El peligro de convertirse en Eco

  • Alejandra Fonseca
El mito sigue vigente: no porque existan Narcisos sino porque siempre hay dispuestos a ser Eco

El mito de Narciso suele recordarse como una advertencia contra la vanidad. Pero leído con atención, cuenta algo más hondo: la tragedia de dos incapacidades humanas.

La de quien no puede amar a nadie más que a sí mismo.
Y la de quien insiste en amar donde no hay correspondencia.

En la tradición griega, Narciso, joven de extraordinaria belleza que vive despreciando a quienes lo desean, incapaz de reciprocar, hace que su belleza no sea un don, sino un muro.

La versión que introduce a Eco, es la narrada por Ovidio en su obra Metamorfosis. Eco, ninfa del bosque con una extraordinaria habilidad para hablar, es castigada por la diosa Hera a repetir únicamente las últimas palabras que escucha, porque con su lengua demasiado inquieta, la distrae en largas conversaciones, mientras Zeus, su esposo, persigue a otras ninfas.

Cuando Eco se enamora de Narciso queda atrapada en una paradoja cruel: sólo puede devolverle su propia voz.

Eco ama.
Narciso se contempla.

Ella lo sigue.
Él se mira.

La historia termina como terminan muchas tragedias: sin encuentro.

Narciso se consume frente a su reflejo, incapaz de mirar al otro.
Eco se desvanece hasta convertirse en una voz sin cuerpo, condenada a repetir palabras que nunca fueron para ella.

Ambos pagan su falta:
Narciso por amarse demasiado.
Eco por insistir demasiado.

El mito no es una crítica al narcisismo. La advertencia es otra: más destructivo que el amor propio desmedido, es la obstinación de amar a quien ya ha dejado claro que no ama.

Por eso el mito sigue vigente.
No porque existan Narcisos.
Sino porque siempre, siempre, siempre,
Hay alguien dispuesto a convertirse en Eco.
Y desaparecer repitiendo palabras que nunca fueron de amor.

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Alejandra Fonseca
Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes