Hasta pronto...

  • Javier Cobos Fernández
Hoy, más de cuatro años después y tras un centenar de columnas publicadas, cierro este ciclo

El 28 de marzo de 2022 apareció publicada mi primera columna en e-consulta. Se tituló ¿Basado en la convicción o en la ley? No imaginaba entonces que aquella invitación de Rodolfo Ruiz se convertiría en uno de los espacios intelectuales más enriquecedores y libres de mi vida profesional.

Hoy, más de cuatro años después y tras más de un centenar de columnas publicadas, cierro voluntariamente este ciclo con una mezcla de gratitud, orgullo y renovada convicción.

La gratitud es hacia un medio de comunicación que entendió que la pluralidad no consiste en publicar únicamente las opiniones con las que coincide, sino precisamente aquellas que enriquecen el debate público mediante argumentos, evidencia y libertad.

Vivimos tiempos en los que el periodismo independiente enfrenta desafíos que hace apenas unos años parecían impensables. La presión política, la descalificación cotidiana, la polarización y los intentos por convertir la crítica en un acto de deslealtad han reducido los espacios donde todavía es posible disentir sin pedir permiso.

Precisamente por eso, e-consulta merece un reconocimiento especial.

Durante décadas construyó una reputación sustentada en algo que hoy parece extraordinario precisamente porque debería ser normal: hacer periodismo. Investigar. Preguntar. Contrastar. Publicar. Abrir espacios para opiniones diversas. Permitir que las ideas circularan con libertad aun cuando incomodaran al poder.

Esa independencia editorial explica buena parte del prestigio que el medio ha construido entre sus lectores.

Quiero expresar un agradecimiento muy particular a Rodolfo Ruiz.

Gracias por la confianza depositada en mí desde marzo de 2022. Gracias por abrirme un espacio que nunca estuvo condicionado por consignas, líneas editoriales ocultas o intereses ajenos al ejercicio periodístico. Gracias por demostrar, todos estos años, que el periodismo puede mantenerse firme incluso cuando hacerlo implica asumir costos personales, profesionales y empresariales.

He admirado durante muchos años tu trabajo como periodista de investigación. Pero durante este tiempo aprendí también a admirar al director editorial que entendió que un medio fuerte no se construye con voces uniformes, sino con libertad para pensar distinto.

Es una lección que vale mucho más que cualquier columna publicada.

A Flora Molina, gracias por tu siempre genuina apertura a contribuir con hacer siempre un mejor texto, una mejor comunicación, una mayor claridad, y una nueva amistad, gracias Flo.

A lo largo de estos cuatro años procuré que cada texto respondiera a una idea muy sencilla: explicar problemas complejos con palabras sencillas.

Intenté traducir la política monetaria de Banco de México para quienes nunca habían leído un comunicado del banco central; explicar por qué una calificación crediticia podía modificar el costo de vida de millones de personas; mostrar que detrás de conceptos aparentemente lejanos —déficit público, deuda, inflación, inversión extranjera, formación bruta de capital fijo, productividad, Estado de derecho o regulación económica— existen decisiones que terminan afectando el bolsillo de cada familia mexicana.

Escribí sobre el presupuesto público, la reforma eléctrica, la reforma judicial, el funcionamiento de las calificadoras internacionales, las finanzas públicas, el comercio internacional, la renegociación del T-MEC, las remesas, el tipo de cambio, la inflación, el crecimiento económico y la política monetaria. También escribí sobre instituciones, división de poderes, derechos humanos y democracia.

En todos los casos procuré mantener la misma disciplina: partir de los datos, acudir a las fuentes originales, desconfiar de las explicaciones fáciles y respetar la inteligencia del lector.

Nunca pretendí convencer a nadie de una postura política. Siempre intenté convencer de algo mucho más importante: que los hechos importan.

Porque una democracia sana necesita ciudadanos capaces de distinguir entre evidencia y propaganda, entre correlación y causalidad, entre opinión e información.

Ese fue siempre el propósito de estas columnas.

Hoy decido cerrar esta etapa como una expresión de solidaridad con quien hizo posible este espacio desde el principio.

La salida de Rodolfo Ruiz representa mucho más que un cambio administrativo dentro de un medio de comunicación. Simboliza uno de los muchos costos que puede llegar a tener el ejercicio del periodismo crítico en México.

No corresponde a esta columna juzgar personas o instituciones. Sí corresponde dejar constancia de una convicción personal: ninguna democracia se fortalece debilitando a sus periodistas; ninguna sociedad gana cuando la crítica se vuelve motivo de persecución; ningún gobierno debería sentirse más cómodo con el silencio que con las preguntas.

Los periodistas independientes incomodan. Los articulistas críticos también.

Y eso, lejos de ser un problema, constituye precisamente una de las funciones esenciales de una sociedad democrática.

Me voy profundamente agradecido.

Agradecido con e-consulta por abrirme sus páginas durante estos años. Agradecido con sus lectores, que debatieron, cuestionaron, corrigieron y enriquecieron muchas de estas reflexiones.

Y profundamente agradecido con Rodolfo Ruiz por su amistad, por su confianza y por recordarnos, todos estos años, que el periodismo únicamente conserva su dignidad cuando mantiene intacta su independencia.

Las columnas terminan.
Las convicciones no.
Muchas gracias.
Hasta pronto.

 

Opinion para Interiores: 

Anteriores

Javier Cobos Fernández

Economista por la UDLAP, M.A.P. por la Universidad de Columbia de Nueva York, con estudios de Maestría en Derecho en el ITAM, Máster en Private Equity, y doctorante en Derecho por el Centro de Estudios Carbonell. Exdirector Asociado en S&P, y exconsultor en IADB.