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La ética profesional y la religión del éxito 2: los principios.

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¿Qué sentido tiene una educación universitaria orientada a formar a los mejores profesionales del mundo –entendiendo esto como los más capacitados para el “éxito”- si no se forman profesionales humanos orientados  hacia la transformación del mundo en un espacio más humano y justo? Preguntábamos la semana pasada en este espacio a partir de la afirmación de Xabier Gorostiaga respecto a que las universidades están formando profesionales exitosos en sociedades fracasadas.

Planteamos en la primera parte de esta reflexión, la necesidad creciente de volver a incluir el tema de la ética profesional en el currículo y en las acciones de las instituciones de educación superior en este cambio de época.

Porque como afirmamos en ese primer espacio que puede leerse completo en esta liga: http://e-consulta.com/opinion/2013-07-15/la-etica-profesional-y-la-religion-del-exito, la ética profesional no consiste en añadir una serie de normas morales o buenos deseos a la formación disciplinar y técnica requerida por toda carrera universitaria para ser ejercida eficientemente sino en incluir de manera estructural en dicha formación la finalidad y el sentido original por el que fue creada la profesión, que se denomina el bien interno.

El bien interno es el beneficio que aporta cada profesión a la sociedad y que no podría obtenerse si no existiera. Sin embargo decíamos que este bien interno se ve hoy en día relegado por la búsqueda de los bienes externos como el dinero, el poder y el prestigio, que pueden obtenerse ejerciendo cualquier actividad. La religión del éxito que domina nuestro mundo es la causante de este olvido de lo esencial en cualquier quehacer profesional.

La priorización de los bienes externos y la negación del bien interno de las profesiones ocasionan que prácticas profesionales orientadas por intereses y no por principios. La religión del éxito configura la mirada del profesionista hacia la obtención de ganancias personales, de fama e influencia social y empresarial a costa de cualquier principio ético con las consecuencias sociales que están a la vista de todos.

Los autores que trabajan la ética profesional plantean cuatro principios fundamentales para el ejercicio de cualquier actividad que se considere una profesión: el principio de beneficencia, el de no maleficencia, el de autonomía y el de justicia.

-El principio de beneficencia plantea que es necesario “hacer el bien con la profesión, haciendo bien la profesión”, es decir, que toda práctica profesional debe buscar el bien del cliente, paciente, consumidor o usuario a través del ejercicio eficiente del trabajo. De manera que una práctica eficiente es la que realmente aporta un beneficio a quien la recibe y a la sociedad y del mismo modo, una práctica que hace el bien es una práctica que necesariamente se tiene que ejercitar eficientemente.

-El principio de no maleficencia plantea que la práctica profesional tiene que hacerse siempre tratando de no dañar a terceros, de manera que una buena práctica profesional es la que no ocasiona perjuicios al ambiente, al cliente, a terceros o a la sociedad en general. De modo que un profesional ético debe analizar cuidadosamente los posibles efectos negativos de cualquier acción profesional antes de tomar decisiones.

-El principio de autonomía señala que toda práctica profesional ética debe considerar al usuario y a la sociedad no como objetos pasivos que reciben un servicio sino como sujetos con dignidad que tienen por tanto derechos que deben ser respetados, lo que implica que deben ser considerados en la toma de decisiones.

-El principio de justicia plantea que la práctica profesional debe contemplar la equidad en las relaciones entre profesional y usuario e implica por tanto un compromiso de ambas partes, una corresponsabilidad ineludible. Este principio señala además que la práctica no se realiza en un contexto de aislamiento entre un profesionista y un cliente sino en el marco de un contexto social que requiere ser tomado en cuenta buscando la justicia.

¿Buscan los profesionistas hacer el bien, a través de hacer bien su práctica? ¿Consideran como prioritario el no dañar al ambiente, al cliente o a la sociedad? ¿Toman en cuenta al usuario de sus servicios como un sujeto con derechos que hay que respetar y le dan la palabra en la toma de decisiones? ¿Establecen relaciones de reciprocidad y equidad corresponsable con sus clientes? ¿Buscan a través de su trabajo contribuir a la justicia social?

Tal parece que tristemente la respuesta a estas preguntas es negativa. Porque en una cultura marcada por la religión del éxito es frecuente que veamos en todas las profesiones que el criterio de hacer bien el trabajo es el margen de utilidades, los males causados al ambiente, a la sociedad y aún al cliente son tomados como simples daños colaterales necesarios para ganar dinero, los clientes o usuarios de un servicio profesional son mirados como simples números u objetos que no participan en las decisiones y en la relación entre profesional y cliente el objetivo es sacar ventaja y tratar de obtener lo más ofreciendo a cambio lo menos.

Ojalá trabajemos en la educación superior por formar profesionales orientados por principios antes que por intereses, porque estos serán sin duda los verdaderamente exitosos en sociedades humanas y equitativas.

Opinion para Interiores: