Y sigue la mata dando
- Antonio Madrid
Con esta van tres entregas en donde lamentablemente tenemos que hablar de casos delictivos que, juntos, van sumando un índice preocupante. Y lo peor, en los últimos hechos han estado involucrados menores de edad. Niños, pues.
El primer caso que conmocionó fue el de un bebé que murió a consecuencia de un balazo tras un supuesto intento de asalto en la carretera Ahuazotepec-Zacatlán. Todavía no nos podíamos recuperar del asombro de dichos actos, cuando ya no estábamos enterando de una pareja que fue detenida tras haber sido descubierto qué en el patio de su casa, habían enterrado el cadáver de una niña de ocho años, de nombre Lluvia, crimen que presuntamente fue cometido por ellos mismos. Ufff. ¿De que clase de chacales estamos hablando?
Los hechos, de acuerdo a lo recabado por la Fiscalía del Estado, ocurrieron así: La niña, al igual que otros dos hermanos suyos, sufrían permanentemente de violencia intrafamiliar. No seamos eufemistas: los padres los golpeaban. Un día la pequeña Lluvia - hermoso y singular nombre en medio de un hogar tan disfuncional- desapareció. Los vecinos, algunos, comenzaron a cuestionarse qué había sucedido. Desde luego imaginaron lo peor, pero... ¿quién se atreve a denunciar sin tener prueba alguna más que la sospecha y peor aun, tratándose de gente que sí se atreve a dañar a sus propios hijos?, ¿que no hará con gentes ajenas?
El tiempo siguió su curso y en una ocasión, la madre, ante la insistencia de las sospechas, explicó que la niña había muerto y que la habían ido a sepultar al panteón de manera muy rápida. Obviamente la gente no creyó eso, pero siguieron callando. Fue hasta que el DIF municipal de Huauchinango, ciudad donde ocurrió esta monstruosidad, resguardó a los dos pequeños restantes, que estos denunciaron los verdaderos hechos.
Al acudir la policía al domicilio, ubicado en el populoso barrio de San Juan, pudo comprobarse la veracidad de las sospechas. La niña - es decir, el cadáver- se encontraba sepultado en el patio de la casa. Encima habían echado una capa de cemento.
El hecho, como decíamos al principio, conmocionó a la ciudadanía. Y no es que la muerte de un adulto no conmocione, pero cegar la vida de un niño o una niña, en este caso, resulta por lo menos monstruoso y mucho más si viene de sus propios padres. Bueno, el hombre era el padrastro.
Ante esta situación, que volvió a dirigir los reflectores de medios estatales y nacionales hacia Huauchinango, en los días siguientes un helicóptero de la Policía Estatal sobrevoló la ciudad con la sirena encendida, hecho que en una ciudad pequeña como es Huauchinango, causó sobresalto, asombro, pero sobre todo morbo.
¿Y después? Después todo siguió como si nada hubiera ocurrido. No es que el gobierno tenga que colocar un policía por cada ciudadano para evitar hechos delictivos, es que la impunidad y no otra cosa, es la que alienta estos hechos monstruosos.
En medio de todo esto (un día antes) fue asesinada una mujer en Tlaola a balazos en la vía pública con un arma calibre 45.
Ufff. Algo mal se está haciendo en la Sierra Norte, para que seamos noticia a nivel nacional, por hechos delictivos y no por otras cosas positivas que también tenemos. Ojalá la estrategia de seguridad cambie. No se vayan a tardar mucho.
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Comunicador y periodista. Reportero, corresponsal y columnista (La Pasarela) en diversos medios poblanos. Ha ejercido su labor reporteril en radio, televisión y prensa escrita en medios de Huauchinango y Xicotepec.
