¡Por amor a Puebla, pensar en su gente!
- Eduardo Mauricio Libreros López
Puebla es una ciudad de contrastes vibrantes: entre su majestuosa arquitectura colonial y su pujante desarrollo industrial, existe, sin embargo, una arteria vital que, lejos de latir con vigor, parece sufrir una arritmia crónica. Me refiero al transporte público. Para miles de poblanos, especialmente la población vulnerable, el acto cotidiano de trasladarse no es una simple transición de un punto A a un punto B; es una experiencia que define su calidad de vida, su seguridad y su acceso a las oportunidades fundamentales.
Con la propuesta del Gobierno del Estado de que el cablebús resolverá la problemática de transporte público es estar negado a la mejora integral del mismo ¿Por qué motivo? ¡Porque ese amor a Puebla no lo está haciendo pensar en grande ni en la gente!
A partir del análisis de las realidades estructurales y las percepciones sociales en la metrópoli, queda claro que no estamos ante un simple problema de logística, sino ante la necesidad de un cambio de paradigma que devuelva la dignidad al usuario y entienda la movilidad como un derecho, no como un negocio.
El rostro humano: más allá de la eficiencia técnica
Tradicionalmente, la planeación urbana ha tratado al transporte como una fría ecuación de ingeniería: cuántas unidades se necesitan para mover a cuántas personas en el menor tiempo posible. Sin embargo, este enfoque ha caducado. La movilidad hoy debe entenderse desde las ciencias sociales, tal como se sugiere en los estudios sobre la valoración sociocultural del espacio público (Guevara Romero et al., 2024).
Para una persona que cruza la ciudad para llegar a su destino, el transporte es un espacio de vulnerabilidad o de confort. La percepción de seguridad (o la falta de ella), la limpieza de la unidad y el trato del conductor son factores que impactan directamente en el tejido social. Si los jóvenes y adultos, quienes son los usuarios más intensivos, perciben el sistema como hostil, se está fallando en construir una ciudadanía que valore lo público. Como señala Banister (2008), el paradigma de la movilidad sostenible requiere que las ciudades se diseñen para las personas, no para los vehículos.
El lastre del "hombre-camión" y la trampa de la combi
Uno de los diagnósticos más crudos de la realidad poblana es la persistencia del modelo "hombre-camión". Este esquema, donde un concesionario opera de forma individual y aislada su unidad, es la raíz de la nefasta problemática. Al no haber un sueldo fijo o una estructura corporativa, los conductores compiten agresivamente en las calles, generando riesgos innecesarios y accidentes.
A esto se suma la proliferación de la “combi”. Lo que nació como una solución temporal se ha convertido en un problema estructural. Las unidades pequeñas son ineficientes por definición:
- Saturan el espacio vial: Se necesitan múltiples “combis” para transportar lo que un solo autobús moderno lograría.
- Impacto ambiental: Su tecnología suele ser obsoleta, contribuyendo al deterioro de la calidad del aire (INECC, 2019).
- Incomodidad extrema: No están diseñadas para la dignidad del pasajero, sino para maximizar el espacio residual, dificultando el acceso a personas con discapacidad o adultos mayores.
Algunas propuestas para una transformación integral
Modernizar no es simplemente pintar los camiones de un nuevo color cada sexenio o realizar una revisión exhaustiva a las unidades. La propuesta de transformación en Puebla debe ser radical y sustentarse en pilares de reestructuración sistémica:
1. Reorganización de rutas: Es imperativo migrar hacia un esquema de rutas troncales y alimentadoras. La superposición de rutas actual solo genera caos y tiempos de traslado excesivos.
2. Integración tarifaria: Resulta anacrónico que en pleno 2026 un usuario tenga que pagar múltiples pasajes para un solo trayecto. Un sistema de pago único y transbordos simplificaría la vida del ciudadano (SECTUR, 2021).
3. La empresa pública de transporte: La creación de una entidad pública que establezca estándares de calidad serviría como referencia para los concesionarios privados, reduciendo la informalidad y profesionalizando al sector.
El desafío de la voluntad política
El diagnóstico está hecho y las propuestas están sobre la mesa. Sin embargo, el principal obstáculo sigue siendo la resistencia de los grupos de interés que perciben riesgos económicos ante el cambio de modelo y el gobierno en turno que no logra atinar a la solución del problema.
Puebla no puede permitirse seguir atrapada en un esquema del siglo pasado. La modernización requiere valentía política para priorizar el bien común sobre el beneficio particular o de gobierno.
Solo mediante una visión integral, que incorpore la voz de los ciudadanos y la tecnología limpia, será posible construir una movilidad urbana acorde con las necesidades de la sociedad contemporánea. La calle debe ser, finalmente, un espacio de encuentro y no de conflicto.
Referencias
Banister, D. (2008). The sustainable mobility paradigm. Transport Policy, 15, 73–80.
Guevara Romero, M., Águila Gaspar, B., & Flores Lucero, M. (2024). Valoración sociocultural
del espacio público. Estoa, 13(26), 229–241.
INECC. (2019). Informe sobre emisiones y calidad del aire en ciudades mexicanas.
SECTUR. (2021). Sistema tarifario integrado en transporte público.
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Ingeniero civil y docente; maestro en Ingeniería de Tránsito y Transporte. Investigador, especialista en infraestructura, operación y educación vial. Miembro fundador de Enclave 8 A.C
