Cablebús, movilidad sin raíces

  • Rafael Micalco Méndez
¿De verdad creemos que un árbol de 50 años puede trasladarse como si fuera una banca de parque?

¿De verdad creemos que un árbol de 50 años puede trasladarse como si fuera una banca de parque?

Esa es la pregunta que hoy rodea al proyecto del Cablebús en el estado de Puebla. No se trata de estar en contra de la movilidad, considero que nadie lo está, sino el de cuestionar la forma en que se pretende construirla, por ejemplo con prisa, con total opacidad y con una desconfianza ciudadana.

He escuchado con total atención la narrativa del Gobierno del Estado, donde no hay ecocidio, que el impacto se redujo y que los árboles no serán talados, serán trasplantados. Suena aparentemente bien en el discurso, pero cuando se contrasta con datos y opiniones técnicas, la realidad es mucho más que compleja.

Especialistas han advertido que trasplantar árboles maduros implica, en muchos casos, la pérdida de gran parte de su sistema de raíces, lo que reduce significativamente sus probabilidades de sobrevivir.

Asimismo, no puede ignorarse que diversos sectores de la ciudadanía se han manifestado en contra del proyecto, expresando su preocupación por las posibles afectaciones al arbolado urbano y la falta de información clara sobre su ejecución. Estas expresiones no deben desestimarse, pues reflejan una exigencia legítima de participación, transparencia y respeto al entorno ambiental en decisiones que impactan directamente la vida de las y los poblanos.

En este contexto, se suma un hecho ocurrido recientemente, el incendio en el Cerro de Amalucan, justo en una de las zonas donde se proyecta la instalación de una estación del Cablebús. Más allá de lo que determinen las autoridades, es imposible ignorar que este tipo de actos, en el momento en que ocurren y en el lugar en que suceden, generan una sospecha social.

Porque cuando un área natural se ve afectada en paralelo a un proyecto de infraestructura, la coincidencia se vuelve motivo de escrutinio público y de exigencia por parte de la ciudadanía.

Además, la falta de información pública sobre estudios de impacto ambiental genera una preocupación legítima. No basta con decir que todo está bajo control. En un proyecto de esta magnitud, la transparencia no es opcional, es indispensable. Pero el Gobierno del Estado de Puebla, reservó la “totalidad de estudios que sustentaron la implementación del cablebús”, información que se ha clasificado en su modalidad de RESERVADA hasta por cinco años”, sin dar explicación de esa decisión.

Ante dicha situación, la propia Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido, en el estudio de la Controversia Constitucional 17/2025, que no corresponde a las entidades federativas establecer los términos en los que procede la reserva de información por motivos de “Seguridad Nacional”, pues se trata de una materia de carácter federal. Bajo esa lógica, clasificar información relevante de un proyecto de infraestructura pública no solo genera desconfianza, también podría implicar una vulneración al derecho de acceso a la información y a los principios de transparencia que deben regir toda obra de esta magnitud. Y cuando la información se oculta, siempre surgen dudas inevitables: ¿Lo que se esconde es solo información? o ¿detrás del proyecto existen intereses personales que no quieren que salga a la luz?

A esto se suma un tema que no puede pasarse por alto. El propio marco urbano del municipio de Puebla establece restricciones claras para el uso de suelo en parques y áreas verdes. Esto no es un asunto menor, de hecho, ya se ha reconocido públicamente por parte del presidente municipal de Puebla José Chedraui, la necesidad de modificar la normativa para permitir estaciones del cablebús.

No se discute si Puebla necesita movilidad, eso es evidente. Lo que debe ser claro y preciso es si esa movilidad puede construirse sin sacrificar el equilibrio ambiental, sin forzar la ley y sin convencer a la ciudadanía que crea en el proyecto a través de influencers.

Hoy Puebla tiene la oportunidad de demostrar que sí se puede planear con visión, con sustento técnico, socializando y respetando el entorno. Pero para lograrlo, es necesario detenerse, revisar, transparentar y corregir lo que haga falta. Porque los árboles no son un obstáculo para el desarrollo; son parte de él. Y antes de mover un solo árbol, lo mínimo que debemos exigir es certeza. Gobernar no es solo construir obras, es hacerse responsable de las consecuencias que estas dejarán.

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Rafael Micalco Méndez

Licenciado en Administración UPAEP; miembro activo del PAN desde 1988; consejero nacional y estatal; expresidente CDM PAN Amozoc 1999; expresidente estatal PAN Puebla en 2006-2009 y 2012-2015; exdelegado federal del Trabajo 2010; exsecretario CEN PAN 2018. Ha sido diputado federal y actualmente es diputado local en Puebla.