Cablebús: “Por amor a Puebla”, transparencia

  • Rafael Micalco Méndez
Hoy el problema ya no es solo el cablebús, el problema es la forma en que se gobierna

En política, la palabra debe ser compromiso. En Puebla, empieza a parecer más un discurso. Durante el mes de marzo, el Gobierno del Estado aseguró que presentaría el estudio final del Cablebús el 31 de marzo del año en curso, incluyendo el número total de árboles que serían trasplantados.

Lo dijeron con toda seguridad, respaldados según ellos por el apoyo de más de un millón de poblanos y una encuesta realizada por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), que señalaba un 64% de aprobación. Sin embargo, pasó la fecha y el cumplimiento de esa promesa tan esperada por todos los poblanos, nunca llegó. Cabe mencionar que este no es un tema político ni ideológico ni religioso, es un tema ciudadano completamente ambiental y de sentido común.

Porque cuando se habla del Cablebús, no se está discutiendo una postura partidista, pero sí el impacto real que tendrá en el entorno, en la calidad de vida y en el futuro ambiental de Puebla.

Y aquí es donde empiezan las contradicciones: por un lado, el gobierno insiste en que se trata de un proyecto de movilidad indispensable; pero por otro, el propio gobierno ha reconocido que este sistema de transporte no resolverá de fondo el problema de movilidad en la ciudad, lo que pone en duda el verdadero alcance de la obra frente al costo ambiental que implica.

Entonces, la pregunta es: si no soluciona el problema estructural, ¿por qué asumir un riesgo ambiental de esta magnitud? Porque cuando un gobierno fija fechas y, sobre todo, presume con absoluta certeza un respaldo científico y social, lo mínimo que se espera es el cumplimiento de su palabra.

Sin embargo, hoy la realidad es otra, no hay estudio público, no hay claridad total sobre el impacto ambiental y, peor aún, la información fue reservada hasta por cinco años. Es decir, se pidió confianza mientras se oculta la información. Eso deja a las y los poblanos en una posición inaceptable: tomar postura frente a un proyecto del que no pueden conocer sus bases técnicas reales.

Además, los errores ya son evidentes. El propio gobierno reconoció fallas en la plantación de árboles en el CIS de Angelópolis, que supuestamente serían parte de la compensación ambiental del proyecto. Apenas tres semanas después de haber sido plantados, fueron retiradas especies exóticas y reubicados cientos de ejemplares por el uso de especies incorrectas. Si no pueden ejecutar correctamente una reforestación, ¿cómo garantizarán el éxito del trasplante de árboles maduros?

Y mientras tanto, el discurso cambia constantemente: se dice que no hay daño, pero que el impacto se redujo; se afirma que es sustentable, pero no se muestran los estudios; se habla de respaldo social, mientras las manifestaciones ciudadanas en contra son constantes; demasiadas versiones para una sola obra.

La forma en que se ha construido esta narrativa pública en torno al proyecto es cada vez más evidente. Se trata de una sola versión que se replica y posiciona desde distintos espacios de comunicación, queriendo usar el poder del convencimiento. No obstante, las dudas legítimas de la ciudadanía continúan sin respuesta.

Por si fuera poco, este 6 de abril vuelve a cambiar la historia. Ahora se anuncia que el “proyecto final” del Cablebús será presentado el próximo 13 de abril y no el 31 de marzo, como se comentó en un inicio; añadiendo que el número de torres se redujo y que, curiosamente, ya no se intervendrá el Cerro de Amalucan, sino únicamente su estacionamiento. Es decir, el proyecto que tenían como definido, ahora resulta que sigue ajustándose sobre la marcha. Al parecer, en Puebla los proyectos no se planean, se corrigen en tiempo real.

Y en medio de esa falta de claridad, surge inevitablemente una pregunta incómoda: ¿por qué tanto interés en avanzar sin transparentar? Porque cuando la información se reserva, cuando las fechas no se cumplen y cuando los errores técnicos se acumulan, la duda deja de ser política y se vuelve pública. Y es que Puebla no es la única entidad; son varios estados que están pretendiendo implementar este sistema de transporte, que afortunadamente, en Chiapas ya lo rechazaron.

Porque cuando un proyecto no resuelve el problema que promete atender, pero sí pone en riesgo el entorno ambiental, entonces deja de ser una solución y se convierte en una preocupación.

Por todo lo anterior, resulta fundamental que el Congreso del Estado ejerza plenamente sus atribuciones. La tribuna no es un espacio decorativo, es un instrumento de control democrático, cualquier funcionario del Ejecutivo estatal o municipal está obligado a comparecer cuando es requerido. No es un favor ni es opcional.

Desde el pasado 17 de marzo solicité la comparecencia del coordinador de gabinete, precisamente para que informe con claridad sobre este proyecto. Hoy ya la situación obliga al gobierno estatal a compartir la información con la ciudadanía, y con el Congreso del Estado. Porque la rendición de cuentas no es concesión del gobierno, es un derecho de las y los poblanos.

Hoy el problema ya no es solo el Cablebús, el problema es la forma en que se gobierna. Puebla no merece decisiones a ciegas, merece claridad, verdad y respeto, porque cuando un gobierno no cumple su palabra, lo que pierde no es un proyecto, es la confianza de su gente.

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Rafael Micalco Méndez

Licenciado en Administración UPAEP; miembro activo del PAN desde 1988; consejero nacional y estatal; expresidente CDM PAN Amozoc 1999; expresidente estatal PAN Puebla en 2006-2009 y 2012-2015; exdelegado federal del Trabajo 2010; exsecretario CEN PAN 2018. Ha sido diputado federal y actualmente es diputado local en Puebla.