Libertad de expresión, derecho humano por excelencia

  • Pablo Rangel Sarrelangue
Observaciones que generan molestia. Señalamientos puntuales. Sin censuras.

Para no hacer mi icono pedazos, para salvarme entre únicos e impares, para cederme un lugar en su parnaso, para darme un rincón en sus altares, me vienen a convidar a arrepentirme, me vienen a convidar a que no pierda, me vienen a convidar a indefinirme, me vienen a convidar a tanta mierda.

                                                                                                Silvio Rodríguez Domínguez.

 

En el sistema político de las democracias representativas, el estado es gobernado por personas que, mediante el mandato colectivo del voto popular, administran y gestionan las finanzas públicas, es decir, la propiedad colectiva, vamos nuestro dinero.

Debido a lo que cito en líneas anteriores el ciudadano tiene un inalienable derecho de información, por ello habrá que destacar que la información es de dominio público y que con tal motivo  se trata de un bien público común que no  puede ser objeto de censura o represión por parte de ningún poder público o particular.

He precisado lo anterior considerando la molestia que han generado mis líneas a los integrantes del poder público, sobre lo cual debo señalar que todas mis columnas se encuentran impregnadas de una realidad social que si bien lastima o hiere susceptibilidades, reitero no se apartan de la realidad.

La libertad de expresión consagra la posibilidad de todas las personas de dar a conocer sus opiniones y puntos de vista, los que pueden estar inmersos y fusionados tanto de vocaciones personales, circunstancias políticas, sociales, religiosas, educativas y culturales, por tanto,  no se  genera nunca razón para persuadir al silencio al autor de “Sin Atajos” y menos aún para pretender la  censura.

A los dueños de las estructuras de gobierno les molesta un señalamiento claro y especifico de sus corruptelas, es decir, que con certeza se afirme entre otras cosas que he sostenido, que el grupo de agregados culturales traídos por el gobierno del doctor Rafael Moreno Valle Rosas, haya llegado a Puebla, a comer con olivo, cuando estaban acostumbrados a los tacos de canasta en la capital del país.

Ciertamente no representa una afrenta el deleitar tacos de canasta, empero sí grave que ahora con el erario público sea una constante encontrar al advenedizo personal de la fiscalía general comiendo en los mejores restaurantes de Puebla, pero además es grave que por vía del  ejercicio del poder público se pretenda acallar.

Cuantas veces sea necesario diremos que las cosas en la impartición y administración de justicia no andan bien, que una mafia domina la fiscalía general del estado, que se cambian los cargos a modo y acomodo, que en Puebla existe basto intelecto para rescatar dicha fiscalía, también seguiremos destacando la existencia de jueces de consigna, corruptos e ineptos que al unísono con un determinado grupo de magistrados se han enriquecido soberbiamente y sobre ello con datos precisos podemos presentar sus majestuosas mansiones en los fraccionamientos de la  Vista y el Cristo.

No es menester para el autor de estas líneas hacer un escándalo de la censura, pues sabedor estoy de las instancias a quienes se debe acceder en cada caso, pero sí es relevante con dignidad decir no a la persuasión y asumir en todo caso con  responsabilidad  lo que podría ser intimidación.

                                                                                            jurí[email protected]

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Pablo Rangel Sarrelangue

Abogado por la Benemerita Universidad Autonoma de Puebla, Maestro en Derecho Penal por la Universidad Autonoma de Tlaxcala, Ex-Secretario de Juzgado de  Distrito de Tribunal Colegiado y Tribunal Unitario en el Poder Judicial de la Federacion