Venezuela y la Asamblea Constituyente Popular
- Raymundo Alfaro Pérez
El acto democrático de las elecciones en el país hermano llevadas a cabo el domingo treinta de julio, es un suceso que debe, de entrada, respetarse, y dejar que sean los venezolanos los que decidan su rumbo en la reconstrucción del Estado y la Revolución Bolivariana iniciada por un pueblo que ha hecho valer su derecho soberano y constitucional para hacer de la participación política el medio por el cual se deben fundar las estructuras de las Instituciones de cualquier Estado de Derecho.
La presión ejercida por la oposición derechista, resultó un gran fracaso, el uso de la violencia y el terrorismo en contra del pueblo fue creando una gran conciencia del pueblo que lo pudo superar, mediante la organización y la participación, y que de ninguna manera se atemorizó para acudir de manera masiva, a las urnas para derrotar a los que intentaron incitar desde la intimidación local e internacional al pueblo. Quienes le apostaron al golpe de estado en Venezuela y al gobierno que encabeza Nicolás Maduro, se toparon con un pueblo que mediante la formación y la politización, rechaza toda injerencia e intromisión en los asuntos de la patria de Bolívar.
Y precisamente el voto masivo de los venezolanos ha representado un voto antiimperialista, es un voto por la “paz”, el orden y respeto irrestricto a su derecho a la libre autoderminación para guiar su rumbo como país soberano. Es un ejemplo para el mundo, para la región latinoamericana de que las Relaciones Internacionales entre las naciones deben darse en función de la observancia de los principios y normas del Derecho Internacional. Los comicios para la Constituyente, el presidente Maduro, la Revolución Bolivariana y el poder popular se levantan victoriosos ante las amenazas de Trump y del Imperio, si creía Estados Unidos que doblaría a Venezuela se equivocó, Venezuela es una nación con gobierno y poder social, dispuesta a defender los logros de su Revolución con los recursos que le otorgan su Constitución.
Tristemente el gobierno de Peña Nieto a través de su indignante Canciller Luis Videgaray, se han sumado a los gobierno lacayos que dócilmente han seguido la línea imperialista para fustigar al gobierno del presidente Maduro, y tomar en consecuencia posiciones en contra de la República Bolivariana, cuando en nuestro país se tienen serios y graves problemas que nos muestra a un gobierno Peñista maltrecho que a pocos meses del final de su sexenio no resolvió el problema de la violencia e inseguridad, que se ha extendido por todo el territorio nacional. Patria donde duelen los asesinatos en contra de periodistas y mujeres, donde lastima la realidad de privatización de la condición humana, para someterse al dios todopoderoso “dinero”, que todo lo corrompe. Vivimos para comprar todo, pagar por todo, hasta por la libertad y nuestra seguridad. Hemos sufrido la embestida de los gobiernos entreguistas y de las empresas rapaces que solo les interesa su capital financiero. Habitamos hoy en una país donde también la democracia está maltrecha y nos toca a nosotros los ciudadanos reconstruirla.
Así que cuando nos enteramos que el Gobierno de México declara mediante la Secretaria de Relaciones Exteriores que “no reconoce los resultados de la elección de los integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente, realizada en la República Bolivariana de Venezuela”. No queda más que expresar: hasta dónde llega el cinismo de estos funestos gobernantes. Y vale la pena recordar que en la primera parte de la Doctrina Estrada, por cierto de creación y aportación mexicana, tiene como fundamento el principio de la libre determinación, es decir, el derecho que tienen los pueblos para “aceptar, mantener o sustituir a sus gobiernos o autoridades”, derecho que no depende de que uno o más gobiernos lo reconozcan; Incluso, la propia Doctrina determina, que nuestro país no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos, porque considera que ésta es una práctica denigrante, ya que se hiere la soberanía de otras naciones. Y cómo no referirse a la cita del presidente Benito Juárez, aquella que definiera su posición respecto a las políticas intervencionistas: “Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Si tan solo tuviéramos gobernantes más éticos, que conocieran la historia de los pueblos y el nuestro propio, no cabe duda que seriamos representados más dignamente en la esfera local y global, sin embargo esto no es así, y no queda más que condenar el denigrante desempeño de un gobierno que sucumbe ante la llegada de su extinción sexenal, el cual pasará a la historia como uno de los más aborrecibles por el pueblo mexicano.
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