Las renuncias de los presidentes de México

  • Manola Álvarez S.
Apareció el hombre de acción, carácter firme y decidido; sin experiencia política y gran ingenuidad.

Un acontecimiento tan importante en la historia de México como cuántos y cuáles presidentes han renunciado a su cargo y las circunstancias en que se dieron, resulta desconocido para muchos mexicanos, por lo que me parece interesante recordarlo.

Hasta 1910 la oposición al dictador Porfirio Díaz, se había limitado a la publicación de enérgicas y comprobadas denuncias, tanto por los fraudes electorales como por las explotaciones contra el pueblo.

Apareció entonces el hombre de acción, de carácter firme y decidido aunque sin experiencia política y de una gran ingenuidad, un hombre culto de elevados ideales, de conducta limpia y fina educación que hubiera podido disfrutar de su fortuna personal administrando sus propiedades adquiridas a fuerza de trabajo. Y que sin  embargo; con gran fe e ilusión de que el pueblo y el ejército se unieran para sostener un gobierno de auténtica democracia; puso toda su fortuna y la de su hermano Gustavo a la disposición de quienes quisieran seguirlo en una rebelión armada. Invirtió ese dinero en la compra de armas, parque, caballos, medicinas y demás pertrechos y se lanzó a la lucha.

Este hombre fue Francisco I Madero quien dio principio y vida a lo que habría de llegar a ser la gran Revolución Social de México.

Cuando una reforma social se convierte en necesidad apremiante, es porque el régimen político que impera se encuentra imposibilitado de atender las demandas del pueblo por ineptitud o corrupción.

La conspiración maderista se vió obligada a estallar en Puebla dos días antes de lo planeado, el 18 de noviembre de 1910, cuando el jefe de la policía local entró a casa de Aquiles Serdán en busca de armas y él y su familia se atrincheraron en la casa y se defendieron a balazos. Todos los hombres murieron.

Madero se dispuso a atacar Ciudad Juárez con tres mil hombres, acción que llevó a cabo el 10 de mayo de 1911. 

La revolución maderista tenía en su poder una ciudad. Diez días después la revolución del sur tenía también su capital, las fuerzas de Emiliano Zapata tomaron Cuautla el 20 de mayo y el 21 ocuparon Cuernavaca.

Estos acontecimientos apresuraron el acuerdo que las cumbres dirigentes buscaban para impedir que la revolución campesina desbordara a todos .

Ese acuerdo se firmó el 21 de Mayo de 1911 entre Madero y los representantes del gobierno.

En el primer considerando se establecía que Porfirio Díaz había manifestado su resolución de renunciar a la Presidencia de la República antes de que terminara el mes en curso y que se tenían noticias fidedignas de que Ramón Corral renunciaría igualmente a la vicepresidencia. De igual manera, en este considerando se señalaba que por ministerio de la ley el secretario de Relaciones Exteriores Francisco L de la Barra sería el presidente interino y convocaría a elecciones. También se añadía que las fuerzas de la Revolución serían licenciadas.

Este convenio parece una orden enviada para su firma a Madero y no la rendición del Porfiriato ante la revolución maderista.

La firma de este convenio cuando se estaba ganando la batalla y se cedía en reconocer al gobierno de Díaz y aceptar un presidente interino y peor aún el licenciamiento de las tropas revolucionarias en contradicción con lo establecido en el Plan de Iguala, fue el gran error de Madero que lo llevó a regar con su sangre el suelo de México.

El 25 de mayo de 1911 el general Porfirio Díaz presentó ante el Congreso de la Unión su renuncia junto con la del vicepresidente Ramón Corral.

Los diputados se apresuraron a dar su aprobación a la resolución que proponía la aceptación de las renuncias.

 

La renuncia de Porfirio Díaz decía entre otras consideraciones:

“El pueblo mexicano se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas, manifestando que mi presencia en el ejercicio del supremo poder ejecutivo es la causa de la insurrección... respetando como siempre he respetado la voluntad del pueblo y de conformidad con el artículo 82 de la Constitución federal, vengo ante la suprema representación de la nación a dimitir sin reserva al cargo de presidente Constitucional de la República...”

Cuando el 27 de mayo de 1911, el barco de vapor Ipiranga salía del Puerto de Veracruz llevando a bordo al dictador derrotado, el pueblo, en manifestación tumultuosa y entusiasta, vitoreaba el triunfo de su Revolución, por haber logrado la renuncia y huida del dictador, sin darse cuenta de que ésta se había suicidado al nacer y Madero había firmado su sentencia de muerte.

