Democracia de dignidad: Zapatistas

  • Joshue Uriel Figueroa
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“Lo que yo veo es que nosotros  no sólo decidimos las cosas, sino que las hacemos”

Capitán Primero Insurgente  de Infantería LUCIO.

En el año de 1983, un diecisiete  de noviembre  en la selva lacandona, estado de Chiapas se agruparon indígenas y mestizos para conformar un proyecto que sería encabezado con el nombre Ejercito Zapatista de Liberación Nacional ( EZLN), el cual a través de un comité clandestino revolucionario indígena  se dio la labor durante diez años de construir un movimiento y un ejército basado en la reincorporación de una vida digna de las comunidades indígenas, que durante mucho tiempo han sido reprimidas.

Ante la imposición de una política neoliberal durante el gobierno de Salinas de Gortari (1988-1944) y la supuesta carrera de México como país que ingresaba al “primer mundo”. El ejercito zapatista de liberación nacional se levanto en armas para hacer visible una realidad que no estaba siendo mediática, sino que se encontraba oculta en los rincones del país con más pobreza y falta de oportunidades, pero sobre todo ausente de los procesos políticos. El primero de enero de 1994 el EZLN toma siete cabeceras municipales de Chiapas: San Cristóbal de las Casas, las Margaritas, Ocosingo, Oxchuc, Huixtán, Chana y Altamirano, declarando la guerra  al ejército mexicano y exigiendo trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.

Después de un largo enfrentamiento con el ejército mexicano que duró hasta los acuerdos de San Andrés Larraiza en 1996 y  donde  el EZLN por el apoyo brindado de la sociedad civil con una marcha de más de 70 mil personas en la capital del país, tuvo que decidir entre mantener  una relación bélica o establecer una nueva lógica: “escuchar a la sociedad civil y enfrentar un mundo desconocido” (Muñoz Ramírez, 2003:93)

Para la Segunda Declaración de la Selva Lacandona: el 10 de Junio de 1994 el EZLN cambia de estrategia e  invita a buscar una democracia de forma pacífica a través de la Convención Nacional Democrática (CND) realizando un encuentro al cual nombraron: “Aguascalientes”. En el asistieron más de siete mil mexicanos. Sin embargo antes de la convención,  el primero de diciembre de 1994, día en que Ernesto Zedillo Ponce de León toma posesión como Presidente de la República, el EZLN lo recibe con un comunicado llamado “bienvenido a la pesadilla”, donde se expone su identidad y su rechazo a la política convencional;

“Ustedes deben desaparecer, no solo por representar una aberración histórica, una negación humana y una crueldad cínica; deben desaparecer también porque representan un insulto a la inteligencia. Ustedes nos hicieron posibles, nos hicieron crecer. Somos su otro, su contrario siamés. Para desaparecernos, deben desaparecer ustedes”

Claramente éste comunicado nos expresa el antagonismo existente entre la democracia procedimental donde impera una hegemonía mercantil del ciudadano sin libertad, sin participación, sin representación y sin una vida digna. Y por otra parte la democracia de los zapatistas quienes se vieron en la necesidad de construir una forma basada en el principio “mandar obedeciendo” redefiniendo  la política convencional por una donde la participación y la representación de los integrantes de cada comunidad zapatista puedan decidir y ejecutar sus planes de acción.

La tarea de construir requería en un principio la organización de tres procesos claves que asumió el Comité Revolucionario Indígena (CRI). El primero se trata de la formación política de los integrantes de cada Comunidad Indígena Zapatista (CIZ) como personas capaces de autodeterminarse  y ante la falta de una vida digna se organizan (Espinoza, 2008) de ahí que a pesar de las diferencias culturales de distintas visiones del mundo; las CIZ ayudan a integrar y complementar a tzelzales, tzoltziles, tujulabalos, choles, zoques y mames tejiendo un plurietnicismo que fomenta una metaidentidad. El segundo proceso tiene que ver con la arquitectura de una nueva política y una nueva ciudadanía conformando las CIZ como una esfera pública, donde no hay exclusión, es decir, “un mundo donde caben muchos mundos” que a su vez se agrupan en Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ), clara muestra de que ellos no pretenden tomar el poder, más bien construyen uno nuevo al mismo tiempo que generan una nueva forma de entender la ciudadanía.

Una vez que se tienen los procesos de autogestión y autogobierno, para la subsistencia de las CIZ, a través de consejos autónomos elegidos por votación en asambleas viene el tercer proceso; Manuel Ignacio Martínez Espinoza lo llama  institucionalización del movimiento zapatista con la congregación de los MAREZ en Juntas de Buen Gobierno (JBG) con la facultad de tomar decisiones internas sobre los MAREZ desde una visión general por cada región. También planean respecto actividades sistémicas para las subsistencia de las CIZ las que al mismo tiempo eligen quienes ocuparan las comisiones, coordinaciones y operativas de las Juntas de Buen Gobierno. A la par de las JBG se encuentran los Caracoles, que cumplen una función  parecida a las juntas pero hacia el exterior, de tal manera que evite el paternalismo de los apoyos de la sociedad civil.

Es así como los zapatistas en su democracia desarrollan un control basado en la  revocación de mandato, la elección por asamblea, la rotación de autoridades cada dos años y la no remuneración del cargo, lo que podríamos llamar democracia radical y una ciudadanía con personas capaces de autogobernarse, generadoras de espacios públicos, que fortalecen su poder social reduciendo las posibles arbitrariedades del poder político ejerciendo sus derecho políticos, civiles y sociales.

Como señala Guiomar Rovira Sancho “el zapatismo se convirtió en un contestación al supuesto fin de la historia”. Aportando una forma alternativa de entender la democracia y la ciudadanía basada en la dignidad, transmitiendo constantemente el efecto espejo como bien señala el subcomandante Marcos cuando relata: “Se vieron, quiero decir los compañeros se vieron así mismos, O sea que aparte de ser un tapiz, era un espejo no entendieron nada, pero yo entendí que había más gente, mucha más, que tal vez viera y se vería”.

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Como diría Don durito de Lacandona “El peligro de las diferentes, es que luego les da mucho en parecerse entre sí.”

Grupos étnico que existen y habitan en el Estado de Chiapas

Indica la convivencia de  la diversidad de culturas.

Son cinco regiones: la realidad, Morelia, La garrocha, Roberto Barrios y Oventik.

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Joshue Uriel Figueroa

Politólogo y abogado con estudios de Maestría en Políticas Públicas y Género (FLACSO). Fue Consejero Universitario en la BUAP. Activista por los derechos humanos. Se ha desempeñado como asesor en el INE y en la Cámara de Diputados. Desde el 2019 es titular del Programa Becas Benito Juárez en Puebla.