Desgaste emocional en los docentes

  • María Teresa Galicia Cordero
Es necesario proteger a los docentes del desgaste emocional ante altas exigencias cognitivas

Es tiempo de futbol, pero también periodo de finalización de ciclo escolar en las escuelas públicas de educación básica y media superior en México ¿Qué representa esta etapa? representa un periodo crítico de transición caracterizado por tensiones en la escuela, sobrecarga administrativa, evaluaciones, entrega de calificaciones y la adaptación continua a la Nueva Escuela Mexicana (NEM).

Entre todas las demandas institucionales internas y externas, este periodo significa también un desgaste profundo para muchos docentes, porque tienen que cubrir el programa, evaluar, entregar calificaciones hasta organizar festivales, convivencias, despedidas etc. Las escuelas se convierten en espacios complejos donde se intersectan las políticas públicas, las realidades del aula y el desgaste profesional.

Continuamente se les pide autoevaluarse. En este aspecto conviene recordar el concepto de autoeficacia (Bandura, 1977), concepto derivado de la Teoría Social del Aprendizaje, que   se define como    la creencia o confianza que tiene una persona en su propia capacidad para organizar y ejecutar las acciones necesarias con el fin de alcanzar logros específicos. Es uno de los factores más determinantes en la motivación, el aprendizaje y el rendimiento escolar.

A los docentes se les pide que se esfuercen en el día a día, muestren resiliencia y perseveren ante las dificultades, recuperándose de los fracasos con una actitud proactiva; sin embargo, ser auto eficaz no es algo que pueda instituirse, no es una creencia fija porque se construye a partir de la experiencia directa, los modelos que observa y la retroalimentación que recibe de los directivos, otros docentes, alumnos y alumnas del entorno y la misma convivencia escolar.

Su papel hoy se ha complejizado:  estudiantes atrapados por el celular y las redes sociales, padres de familia indiferentes ante lo que sucede con sus hijos, directivos atentos a las demandas administrativas y en instituciones donde los   mecanismos tradicionales de convivencia escolar están próximos a colapsar.

Sufre de un proceso de desautorización sistemática por el abandono físico, emocional y educativo que deja a los adolescentes a la deriva y una crianza permisiva y ausente que, en lugar de hacer equipo con la institución, justifica el desacato y rompe cualquier intento de acuerdo comunitario.

Ante cualquier conflicto en las escuelas, no importando su gravedad, las indicaciones oficiales siempre son las mismas: apegarse a los protocolos institucionales. Pero nada pasa y los alumnos regresan al salón de clases para que no se les afecte en sus derechos, además la lentitud de los protocolos administrativos y la percepción de que la normativa actual los ata de manos, genera en los educadores frustración e impotencia.  

El reciente impacto global de la serie surcoreana de Netflix “Así aprenderás” (Teach You a Lesson), se basa en fenómeno de masas que activa una fantasía catártica, es decir, un proceso mediante el cual la expresión de emociones intensas o reprimidas contribuye a la reducción de la tensión emocional y al bienestar psicológico (Breuer y Freud,2006).

En la vida real, el tejido escolar que afecta el aprendizaje y la convivencia, se enfrenta diariamente a dinámicas de una complejidad inédita. El bullying ya no se limita al patio de recreo; se ha sofisticado y potenciado a través de las redes sociales. Si bien, la trama en la serie surcoreana, introduce la premisa que ante la impunidad del acoso escolar y la pérdida absoluta de los límites en el salón de clases es necesaria la introducción del autoritarismo en el aula, es necesario preguntarse si esa es la solución cuando la escuela no es un reclusorio.

El desafío actual de la educación no es construir muros más altos o introducir y ejercer una supervisión más estricta y exigente con los alumnos, generando miedo o tensión, porque la solución no es “vigilar y castigar” referenciando a Foucault (2002), sino formar seres humanos. Pero es necesario reflexionar en el tipo de ciudadanos que hoy se están formando en las escuelas, no podemos ignorar que algo grave pasa en muchas de ellas y tampoco se puede culpar a los docentes, porque ellos sostienen el sistema educativo y su nivel de desgaste emocional es alto.

La educación puede tener impacto social cuando existe una alianza entre escuela, familia y comunidad, cuando entendemos que el propósito es formar mejores personas. Actualmente el modelo educativo establece que los niños, niñas y adolescentes NNA están en el centro y que la relación entre la escuela y la comunidad es un eje central del proceso educativo, es decir, la educación no ocurre solo en el aula, sino en interacción constante con el entorno social, cultural y familiar.

Los alumnos siempre llegan con experiencias, valores, creencias y formas de relacionarse en su hogar y cuando surge un conflicto escolar, la primera reacción de algunos padres no es investigar lo sucedido o asumir una postura crítica, sino defender automáticamente a sus hijos. Se culpa a los docentes por la falta de disciplina, a los directivos por no controlar la situación o a las autoridades educativas por la ausencia de resultados. Pero nos hemos detenido a reflexionar, ¿qué ocurre dentro de las aulas?

La escuela suele ser el escenario donde se manifiestan problemas que comenzaron mucho antes y en otros espacios, de manera reiterada cuando ocurre un conflicto se responsabiliza a los docentes, pero las consecuencias van mucho más allá del docente que enfrenta una situación de indisciplina y recaen sobre toda la comunidad educativa, porque los alumnos que sí cumplen las normas observan que el esfuerzo y el respeto no siempre son valorados.

Las víctimas de las agresiones saben que denunciar puede ser inútil y los profesores actúan con cautela para evitar conflictos mayores porque la autoridad siempre dice que hay que aplicar los protocolos.

La conquista social de los derechos de los NNA debe de ser el propósito primario, así como el derecho a la educación, pero existe una diferencia importante entre proteger derechos y eliminar responsabilidades. 

Una convivencia democrática solo es posible cuando ambos elementos avanzan juntos y es necesario proteger a los docentes del desgaste emocional porque su labor implica altas exigencias cognitivas, sociales y afectivas, lo que los expone al estrés crónico y al síndrome de burnout, afectando tanto su salud como la calidad educativa (Agyapong et al, 2022).

Referencias
Agyapong, B., Obuobi-Donkor, G., Burback, L., y Wei, Y. (2022). Stress, burnout, anxiety and depression among teachers: A scoping review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(17), 10706. https://doi.org/10.3390/ijerph191710706
Bandura, A. (1977). “Social learning theory”. Prentice-Hall.
Breuer, J., & Freud, S. (2006). Estudios sobre la histeria (J. L. Etcheverry, Trad.). Amorrortu. (Obra original publicada en 1895)
Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión (A. Garzón del Camino, Trad.). Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1975).

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María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.