Agustín de Iturbide: El libertador de México

  • Horacio Cano Vargas


“La historia es la maestra de la vida y testigo de los tiempos”

Marco Tulio Cicerón

 

Agustín Cosme Damián de Iturbide Arámburu, El General del ejército trigarante, Agustín I, yo prefiero reconocerlo como: el libertador de México. Hablo del hombre que estuvo en una estrofa del actual Himno Nacional y luego fue borrado (a mediados del Siglo Pasado). El mismo hombre que sin derramamiento de sangre y con una gran audacia política-militar logró la independencia de la América Septentrional el 27 de septiembre de 1821, en aquel entonces el territorio más importante de toda América (incluido EE.UU).

 

A Don Agustín, nacido en Valladolid (hoy Morelia, Michoacán), se le acusa de querer nombrarse emperador y así perpetuarse en el poder. Para poder juzgar en una justa dimensión este hecho hay que mencionar que a principios del S. XIX, tener a la monarquía como forma de gobierno resultaba de lo más común, precisamente era la forma de gobierno del Reino de España (sigue siendo así) del cual formaba parte la Nueva España, lo natural era que se siguiera con esa forma de gobierno. Hay que advertir cómo la historia oficial no juzga de la misma forma a Don Benito Juárez, quien permaneció en el poder durante más de 10 años, siendo la muerte la que no le permitió continuar en la presidencia después de su última reelección.

Se ha intentado quitar méritos a Don Agustín de Iturbide, otorgándole mayor relevancia al “Grito de Dolores”. La Historia Oficial nos dicta que la madrugada del 16 de septiembre de 1810 dio inicio la Independencia de México. Hay que decir que si bien el movimiento encabezado por el Cura Hidalgo aportó a la causa independentista que culminó en 1821, no es preciso decir que el movimiento que costó tantas vidas en 1810 sea el mismo que el encabezado por Don Agustín de Iturbide, quien en su manifiesto hecho desde Liorna, señala que nunca estuvo de acuerdo con tal levantamiento pues no creía que el derramamiento de sangre fuera una opción para conseguir el objetivo que se proponía Hidalgo y compañía.

Fue Iturbide quien un 24 de febrero de 1821 (sí, el día que festejamos a nuestro lábaro patrio) indicó cuales iban a ser los colores del ejercito trigarante, verde, blanco y rojo; estos colores fueron adoptados en la bandera de México por el mismo Iturbide el 2 de noviembre del mismo año y mantenidos a la caída del imperio. Es decir a Iturbide le debemos que los colores de nuestra bandera sean los que hoy son.

Debemos de dejar atrás esa tendencia maniquea en nuestra historia, los “buenos” contra los “malos”, españoles contra los mexicas, liberales contra conservadores, etc. Nuestra historia no puede ser vista como un cuento donde existen “héroes de bronce”, se tienen que considerar a los personajes de nuestra historia, como lo que son: personas. Reconocer nuestro pasado, sin prejuicios y reconciliarse con él, sin duda nos va a dar una noción de hacia donde tenemos que ir. Reconocer a nuestro libertador como lo hacen muchos países, sería sin duda un paso a una verdadera reconciliación con nuestro pasado.

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Horacio Cano Vargas

Licenciado en Derecho por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, cuenta con estudios de Maestría en Derecho Constitucional y Amparo por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Se ha desempeñado en el campo profesional como abogado postulante, docente, funcionario público en el Municipio de Puebla y Director del Comité Pro-Construcción del Santuario Diocesano Guadalupano de la Arquidiócesis de Puebla.