Desarrollo por decreto
- Ociel Mora
El gobernador Armenta tiene la fe del carbonero. Supone que basta su voluntad para que los grandes problemas estructurales se resuelvan y el desarrollo brote como hongos tras la primera lluvia. En materia de desarrollo no bastan las buenas intenciones para que ocurra la magia; salvo cuando, en la correlación costo-beneficio, se ocultan datos.
Lo sabemos por experiencia: en política los actos de fe son peligrosos, cuando no funestos. Socavan la hacienda pública, que es el bienestar de todos. Puebla arrastra un daño inconmensurable por los “elefantes blancos”, herencia nefasta de exgobernantes iluminados que actuaron por corazonadas —o por juego velado— prescindiendo del supremo mandante: la voz de la ciudadanía.
Dos ejemplos al azar: La Célula, con Mario Marín, y el Tren Puebla-Cholula, con Rafael Moreno Valle. En ambos casos se ignoró la opinión pública, porque en el concepto del gobierno las personas —sean especialistas, periodistas, sociedad civil o ciudadanos llanos— no están para opinar, sino para obedecer y callar. No tendrían, según esa lógica, las capacidades para meterse en asuntos reservados a la sapiencia oficial.
El señor García Parra —o Parra García, o como sea— lo restriega a cada rato contra los intelectuales, ecologistas, urbanistas, universitarios, artistas y todo aquel que ose interesarse por el devenir de su ciudad. Los acusa de ser marionetas manipuladas por partidos. Es el viejo paternalismo colonial: ustedes no hablen, yo sé qué les conviene.
Muy peligroso que un personaje sin Ningún mandato popular se arrogue potestades jurídicas de cancelar derechos. Los partidos de oposición no son enemigos del gobierno son el gobierno constituido, su base de legitimación. Torpedearlos es ilegal, salvo que se aproveche el caso para hacer campaña política. Lo que podría constituirse en actos adelantados de campaña.
El desarrollo de infraestructura urbana en una ciudad con las complejidades de Puebla exige, primero, transparencia —mucha transparencia—; segundo, atender escrupulosamente la legalidad aplicable (artículo 26 de la CPEUM, leyes de planeación y el PED); y tercero, el concurso real de la población.
Amén de diagnósticos técnicos robustos y de información accesible, requiere la participación efectiva de especialistas en cada etapa de ejecución y, sobre todo, consensos. Muchos consensos.
Escuchar es un valor cívico. Aplicarlo, en cambio, suele ser un fastidio. Lo demostró el alcalde Chedraui con su arrebato: si la ley estorba, se cambia. Omite que la ley es la organización política que la ciudad se ha dado y que él protestó cumplir y hacer cumplir. El siguiente paso sería declararse en rebeldía contra la Constitución por considerarla limitante.
El del Cablebús es un problema que amenaza la salud pública, con consecuencias impredecibles si se impone como ha sido anunciado. El proyecto implica deforestar una ciudad con graves déficits de áreas verdes. De acuerdo con indicadores oficiales, está muy por debajo de la norma recomendada por la Organización Mundial de la Salud.
No se confunda: no es oposición a rajatabla al gobierno ni a la movilidad ni a personas en cargos públicos. Es ejercicio de ciudadanía. No es una disputa de suma cero. Es, como se decía en la baja Edad Media, de ayuntar.
El problema de fondo no es la movilidad, sino el acceso a la ciudad y el derecho a protegerla mancomunadamente. Finalmente, hasta la UNESCO la tutela. Está en juego la calidad del aire, los ya escasos recursos hídricos, las temperaturas cada vez más extremas y, en última instancia, la salud física y mental de la población.
El tema no es estar contra la movilidad; es preguntarse qué movilidad se procura, con qué criterios y qué externalidades se pretende que paguemos. La crisis gubernamental se origina en ignorar a la población, no escucharla y desdeñarla, como si buena parte de ella no estuviera fundada en razón y derecho. El gobierno se niega a explorar otras opciones. Como el Metrobús, todavía el mejor transporte de la ciudad.
Ayer mismo, Sergio Mastretta difundió un video que demuestra que las escasas áreas verdes que sobreviven en la ciudad son obra —huella ambiental, dice el gobernador— no de los gobiernos, sino pese a ellos. Se trata de Puebla Verde, que ha enfrentado a sucesivas administraciones ansiosas por rematarlo todo.
Chayo News
Sin proponérmelo, el otro día abrí la baraja sobre eventuales candidatos a la presidencia municipal de Pahuatlán para el año entrante, cuando la población sea convocada a las urnas para elegir nuevo cabildo.
No preví reacciones airadas. En la lista están quienes, abierta o discretamente, hacen trabajo de topo con la esperanza de ser postulados por un partido y, ya candidatos, buscar la confianza —y el voto— de la gente.
De esa lista —creo estar seguro— saldrá el próximo gobernante municipal, salvo que irrumpa un outsider, como hace cinco años, o que desde Puebla se imponga un advenedizo al amparo de la reforma electoral en curso. Conociendo el talante del pueblo, difícilmente prosperaría un centralazo.
La población —mitad indígena, mitad mestiza— es escéptica frente a la política. Quienes ayudaron en el pasado, esperanzados en promesas, se dicen engañados. A todos juzgan por igual: malos y corruptos, sin distinción de partido o persona. Es su ethos político.
