El escándalo como política de estado

  • Marcelino León Ochoa

Algo en lo que destaca López Obrador es en su capacidad para provocar reacciones a sus comentarios y despertar los más profundos sentimientos de las y los mexicanos. No en balde recorrió durante años pueblos y ciudades, recabando demandas y pulsando el ánimo de miles de ciudadanos.

En su larga carrera por la Presidencia de la República pudo identificar al menos dos debilidades o tendencias naturales, propias del ser humano y por supuesto, de los mexicanos: un profundo deseo de justicia y de revancha histórica y una inclinación natural por el morbo, el escándalo y el chisme.

Respecto a la sed de justifica y de venganza. AMLO sí está cumpliéndole al pueblo esta sed de sangre, de ver castigados a los corruptos. Sabe que una parte importante de la población demanda gobernantes justicieros, que lleven al paredón (ahora mediático) a quienes se beneficiaron del poder a costa del dinero del pueblo. 

Desde luego, no va a enjuiciar a todos sino a aquellos que le sirvan para afianzar su promesa de acabar con la corrupción. Necesita personalizar la corrupción, darle nombre y rostro y vaya que en el gobierno de Peña Nieto sobran ejemplos. Sin duda los excesos del peñanietismo le facilitaron su arribo al poder y hoy le siguen rindiendo frutos.

Vicente Fox ganó la Presidencia, entre otras cosas, por haber prometido que encarcelaría a los corruptos y a los peces gordos. No cumplió y las expectativas de millones de mexicanos por ver un presidente justiciero, se frustraron.

Como vemos, la sed de justicia es un activador emocional muy fuerte en el pueblo mexicano. AMLO lo está activando ahora que tanto lo necesita, pues la pandemia no cesa y los resultados al segundo año de gobierno, escasean.

Los juicios mediáticos y el escarnio público se ligan con el otro sentimiento: el morbo, el escándalo. No puede haber justicia colectiva si no se corre la voz y si no se facilitan los medios para darla a conocer.

Ambos recursos, el ajusticiamiento público y el escándalo, no son nuevos. Han existido a lo largo de la historia de los pueblos y López Obrador sabe que necesita de estos distractores para ocultar las debilidades de su gobierno.

La pregunta es: ¿por qué activar los distractores en este momento?

Veo varias razones:

1.- Porque la agenda del Presidente ya agotó temas y las mañaneras ya no despiertan el interés de antes.

2.- Porque la vacuna para vencer al coronavirus tardará en hacerse realidad y mientras tanto, las cifras de fallecidos crecen.

3.- Porque la crisis económica pegará muy fuerte y el Presidente sabe que en tiempos de carencias, hablar de dinero robado desata las más profundas pasiones de odio y resentimiento.

4.- Porque las tendencias electorales del 2021 señalan que Morena puede perder la mayoría en la Cámara de Diputados y espacios en estados y municipios. Por ello, los escándalos que salpiquen a sus adversarios son bienvenidos, aunque suenen ridículos.

5.- Porque apuesta a que este tipo de escándalos permanezcan por un tiempo, esto es, se mantengan en la agenda pública y sirvan como elemento decisor al ir a las urnas en junio de 2021.

 

Habrá que ver si la estrategia le funciona y si la ciudadanía cae en este juego.

Como suele suceder, es probable que la oposición intente reaccionar de la misma manera, denunciar actos de corrupción y salpicar a los actuales funcionarios. El resultado será el que ya conocemos: confirmar una vez más que la política es un asco y que no vale la pena meterse en eso.

Opacar la falta de resultados con escándalos mediáticos busca alejar a la ciudadanía de la participación activa. Este es el terreno que le beneficia a Morena, seguir culpando al pasado de nuestras desgracias actuales y distraer al pueblo mientras las estructuras de gobierno operan con recursos públicos, utilizando los “guardaditos” para amortiguar un poco los impactos de la crisis que dirán, nos vino de fuera.

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Marcelino León Ochoa

Politólogo. Maestro en Gestión Pública. Coordinador de asesores del grupo de regidores PAN.

Catedrático en UPAEP. Ex regidor del Ayuntamiento de Puebla 2011-2014