Mil diplomas para los padres, maestros de vida

  • Alberto Jiménez Merino
La preparación ya se las dio la Escuela de la Vida y hoy solo tendríamos que entregarles el papel

Honor y gloria a la memoria de mi padre, Miguel Jiménez Véliz (QEPD)

Aunque mi papá solo fue dos años a la escuela, fácilmente pudo haber obtenido decenas de diplomas por su esfuerzo y aportes a la construcción de su destino y al de muchos de sus semejantes en Tecomatlán y Tehuitzingo, Puebla, así como en Nueva York, donde vivió tres años.

Algunos diplomas podrían ser por la circunstancia, decisión, el carácter y la determinación para criar a once hijos; por ejercer como ingeniero agrónomo, veterinario, economista e ingeniero hidráulico. Un día, construyó una noria para subir agua del Río Mixteco para riego y, otras veces, hizo pozos con el mismo fin. Sabía de todo lo que se ocupaba en el campo. Siempre resolvió de la mejor forma.

Otros diplomas podrían ser porque fue un gran sembrador de sandía, gestionó y consiguió una beca para que yo siguiera estudiando, e hizo un plan para llegar a Estados Unidos en 1986. Cruzó el Río Bravo por Nuevo Laredo, Tamaulipas, en tres intentos, y caminó varios kilómetros para embarcarse en autobús a Nueva York, donde a los pocos meses hablaba lo básico del inglés.

Un diplomado, de acuerdo con la Universidad Anáhuac, es un programa corto de educación contínua diseñado para actualizar tus conocimientos, especializarte en un área específica o desarrollar competencias prácticas para el entorno laboral (www.anahuac.mx)

Pero, en el caso que nos ocupa y el de miles de padres, la preparación ya se las dio la Escuela de la Vida y hoy solo tendríamos que entregarles el papel. Y destaco el diploma, porque en la ilusión de ser universitarios, tanto los padres como los hijos y también las autoridades, hemos menospreciado esta opción de formación sobre el título universitario.

Hemos menospreciado los oficios, las etapas terminales intermedias, los niveles técnicos, los cursos y en general las actualizaciones, olvidando que el Foro Económico Mundial afirma que las habilidades técnicas se están haciendo obsoletas en cinco años y las habilidades generales en diez.

Lo que necesitamos en el sector educativo formal e informal es enseñar a pensar, comunicarse vía oral y escrita, matemáticas, trabajar en equipo, y, saber dónde está la información útil para atender los problemas y necesidades del desarrollo comunitario y regional.

Esta semana, con la guía del gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, y con el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, concluimos el Diplomado Alta Dirección en Geopolítica, del mundo a la acción local, en el que participaron más de 200 servidores públicos de 32 dependencias del gobierno.

A lo largo de doce semanas, Ángel Jaramillo Torres y Stephanie Henaro Canales, nos dieron un panorama mundial sobre diferentes temáticas. Y es que, según la Universidad Alfonso X el Sabio, de Madrid, la geopolítica es el estudio de cómo las geografías físicas (ubicación, recursos, fronteras) y humanas, influyen en la política internacional, las relaciones de poder y las estrategias de los estados. Además, analiza cómo el espacio geográfico condiciona el comportamiento político y ayuda a predecir conflictos y alianzas globales (www.uax.com)

Los aspectos clave de la geopolítica son: la influencia del territorio, que estudia el impacto de los recursos naturales, el clima, la ubicación y el relieve en las decisiones de un país; el poder y la soberanía, que analiza la relación entre el poder del estado y su capacidad de controlar y gestionar su territorio; y, las relaciones internacionales, que examinan cómo las naciones compiten o cooperan por el dominio o la influencia en áreas estratégicas como rutas marítimas o recursos energéticos.

En este diplomado se trataron temas como los combustibles, la transición energética, el agua y el cambio climático, el turismo, las rutas y acuerdos comerciales, la electromovilidad, la salud, la agricultura y agroindustria, la inversión extranjera o la computación cuántica, en un esquema de participación dinámica donde eran más las dudas que las certezas.

Esta interacción abrió desde el inicio del curso, el ejercicio de pensar y vincular cada temática con nuestra responsabilidad diaria en la esfera de la administración. Como académico químicamente puro y servidor público, confieso que tenía reducidas expectativas de este diplomado y de otros. Hoy creo que los diplomados y cursos pueden ayudar a tomar mejores decisiones y aplicar propuestas de más impacto en la administración pública en el corto plazo, para esperar los posgraduados en el mediano y largo plazo.

Otro logro significativo, es que a cada participante se le pidió desde el inicio una propuesta de política de fácil aplicación en sus áreas de trabajo. Ya contamos con más de 300 aportaciones: experiencias locales, nacionales e internacionales, además de proyectos y acciones que conformarán el libro Soluciones bioeconómicas para el desarrollo de Puebla.

Estamos convencidos de que la educación y la ciencia pública deben estar al servicio de los problemas públicos, razón de ser de las instituciones creadas al servicio de la sociedad. El Colegio de Puebla, el colegio de los poblanos, así lo ha entendido y actuaremos en consecuencia.  

¡Mil diplomas a los padres y Feliz Día del Padre!

 

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Alberto Jiménez Merino

Ingeniero Agrónomo. Exrector de la Universidad Chapingo. Trabajó como secretario en 3 administraciones estatales. Consultor FAO. Tiene 3 Doctorados Honoris Causa y 15 libros escritos. Candidato del PRI a la gubernatura 2019.