnaba desafiar la tradición artística, la moral religiosa y el orden social. Rechazaba el arte como mera estética o mercancía, y buscaba inspiración en lo marginal, lo irracional y lo subconsciente. Se nutrió de las teorías de Sigmund Freud y del dadaísmo, y más adelante influiría poderosamente en el pop art y el arte conceptual.
El verano siguiente al estreno de Un perro andaluz, el surrealista belga René Magritte y su esposa Georgette, el poeta francés Paul Éluard y su esposa Gala —nacida Elena Ivánovna Diákonova— viajaron a Cadaqués para invitar a Buñuel y a Dalí a unirse formalmente al movimiento surrealista. Gala, años después, afirmó: "No soy solo la esposa de Dalí; soy su creación y su creadora".
Ese verano cambió la vida de Dalí: conoció a Gala, quien poco después abandonaría a Éluard para convertirse en su musa definitiva. Dalí también se integró entonces al círculo de Breton.
Dos décadas atrás, ese mismo pueblo pesquero de Cadaqués había sido testigo del amorío entre Dalí y el poeta español Federico García Lorca, quien sería ejecutado por los franquistas una noche del 16 de agosto de 1936. The Clash le rendiría tributo a Lorca con su canción "Spanish Bombs" en 1979.
En 1934, frente a la amenaza del fascismo, el movimiento surrealista se alineó con el comunismo. Dalí, sin embargo, se negó a seguir su ejemplo. Representó a Lenin en su pintura Alucinación: seis imágenes de Lenin sobre un piano, pero la polémica estalló con otra obra: El enigma de Guillermo Tell. Los surrealistas, con Breton a la cabeza, no soportaron la provocación, y Felipe Jacinto Dalí fue expulsado del movimiento.
Por traicionar los principios anticapitalistas del grupo y convertir la corriente artística en un producto comercial, Bretón acuñó despectivamente el apodo "Avida Dollars", un anagrama de "Salvador Dalí".
Dalí respondió con provocación: "El surrealismo soy yo", dejando claro que su obra ya superaba al movimiento mismo.
Con el tiempo, el propio Dalí agradecería la expulsión. Nunca negó su afición por el dinero. En una entrevista con Playboy en 1964, declaró sin rodeos: "Lo único que me interesa es el dinero. El resto es una tontería".
La genialidad de Dalí era tal que no solo desafió las normas estéticas del arte, sino incluso las del propio surrealismo, que priorizaba la expresión artística por encima del comercio.
Genio, pintor, paranoico, grabador, exhibicionista, guionista, humanista, comerciante, perverso, mítico, escritor, polifórmico, anarquista: Dalí rompió con todo.
El propio Avida Dollars dijo: "Si el mundo tuviera treinta Dalís, sería prácticamente inhabitable".
Dalí no fue solo un genio de cuantas artes tocó su talento, sino un alquimista de la provocación. En un mundo cada vez más silenciado, su legado nos recuerda que la locura, lo absurdo y lo onírico no son defectos de la razón, sino combustibles del alma. Recordar a Dalí es comprender que la verdadera transgresión no precisa permiso.

Imagen creada con Midjourney, junio 2025
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Licenciado en Derecho por la IBERO Puebla, maestro en Derecho (USAM) y doctor en Derecho en Ciencias Penales y Juicios Orales (USA). Magistrado Federal por el 28 Circuito. Es académico y columnista.