La del pueblito es quizá la opinión pública más fogosa e inclemente del rumbo. Pese a jerarquías económicas y sociales, todos se conocen hasta los secretos más íntimos y, llegada la hora, los exhiben. En la escala de reputación y riqueza, son más los que bajan que los que suben.
Una forma rápida de subir —y de caer— es meterse a la política. Al final, los votantes se resignan y aprovechan “el reparto” en los días y horas previas a la votación. Son conscientes de lo que tienen enfrente. Salvo que se vayan a Miramar a traer, a su conveniencia, un nuevo Maximiliano. Pero eso, me temo, no ocurrirá.
Quienes son los topos. En estricto orden alfabético por el nombre, para que no se me acuse de favoritismo:
- Arturo Hernández, expresidente y excandidato, ha transitado del PRD al PAN, tiene buenas relaciones con izquierdistas de la vieja guardia;
- Benjamín Ramírez, excandidato en dos procesos municipales, presidente auxiliar en funciones, es ave de tempestades;
- Brenda Varga Aparicio, exregidora de gobernación municipal y regidora en funciones de gobernación, y maestra.
- Carlos Lechuga, rector de la Universidad Tecnológica de Xicotepec, ex diputado local, presume buenas relaciones en la capital, pero sin presencia en los pueblos;
- Enrique Castillo, excandidato en 2024, ex funcionario en la secretaría de Desarrollo Social, ex funcionario municipal, es de la vieja guardia de políticos priistas locales y hacedores, reposicionado con los cambios en Gobernación;
- Gabino Hernández, expresidente auxiliar de Xolotla, y excandidato municipal, indígena náhuatl, conocido de López Obrador, habló ante su presencia durante la visita del presidente a la comunidad de San Pablito, en 2019, le sale el habla de corridito, es licenciado, youtuber, es discreto y tenaz, en mi libro digo que es esta destinado a ser presidente;
- Manuel Hernández, expresidente auxiliar de Xolotla, comunidad nahua, hablante de su lengua materna, empresario exitoso, con vínculos en el municipio, ha desempeñado todos los cargos religiosos, imprescindibles para aspirar a cargos políticos.
- Marisela Lechuga, indígena otomí de la comunidad de San Pablito, exregidora municipal, y con muchas y buenas relaciones en la ciudad de México, con el grupo duro de Morena y en el INPI.
- Mitzayo Miyano Lechuga, es de la cabecera, no es política, hasta ahora que fue nombrada al frente del DIF municipal, con buen desempeño en ese cargo, proviene de un doctor muy querido en la cabecera.
- Pedro Romero, es originario de comunidad indígena, habla la lengua, sus hijos van a escuela bilingüe, es ingeniero, cursa una maestría, tiene experiencia en obra pública en varios municipios, actualmente es director en la administración municipal, tiene proyectos fuera del municipio, incluso en el Tren Maya, en las elecciones pasada contendió forzado para presidente auxiliar, seguro que de ganar lo limitaría para algo más.
- Sixto Vargas, es de la cabecera, aunque con raíces en la comunidad de Xolotla, es político receloso, se ha negado a participar en administraciones municipales, aunque su participación ha sido determinante para el triunfo de varios alcaldes, es de los comerciantes emergentes que vienen de mero abajo, tiene buenas relaciones en todos los pueblos, encabeza a MC. Tiene claro que el desarrollo del municipio pasa, entre otras cosas, por la educación, para lo cual hace años que viene insistiendo en el establecimiento de una universidad.
Aclaro: hasta ahora ninguno de los mencionados me ha dicho que quiere ser presidente. La lista responde a mi experiencia como observador del desarrollo político del pueblito, desde 1999. En un cuarto de siglo no me he equivocado en mis estudios demoscópicos.
En Pahuatlán, todo lo relativo a la política se asocia con dinero. Mucho dinero. Se preguntan quién me paga y por qué escribo lo que escribo, cuando ni siquiera soy de por allá. En esta ocasión, la sospecha es que ayudo a los aspirantes de Eduardo Romero, alcalde en funciones.
Soy consultor en desarrollo social y cultura, especialmente en temas vinculados con pueblos indígenas. Elaboré el primer Plan Municipal de Desarrollo para Pahuatlán antes de que fuera exigencia legal. Después, sin rubor, lo fusilaron. He cobrado por servicios profesionales —como todos—, nunca por hablar bien o mal de nadie.
¿Romero meterá las manos en la próxima elección? Apuesto uno a dos que no, salvo instrucción expresa de Puebla. Lo suyo es el cálculo: tendría más que perder que ganar. Tras su doble periodo, probablemente volverá a sus negocios y acaso busque mantener vínculos sociales mediante alguna asociación civil. El tiempo dirá.
Tal vez busque –estoy especulando– mantener buenas relaciones con la gente de los pueblos, para lo que podría fundar una Asociación Civil y mantener vivo el espíritu filantrópico del tío Joel Romero y del padre, Eduardo Romero. Gracias a esa labor social, como salido de la nada, bueno, de una carrera de caballos en un claro del río, fue como hace cinco años se hizo presidente".
Lo demás es especulación. Y la política, en el pueblito, nunca es lineal.
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Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.
