Mirar de frente
“La fotografía es un medio de interrogar al mundo y, al mismo tiempo, de interrogarse a uno mismo.” Henry Cartier-Bresson
Nuestro hermoso Palacio de Bellas Artes es un marco regio para las fotografías de Henry Cartier-Bresson, considerado uno de los fotógrafos más prolíficos y referente de muchas generaciones y estilos. Retrató los locos 20’s; la guerra civil española; el África escondida y la India mística; algunos aspectos de la II GM; y su amor por la URSS, aunado todo ello, a un surrealismo delirante. Su obra transita como arte vivo, sujeta a la realidad de su tiempo, de su trabajo como reportero gráfico de la agencia Magnum y de sus años como reportero independiente. Cartier-Bresson, siempre retrató de frente, hasta llegar a los inicios del siglo XXI.
Al ver sus imágenes, uno se pregunta si son de hace más de 80 años o si son de ayer. Su obra retrata las realidades más allá del tiempo y de los países, pues las emociones y situaciones continúan igual que sus fotografías: estáticas.
Desolados niños abandonados después de un bombardeo en Sevilla (1933) nos remontan a las calles derruidas hoy en Siria. El caminar juguetón de un menor (Valencia 1933) refleja el mismo caminar despreocupado de los infantes de Palestina. 82 años separan las historias, pero la guerra en el tiempo e idioma que sea, sigue produciendo huérfanos y desolación.
Un soldado herido (1945) siendo repatriado a Londres coincide con imágenes de soldados abandonados en cualquier lugar del mundo peleando guerras sin fronteras, sin razones, ni perdón.
En otra sala podemos asomarnos a un hombre cansado (¿borracho?) afuera de alguna cantina en México (1934). Las calles siguen destrozadas, la esperanza recostada aguardando una mejor oportunidad.
Podemos ver una multitud esperando a las puertas de un banco (China 1948); igual a aglomeraciones de personas de sureños países en búsqueda de víveres, o las diarias escenas de “apretarse” para entrar en el vagón del Metro.
Cuando ante nosotros surge la efigie monumental de Lenin (Leningrado 1973), sabemos que no volveremos a verla en pie, pero si podemos evocar a los muchos políticos que insisten en machacarnos su imagen a la menor provocación.
La exposición se enriquece con fotos de otros artistas, donde la obra de Martine Franck (París 1992), nos recuerda lo que deberían de ser los verdaderos “selfies”, realizados a mano y mirándonos directamente al espejo.
La exposición cierra con tres niños (Haifa, Israel 1962), jugando al escondite, donde uno protege a los otros dos. Sólo esconde sus caras, no disimulan su miedo, retratado en su pose. ¿Cuántos niños conocemos en dicha situación?
Henri Cartier-Bresson desnuda el alma de sus retratados. Mirada transparente y de frente, que impacta más allá de las épocas.
El folleto menciona: “los revelados sobre papeles con la misma calidad de grano, tonalidad y superficie. De ahí la gran uniformidad que tendía a homogeneizar la diversidad de su obra”. Tal vez la uniformidad se da porqué supo retratar los miedos y esperanzas de la humanidad.
La exposición de Cartier-Bresson estará en el Palacio de Bellas Artes en la ciudad de México hasta el 17 de mayo. ¡A visitarla!, permítase ser parte de su forma atemporal de interrogar y retratar al mundo, ¡nuestro mundo!
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