 

En su libro Justicia Social Anhelo de México, el general y diputado constituyente José Álvarez y Álvarez de la Cadena comenta sobre el Convenio:

“¡Vano espejismo de triunfo que en muy breve tiempo vendría a desvanecerse como una nube de humo! Imposible sueño suponer que quienes habían sido sostén de clericales, de latifundistas y de favorecidos del dictador pudieran convertirse en guardianes de los anhelos del pueblo y defensores de la vida de los caudillos revolucionarios”

 

“No cabe duda que los hombres que caminan por la vida con el corazón en la mano, renuentes a cultivar espinas y abrojos; confiando en los miserables que se les acercan, pecan con frecuencia de bondadosa ingenuidad creyendo sinceros a los malvados hipócritas que se aprovechan de ellos abusando de su buena fe”.

Atravesando a pie firme ese pantano de traiciones, cloaca de hipocresías, hervidero de ambiciones personales y mentidas adhesiones, que fue el interinato fatídico, llegó al fin con vida Madero, hasta el momento de las elecciones presidenciales en las que triunfó abrumadoramente tras los comicios más limpios que hasta esa fecha México había visto efectuar.

El seis de noviembre de 1911, después  de rendir la protesta de ley, llegó a ocupar la silla presidencial.

Unidos porfiristas, clero y patrones se dieron cuenta de que, si el presidente Madero  no se decidía a actuar, imponiendo reformas de justicia social, otros vendrían inmediatamente tras él para implantarlas. Así que decidieron que la única forma de evitarlo era anticiparse derrotando al apóstol ingenuo, a fin de  substituir su administración con la del grupo militar Porfiriano herido en su orgullo con la derrota de 1911.

Para lograrlo entraron en contubernio Victoriano Huerta y el embajador norteamericano, quienes  planearon el asesinato de los gobernantes mexicanos, Francisco I Madero y José María Pino Suárez.

El plan se puso en práctica el nueve de febrero de 1913. Sus principales ejecutantes fueron los generales del viejo ejército Bernardo Reyes, Félix Díaz, Gregorio Ruíz  y Manuel Mondragón, con la complicidad de varios jefes y oficiales que aceptaron cooperar con ellos, haciendo activa propaganda entre la tropa.

El general Reyes, como jefe del cuartelazo, se dirigió a tomar Palacio Nacional con sus tropas y fue abatido a las primeras descargas. En el ataque a Palacio también resultó herido  Lauro Villar, jefe de las fuerzas leales a Madero. Éste lo substituyó por el general Victoriano Huerta con el encargo  de comandante militar de la plaza, a pesar de las innumerables muestras de deslealtad que le había dado.

El singular sitio terminó a los diez días conocido como la Decena Trágica, con un acuerdo entre el jefe de los sitiados Félix Díaz y el jefe de los sitiadores Victoriano Huerta por el cual se destituía a Madero y se designaba a Huerta como Presidente provisional.

El acuerdo se firmó el 18 de febrero de 1913 en la sede de la Embajada de los Estados Unidos y con la intervención directa de Henry Lane Wilson, embajador norteamericano.

El mismo día fueron apresados Francisco I Madero y José Maria Pino Suárez.

Al día siguiente renunciaron a sus cargos bajo promesa de que sus vidas serían respetadas. 

El 22 de febrero fueron asesinados por sus guardianes en las cercanías de la cárcel de Lecumberry.

La noticia de que la Cámara de Diputados había aceptado tales renuncias con los votos aprobatorios de todos los diputados maderistas, dejaron totalmente desconcertados  a los funcionarios de su gobierno.

Por su parte en la recepción de Palacio Nacional, ya Huerta presidente y dueño de la situación, el embajador Wilson brindó por el éxito del nuevo gobierno, por su Presidente que, aseguró devolvería la Paz al pueblo mexicano.

 

José Álvarez comenta en su libro antes mencionado que:

“Se hizo la luz para nuestro México al escuchar una voz varonil y enérgica que protestaba entre tanto desconcierto, cuando muchos vacilaban y no sabían qué hacer, señaló el camino del honor con índice de fuego. Esa luz fue la del gobernador de Coahuila don Venustiano Carranza. Él pidió a todos los hombres de honor que se le unieran para derrocar por la fuerza de las armas a Victoriano Huerta, para volver a México al orden constitucional interrumpido por el cuartelazo del traidor e instrumento de la intriga internacional americana”

Como se esperaba, la lucha fue sangrienta , aunque menos extensa de lo que se pensaba. Multitud de encuentros parciales, combates en toda la extensión nacional y algunas grandes batallas, desbarataron al ejército nacional después de diecisiete meses de ocurrido el cuartelazo.

