Rechazados
- Juan Díaz Carranza
Todos los años, en esta época, jóvenes en edad de cursar la educación media superior se quedan fuera de la cobertura que ofrecen las universidades e instituciones públicas. ¿La razón? No existe una política de Estado que visualice a la educación como la verdadera palanca de desarrollo nacional, dinamitando las posibilidades de salir del marasmo en el que nos hallamos.
CONSIDERACIONES. Uno de los principales logros del constituyente de 1917 fue el concebir a la educación como un derecho humano (Art.3º const.), como un instrumento en pro de la laicidad; como una convicción del Estado mexicano que lucha contra la ignorancia y sus efectos y; el componente que permita la comprensión de los problemas nacionales. Sin embrago, en un país como el nuestro, con el sello de la desigualdad social que nos ha perseguido históricamente, la educación debe concebirse como un aspecto transversal de las políticas de gobierno asumiendo el desafío en el deterioro de la calidad de vida de nuestra población: desde la alimentación, la salud, la vivienda, hasta los efectos del desempleo que han estimulado el fenómeno de la deserción escolar. En un contexto tan complejo, los grandes reformadores educativos como José Vasconcelos y Jaime Torres Bodet se concentraron en impulsar proyectos que resolvieran los factores externos a las escuelas bajo un enfoque de movilidad y cohesión sociales, mismos que permitieran impulsar el desarrollo de México. A pesar de sus valiosas aportaciones, la política educativa con el devenir del tiempo ha quedado marcada por la mezquindad y el abandono de las responsabilidades centrales de los gobiernos, situación que explica el rezago y el abandono escolar que hoy definen la trayectoria educativa de nuestra población. Las estadísticas son alarmantes, actualmente en promedio, de cada cien niños que ingresan a educación primaria solamente la mitad termina la educación media superior, y 3 de cada 10 pueden acceder a la educación superior (Reporte ANUIES, 2012). Estos datos revelan el origen del problema educativo, agravado de manera exponencial en los jóvenes en edad de cursar los estudios de educación superior que no pueden recibirla por el menosprecio a las trascendentes aportaciones de profesionistas, especialistas y expertos en diversos ámbitos de la actividad social y productiva de nuestro país a lo largo de los años.
Algunas voces críticas le encuentran explicación en el modelo neoliberal que las últimos cinco administraciones federales han adoptado, encaminadas al doblegamiento de las masas para gobernar con mayor margen de operación e instrumentar las recetas encargadas desde afuera. Lo que nos permite entender la visión empresarial impuesta por este modelo económico que busca hacer de la educación pública un sistema de mercado que, permita influir en los indicadores de evaluación para ingresar a las universidades públicas sujetas a las necesidades de las grandes empresas trasnacionales. Esta manipulación provoca que las instituciones públicas de educación superior no formen los profesionistas, investigadores y científicos que el país necesita, sino que se reduzcan a capacitar empleados para el trabajo técnico de esas empresas. Para nadie puede resultar una sorpresa reconocer que en esto también somos una mala copia de los norteamericanos, este criterio importado de hacer de las universidades públicas unos Walmarts educacionales (Jornada 104109) aclara la idea gubernamental de que las instituciones públicas sean vistas como centros de capacitación para las empresas: con maestros obedientes, estudiantes como productos y, el presupuesto escolar como fuente de contratos que hacen de la educación un negocio muy redituable a los beneficiarios de este modelo económico voraz. De ahí que el criterio selectivo de un examen de admisión, que excluye y, hace que sólo los “mejores” sean merecedores de recibir ecuación superior termine por darle la espalda a una de las expectativas más importantes del ciudadano contemporáneo: acceder y concluir sus estudios de educación superior.
EN LO LOCAL. No podemos dejar de subrayar que la educación superior en México avanza a ritmos diferenciados. En Oaxaca la universidad pública no sólo se encuentra acorralada por sus consuetudinarios problemas políticos, sino también por la falta de compromiso de los gobiernos federal y estatal, particularmente éste último que apenas asigna un raquítico presupuesto cercano al 12%. Para ilustrar mejor el contraste y la situación alarmante en la que se encuentra nuestra universidad podemos comparar los casi 600 mdp que le fueron asignados a la UABJO para este año, en contraste con los más de 4.5 mmdp que recibe la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), tan sólo el 14% de lo que a la institución poblana le es asignado. Estas cifras explican en gran parte la imposibilidad que tiene nuestra universidad de aumentar su matrícula y que apenas 3 mil 730 hayan sido aceptados de los 16 mil que aplicaron examen de admisión. Lo anterior, sólo muestra que no debemos descalificar a nuestra universidad sin comprender que ella representa el crisol de nuestra entidad, un entramado complejo y singular que desnuda nuestros problemas y limitaciones como sociedad, pero también la imposibilidad que experimentan muchos jóvenes de alcanzar un mejor destino.
Los que hemos tenido la oportunidad de formarnos bajo estos dos perspectivas educativas (pública y privada), valoramos las valiosas aportaciones de las privadas sin demérito alguno, pero vislumbramos la enorme importancia que tienen las instituciones públicas en nuestra sociedad como el simiente del desarrollo nacional. En la Universidad pública fomentan una mejor convivencia social y promueven los valores laicos que permiten superar prejuicios y adoptar actitudes de tolerancia, solidaridad y compromiso social.
Un problema estructural no se resuelve con un “ambicioso” plan de becas como lo plantea la Secretaría de Educación Pública ni con más demagogia, es imprescindible reivindicar el derecho a la educación como vía primordial para el acceso al conocimiento y para la superación humana.
Twitter: @juandiazcarr
Abogado, economista y periodista.
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