México, país emisor, de tránsito y receptor de migrantes
- Antonio Betancourt
Hace casi dieciséis años, dos estrenados presidentes, George W. Bush, de Estados Unidos, y Vicente Fox, de México, se reunieron en el rancho de este último en Guanajuato para discutir asuntos de estado, encuentro que terminó trazando los grandes contornos de un acuerdo potencial sobre migración. Ambos mandatarios estaban preocupados por el gran número de mexicanos que cruzan la frontera sin documentos y de cómo reducir y regularizar este flujo.
Hoy en día, la realidad no podría ser más diferente. Por las políticas del tirano Donald Trump, el número de mexicanos que ilegalmente cruzan la línea divisoria ha caído a un mínimo en 40 años, y es casi seguro que son más los que salen de los Estados Unidos que los que llegan.
La mayoría de los inmigrantes que cruzan son ahora centroamericanos, y los gobiernos de ambos países deben trabajar estrechamente para encontrar formas de limitar este flujo, mantener a las personas en sus países de origen, y evitarles el peligroso viaje hacia el norte.
Pero lo más sorprendente es el creciente número de estadounidenses en México, alrededor de un millón, un grupo tan grande de ciudadanos como los que viven en todos los países de la Unión Europea combinada. Un gran porcentaje de ellos son indocumentados en nuestro país, por lo que la agenda migratoria entre ambas naciones necesita ser radicalmente diferente de lo que era hace dieciséis años.
Ambos países tienen interés en limitar los flujos no autorizados de migrantes, asegurar un movimiento ordenado y legal, y garantizar servicios consulares a expatriados y residentes. Si bien las discusiones públicas sobre la migración continuarán, los flujos más importantes hacia el norte seguirán siendo de Centroamérica, por lo que más que nunca se necesita una cooperación bilateral en lugar de esfuerzos unilaterales y racistas.
Recientes encuestas elaboradas por despachos especializados en los Estados Unidos aseguran que la inmigración en general es un tema que importa cada vez menos al público estadounidense, y que la atención se centra, más bien, en lograr un sistema legal de inmigración permanente.
Hoy, México es un país emisor, de tránsito y receptor de migrantes, mientras que Estados Unidos es tanto un país emisor como un país receptor. Urge ajustar esta realidad a las discusiones y desarrollar políticas que aborden una mayor complejidad en la relación entre los dos países. Puede tomar un tiempo para que la percepción pública y la política pública alcancen cambios, pero vale la pena intentarlo.
PARA EL REGISTRO Hablando de coherencias. México prometió a Centroamérica que dará un tratamiento digno y de profundo respeto a los derechos humanos de los migrantes irregulares de esa región que transitan por territorio mexicano hacia los Estados Unidos. Esta promesa fue planteada por el canciller Luis Videgaray en una cita que tuvo la víspera en Costa Rica con los cancilleres del país anfitrión, de Guatemala, de Panamá, de Honduras y de Belice. Promesas, la verdad, siempre incumplidas. A la par que exige respeto a sus migrantes en territorio estadunidense, el gobierno mexicano pisotea una y otra vez la dignidad de los hermanos centroamericanos quienes no tienen en nuestro país garantía ni de tránsito ni de vida. Gracias y buen inicio de semana.
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Periodista e investigador por la UNAM. Miembro fundador del periódico La Crónica de Hoy, trabajó en ese medio de 1997 a 2002, año en el que la Corresponsalía de The New York Times en México lo llamó para enrolarse como reportero investigador. Laboró en ese importante medio hasta 2011 para después fungir como Coordinador Web de Azteca América, en Tv Azteca, a cargo de contenidos para la población hispana en los Estados Unidos. Hoy es columnista en temas de seguridad nacional, narcotráfico y política, además de impartir cátedra universitaria en periodismo de investigación.
