Un gobierno al que se le hizo bolas el engrudo
- Rafael Micalco Méndez
Derivado de una soberbia exacerbada o, en el mejor de los casos, de una pésima asesoría política, el Gobierno del Estado de Puebla ha optado por una ruta peligrosa, que es el intentar construir credibilidad a partir de información que cambia cada vez que se le cuestiona. Hoy dicen una cosa, mañana otra, y pasado mañana corrigen lo que aseguraban como definitivo.
Y no, no se trata de perfeccionar un proyecto. Se trata de algo más delicado, pretender construir certeza pública con información que cambia cada vez que se cuestiona, razón por la que reservaron la información por cinco años.
El caso del proyecto del Cablebús es el ejemplo más claro. Han cambiado cifras, han modificado impactos, han ajustado el proyecto sobre la marcha y, aún así, pretenden sostener que existe certeza.
Pero la realidad es otra: cuando por fin empieza a difundirse más detalles del proyecto, las dudas no disminuyen, al contrario; se multiplican. El propio gobierno reconoce que el sistema operará con una capacidad de entre mil y mil 250 pasajeros por hora, en una ciudad que registra más de 4 millones 400 mil viajes diarios. Es decir, el impacto real del Cablebús frente a la necesidad de movilidad es, en el mejor de los casos, paupérrimo.
A esto se suma que el servicio costará hasta 12 pesos por trayecto y la gratuidad se limitará a ciertos sectores, lo que confirma que no es una solución universal ni estructural. Pese a la narrativa de modernidad, el propio proyecto admite que no compite en tiempos de traslado con el transporte privado o RUTA; que continúa siendo más rápido.
Pero quizá lo más revelador es que el Gobierno del Estado confirmó que el impacto ambiental pasó de casi 980 árboles a apenas 97 ejemplares “intervenidos”. Esta cifra, lejos de dar tranquilidad, refuerza la sospecha de que, más que una mejora técnica, el cambio parece un simple ajuste a la narrativa.
Este lunes 13 de abril, lo que presentó el Gobierno del Estado no fue un informe técnico, sino una exposición general acompañada de láminas y datos parciales.
Las cosas como son: presentar diapositivas no es rendir cuentas. Cuando no hay información completa y no hay documentos públicos verificables, lo único que queda, una vez más, es el discurso. El mismo que, además, se acompaña de una actitud cada vez más confrontativa y arrogante. Porque hoy en Puebla, quien cuestiona incomoda, quien opina distinto estorba y quien señala inconsistencias es desacreditado.
Lejos de abrir el diálogo, el gobierno ha optado por responder con cifras que cambian y narrativas que se ajustan según la presión del momento.
Ese mismo patrón ya lo vimos en el llamado Paseo de Campeonas y Campeones. Un proyecto que terminó evidenciando un pésimo manejo político y social. No por su intención, sino por su ejecución; sin consenso, sin sensibilidad y con una respuesta institucional más enfocada en justificar que en escuchar.
Porque hoy, lo urgente no es resolver los problemas de la ciudadanía, lo urgente es alinearse políticamente a intereses incluso del gobierno federal. Y en ese contexto, la reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Ciudad Modelo dejó una imagen que no puede ignorarse. Lo que debía ser un evento institucional se convirtió en un escenario de inconformidad, porque habitantes de San José Chiapa expresaron su rechazo, abuchearon al Ejecutivo Estatal y cuestionaron proyectos que consideran ajenos a sus necesidades.
La respuesta de la Presidenta con A, tampoco pasó desapercibida. Lejos de escuchar y entender a los ciudadanos, se confrontó. Esto refleja algo más profundo; un gobierno que ha optado por darle la espalda a la ciudadanía.
Porque cuando las decisiones no se explican, cuando la información se oculta y cuando las críticas se enfrentan más allá de atenderse, lo que se genera no es gobernabilidad, es desconfianza.
Puebla enfrenta, más que un proyecto cuestionado, un gobierno que transmite opacidad, que muestra gran alergia a la transparencia y que, poco a poco, comienza a parecerse en aquello que tanto criticó.
Un gobierno sin rumbo claro, con decisiones que se corrigen sobre la marcha y con una narrativa que ya no alcanza para sostener la realidad. Claramente el problema no es equivocarse, pero sí, no reconocerlo. Y cuando eso pasa, el engrudo no solo se hace bolas, se le cae en las manos al propio gobierno.
Opinion para Interiores:
Anteriores
Licenciado en Administración UPAEP; miembro activo del PAN desde 1988; consejero nacional y estatal; expresidente CDM PAN Amozoc 1999; expresidente estatal PAN Puebla en 2006-2009 y 2012-2015; exdelegado federal del Trabajo 2010; exsecretario CEN PAN 2018. Ha sido diputado federal y actualmente es diputado local en Puebla.
