La herencia maldita
- Rodolfo Herrera Charolet
México sigue pagando caro uno de los sexenios más nefastos de su historia reciente. El gobierno de Felipe Calderón Hinojosa dejó una estela de corrupción, muerte y saqueo que aún duele. Los tribunales de Estados Unidos han condenado la red de corrupción encabezada por Genaro García Luna. Las sentencias ya superan los 3,067 millones de dólares que México busca recuperar.
La última resolución en Miami obliga a la familia Weinberg y sus empresas a pagar 578.5 millones de dólares por contratos ilícitos durante la llamada “guerra contra el narco”. A esto se suman más de 2,400 millones de dólares por otros juicios contra García Luna y su esposa. El exsecretario de Seguridad Pública de Calderón fue condenado a 38 años de prisión en Estados Unidos por narcotráfico y delincuencia organizada.
Durante el sexenio del usurpador se entregaron contratos millonarios sin licitación y con sobreprecios escandalosos. La Policía Federal y el CISEN se convirtieron en fuente de enriquecimiento ilícito para funcionarios y empresarios cercanos al poder. Mientras Calderón presumía resultados en televisión, el país se hundía en un mar de sangre.
Los homicidios se dispararon brutalmente. Se pasó de poco más de 10 mil muertes violentas al año a más de 20 mil. El saldo final supera los 120 mil muertos y decenas de miles de desaparecidos. Regiones enteras cayeron bajo control del crimen organizado al mismo tiempo que el tejido social se destrozaba.
Morena ahora paga los platos rotos, tras recibir como basurero conducido por un operador ciego, el reciclado de políticos corruptos del viejo régimen. Muchos de esos personajes que formaron parte del PRIAN o guardaron silencio durante el desastre ahora buscan colarse en el gobierno de la transformación. Llegan con la cara lavada, exigiendo puestos y prebendas como si no hubieran dejado al país en ruinas.
La hipocresía es grande. Los mismos que provocaron la peor crisis de seguridad de las últimas décadas ahora critican desde la oposición y exigen resultados rápidos. Ellos envenenaron el terreno y hoy se hacen los ofendidos. Felipe Calderón, Genaro García Luna y su grupo dejaron un rastro de sangre y millones desviados que Morena tiene que limpiar con recursos públicos.
Pero la responsabilidad no es solo del PAN. El PRI dejó las bases podridas durante más de setenta años de gobierno. El viejo partido tricolor gobernó como si México fuera su hacienda personal. Creó una cultura de impunidad y complicidad con poderes fácticos que el panismo aprovechó y llevó al extremo. La corrupción no fue un error. Fue el modelo de negocio del poder.
Mientras que el PRI construyó el sistema de saqueo, el PAN lo convirtió en una máquina de muerte y lucro. Miles de millones se desviaron mientras la gente pagaba con muertos y miseria. El gobierno actual enfrenta la tarea de reconstruir instituciones, recuperar recursos y sanar heridas profundas. Al mismo tiempo, debe lidiar con la pobreza que afecta a decenas de millones de mexicanos y con la inseguridad que aún persiste en varias regiones.
La tarea cotidiana ya no se enfoca a cobrar millones de dólares en el extranjero. Se trata de impedir que los mismos corruptos regresen reciclados. México necesita memoria. Quien olvida su historia está condenado a repetirla. El pueblo ya rechazó en las urnas el regreso del viejo régimen. Ahora hace falta firmeza para que los verdugos del pasado no vuelvan disfrazados de “expertos”. Ni los viejos lobos se sigan disfrazando de dóciles ovejas.
¿O no lo cree usted?
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Licenciado en Administración de Empresas. Escritor, articulista, periodista, pintor, exdiputado del H. Congreso del Estado y exfuncionario público del Gobierno del Estado de Puebla. Autor de más de veinte libros, en su mayoría sobre temas de corrupción y denuncia pública.
