Persian
- Alejandra Fonseca
Tenía un ojo bueno. Inclinaba su cabeza y con ése observaba el mundo. El azul de su ojo sano se había encendido como si se hubiera sumado y multiplicado el azul del ojo perdido por el cáncer. Le saltaba chispas en su mirada y así me veía.
Un día le salió una protuberancia en el lado izquierdo superior de su cabeza. Pensé era un colmillo infectado y la llevé al veterinario. Era su último diente. Tenía 18 años. Se lo sacaron pero la protuberancia aumentó. Le saqué placas… ahí estaba el tumor. Le había comido la mandíbula superior izquierda pero admirablemente podía abrir su hocico para comer. “Déjala, --me dijo el veterinario--, no le hagas nada ya, mientras coma va a estar bien”.
Y estuvo bien. Pasaban los meses y estaba bien mi gatita. La señora que atiende la casa, dijo: “La Persian se va a morir cuando ella quiera”. Era brava, irreverente hasta con la muerte. No cedía ni un ápice ante su circunstancia. Tenía tanto coraje y ganas de vivir. No se amedrentaba. Amaba subir al techo a tomar el solecito de la mañana después de desayunar. Se quedaba ahí hasta que yo regresaba del trabajo, bajaba las escaleras y me seguía hasta la cocina ya que sabía que siempre había algo para ella y se sentaba a esperar con toda paciencia a que le tocara. Después se aposentaba en mi cama y ahí se quedaba hasta que era hora de llevarla a su camita donde todo le quedaba fácil, cerca y con luz.
Su salud manguó. Al caminar ya se iba de lado. Se caía pero se levantaba. Era fuerte. No dejaba de comer, por el contrario, cada día comía más. Hasta 4 platitos de papilla devoraba. Amigos y familiares me decían que ya era tiempo de ‘dormirla’, pero mientras ellos veían su lado enfermo y sus caídas, yo veía su ojo sano que me miraba con chispas retadoras , y su levantarse y volver a caminar y subir las escaleras. Ella siempre fue más su ojo sano su volver a intentarlo; siempre fue más su fortaleza, coraje y valentía. En esas condiciones ‘dormirla’ era traicionarla. No cedí ante la presión. Las palabras del veterinario resonaban en mi mente: “Mientras coma, va a estar bien”, y comía y comía con tantas ganas… Sabía que se moriría en la raya, y entonces, hasta que llegara la raya…
El viernes de la semana pasada Persian amaneció mal. Había llegado el momento. Sería en la casa que tanto amó y cuidó. Preparamos todo para el día siguiente. El sábado la consentimos como más pudimos tanto en alimentación como en llevarla a su lugar preferido de sol. Cuando llegó el momento subí por ella. La abracé. Le dije que todo iba a estar bien, y que era una gatita preciosa, que la amaba. Movía su colita en señal de alegría. La acariciaba. Cerraba su ojo. La sostuve todo el tiempo cerca de mi pecho. Sentía sus palpitaciones y respiración… hasta lo último…
La enterramos en el campo en una cabaña de nuestra propiedad.
Opinion para Interiores:
Otras Opiniones
-
Carlos Figueroa IbarraFrancisco Vélez Pliego y una nueva agenda universitaria -
Raúl Torres SalmerónLos sucesos ocultos en la elección del Papa León XIV -
Eduardo García AnguianoContrastes mexicanos -
Facundo Rosas RosasFinalmente el balón sí rodó -
Alejandra FonsecaPaz interior, un acto de amor -
Rodolfo Herrera CharoletMéxico 2026