Entre el 26 de marzo de 1913 en que se inició la lucha y el 14 de agosto de 1914 cuando ocurrió la disolución del Ejército Federal, tanto el Cuerpo del Ejército del Noroeste a las órdenes del general Álvaro Obregón, como la división del Norte a las órdenes del general Francisco Villa y el Cuerpo del Ejército del Noreste a las del divisionario Pablo González, ejecutaron un plan dirigido por el Primer Jefe Venustiano Carranza que fue limpiando el territorio nacional de fuerzas huertistas hasta llegar a las puertas de la capital de la República a exigir la rendición incondicional del gobierno y la disolución total de su ejército.

El triunfo del gobierno constitucionalista se logró el 15 de julio de 1914 cuando el Congreso de la Unión aceptó la renuncia de Victoriano Huerta a la presidencia de la República. En su lugar quedó Francisco Carbajal, secretario de Relaciones Exteriores, quien negoció la rendición y disolución del Ejército Federal así como la entrada de los constitucionalistas a la capital.

Huerta se embarcó en Veracruz rumbo a Europa y el 13 de agosto  se firmaron en Saltillo los tratados de Teoloyucan, que marcaron el triunfo oficial del movimiento constitucionalista.

El último caso de una renuncia de un presidente de Mexico fue la del ingeniero Pascual Ortiz Rubio. 

 

Los antecedentes fueron los siguientes:

Cuando  Plutarco Elías Calles estaba en la Presidencia de México,  se presentó el conflicto de buscar candidato a la sucesión,  ya que los grupos revolucionarios seguían a sus Caudillos y no a las instituciones. Por esta razón se envió a Francisco Serrano a París a prepararse para competir por el cargo. Al llegar a Europa se comportó irresponsablemente y tuvieron que desechar su candidatura. 

Por los mismos motivos,  Calles y su Jefe de Estado Mayor pensaron en la creación de un partido político, el Nacional Revolucionario y en presentar una iniciativa para modificar la Constitución para que la reelección se permitiera cuando hubiera por lo menos un período intermedio. Así sucedió y el candidato presidencial fue Álvaro Obregón, quien tenía el control de los diferentes grupos militares.

Obregón ganó las elecciones y siendo presidente electo vinieron a visitarlo clérigos norteamericanos para ofrecerle su apoyo si terminaba el conflicto religioso.  Les contestó que el Clero político había declarado que no reconocían la Constitución y que no la cumplirían y cerraron los templos para provocar el conflicto religioso, todo porque el presidente Calles les pidió que nombraran un administrador de las iglesias, propiedad del estado, para garantizar que los bienes de las mismas no salieran del país. Y que él seguiría exigiendo el cumplimiento de la Constitución.

Esto significó la firma de su sentencia de muerte. Misma que sucedió cuando un fanático religioso Leon Toral lo asesinó en una comida haciéndose pasar por caricaturista.

Como resultado de ese asesinato se nombró presidente provisional a Emilio Portes Gil quien convocó a elecciones, presentándose como candidato del Partido Nacional Revolucionario a Pascual Ortiz Rubio, quien era egresado de la escuela Nacional de ingenieros de México. Participó en la política en su tierra Michoacán, primero como diputado y posteriormente como Gobernador 1917- 1920, año en que fue nombrado secretario de Comunicaciones y Obras Públicas con el presidente Adolfo de la Huerta y también con Álvaro Obregón. En 1924 fue nombrado por el presidente Plutarco Elías Calles  embajador en Alemania y Portugal,  cargo que dejó para ser candidato a la presidencia.

Ganó las elecciones y tomó posesión el 5 de febrero de 1930 y en ese día fue objeto de un atentado con arma de fuego, circunstancia que lo obligó a dejar el poder en manos de sus colaboradores durante 60 días.

Ostentó el mando del país hasta el 4 de septiembre de 1932,  cuando se vio obligado a renunciar por la oposición del Congreso, de los gobernadores y del propio presidente Calles.

Posiblemente el impacto del atentado que sufrió le impidió realizar sus obligaciones como presidente y se le salió de control la dirección del país. Terminó su periodo presidencial Abelardo L Rodriguez 1932- 1934. 

Después llegó al cargo Lázaro Cárdenas, siendo el primer presidente de seis años.

Estos son los presidentes mexicanos que renunciaron a su investidura y sus circunstancias. 

Porfirio Díaz, Francisco I Madero, Victoriano Huerta y Pascual Ortiz Rubio.

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Manola Álvarez S.

Licenciada en Derecho y en Ciencias Diplomáticas UNAM. Catedrática en la UNAM y en la UDLAP. Diputada en la L Legislatura del estado de Puebla.
Escritora y periodista.