50 minutos

  • Román Sánchez Zamora
Buscar una alternativa para seguir viviendo es lógico, ¿pero para morir?

Saber que se tendrá la muerte de uno mismo, saber que sucederá en los próximos cincuenta minutos, no hay vuelta atrás, sólo recordar el minuto a minuto de lo que ha visto, lo que ha vivido, lo que se ha experimentado, lo que ha amado, el placer y el dolor, los que le han dado su amistad y le han fallado, que la han honrado; así como los que han vivido traiciones mutuas, por seguir adelante porque no sólo se trata de estar, sino de sobrevivir, de buscar el mayor provecho, la traición se vive siempre y se sufre para siempre, desde los más pequeños engaños hasta los que duelen en el alma por el resto de la vida.

No se trata de un suicidio, de un accidente, de una maldición, de un golpe de suerte, no es como sacarse la lotería, es parte de un proceso, en donde se es culpable desde que se observa como cada una de las víctimas fueron dando su último suspiro.

Entre problemas políticos, de ideas con los medios de comunicación, de comidas, de diversas comunidades y países en donde se presentan delitos tanto de delincuentes asociados, como de antes de gobierno en alianzas secretas entre los actores políticos insertos en partidos políticos, así como en movimientos supuestamente sociales, observarlos en las tardes, sentir el sol de la tarde en las calles donde todo pasa y que seguirá en un ideal personificado como testigo.

Mil ideas y ninguna, todas revueltas, todas presentes, pero una lógica para el que lo vive, pero no para el que escucha y únicamente mueve la cabeza en donde asiente a cada afirmación… en donde los objetivos personales se pierden.

Mil caminos para vivir y en cada uno, mil caminos más para dejar de existir, entre lo complejo de la mente, lo simple del deseo, la actuación impulsiva, solo dar un paso y dejar de empujar esa roca todos los días, entre un salario, una sonrisa semanal, o estar lejos del Cáucaso, y dejar a prometer que siga sufriendo, Sísifo por el trabajo de empujar una roca de manera habitual y un Prometeo que por fin rompe sus cadenas, salta al agua y los gozan de la libertad para morir.

Ya no más jornadas, ya no más cadenas de compromisos, no más deseos de cumplir a todos y olvidarse de uno mismo, solo se pide una libertad que hasta Dante Alighieri retoma como un pecado, porque en este instante la vida ya no es de uno, sino es prestada la vida y por tanto el quitarla por uno mismo es condenarse a las cenizas volcánicas de un purgatorio.

Solo las amenazas de uno de los aparatos ideológicos del Estado que grita que te portes bien, teniendo diferentes controles de acuerdo a tus intereses y grados en la escala económica, manda ha cambiado, la indiferencia y repudio a los que un día se les entregó el fuego y por ello se vive en cadenas y sufriendo las feroces fauces de los buitres a diario.

Con una hora de vida… ¿Qué se piensa?
Cada persona reacciona de diversa manera.

Algunos solo esperan, poco a poco, y así van cerrando los ojos.
Las personas se sensibilizan.

En su estado más triste porque saben que ya no hay camino, hacen un recuento rápido de lo que hicieron, de lo que pudieron hacer y de lo que buscaban aún hacer…
Solo son reflexiones al aire.

En cincuenta minutos, ¿qué se puede pensar?
¿Qué se puede garantizar de un moribundo?

Muchos han partido, como si se fuera a algún otro lugar.
Otros han dejado de existir, a pesar que lo sigamos viendo en los trabajos fúnebres.

El que pasa a mejor vida aunque en su lecho de muerte muchos pidan no interrumpir su siguiente etapa.
Palabras no destinadas para ellos sino para los que viven esa muerte.

La simpleza de respirar, uno, dos, y no volver a respirar, dejar de pensar, dejar de reconocerse, dejar de sentir, todo ha pasado.

El leer, pensar, reflexionar sobre lo que alguien toma como últimos momentos lúcidos mentales de alguien es una apuesta muy atrevida, en donde no existe un día más, un mes más, únicamente unos cuantos minutos, para dejar de sentir, escuchar y vivir hasta en el olvido de uno mismo, en el olvido propio.

¿Quién se hace tantas preguntas?
¿Por qué nadie se encuentra en las respuestas?

Nadie podría saber que existen alternativas para mal morir o bien vivir, y después de estas dos puertas existan por cada creencia una puerta diferente, por cada una de estas propuestas diversos tiempos, cada uno de estos a diversas edades del ser humano, volviéndose una propuesta hiper exponencial una por cada segundo, es allí cuando las distorsiones del fin se vuelven más confusos, por el universo que representa cada cerebro de un ser humano al tomar decisiones.

Se presentan cincuenta escritos, cada uno es un minuto que el condenado a muerte toma como propio y reflexiona, desde lo más simple a las inspiraciones más complejas, sabiendo que no existe un mañana, solo un minuto más.

Opinion para Interiores: 

Anteriores

Román Sánchez Zamora
Doctor en Administración Pública. Profesor-investigador del Instituto de Ciencias de Gobierno y Desarrollo Estratégico (BUAP). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I del CONAHCYT. Autor de 14 libros. Sus líneas de investigación son participación ciudadana, transparencia y fiscalización municipal.