México–Estados Unidos: el escenario del miedo

  • Norma Angélica Cuéllar
Entre anuncios de ayuda contra los cárteles y amenazas veladas, se normaliza lo impensable

La relación entre México y Estados Unidos entró en una fase de mayor tensión discursiva a partir de las recientes declaraciones del gobierno estadounidense sobre una ofensiva contra el narcotráfico.

Durante la Cumbre contra el Narcoterrorismo organizada por la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), la directora de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas (ONDCP), Sara Carter, afirmó que los principales cárteles de la región “tienen los días contados” y que “la ayuda está en camino”, al anunciar una estrategia integral impulsada por la administración de Donald Trump.

Carter sostuvo que Washington no permitirá que las organizaciones criminales continúen operando con impunidad y señaló al Cártel de Sinaloa y al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) como objetivos prioritarios. Aseguró que Estados Unidos empleará “todas las herramientas” legales, de inteligencia y de cooperación internacional para desmantelar sus cadenas de suministro, con énfasis en las drogas sintéticas. Aunque reconoció la responsabilidad estadounidense en la demanda interna de estupefacientes, dejó claro que ello no implica moderar la ofensiva.

El problema es que ese discurso triunfalista no incorpora la complejidad del terreno. Los cárteles no son actores externos ni estructuras fácilmente desplazables: están profundamente arraigados en territorios específicos, particularmente en las sierras, donde controlan economías locales, rutas estratégicas y redes sociales. Pensar en una “ayuda” externa en esos espacios implica asumir un escenario de confrontación armada que México no ha experimentado, un escenario desconocido y sumamente preocupante.

A esta dimensión territorial se suma una dimensión política que Estados Unidos parece minimizar. En el artículo de opinión “No son los cárteles lo que preocupan a Claudia Sheinbaum”, publicado por The New York Times, la periodista Mary Beth Sheridan advierte que el principal obstáculo para enfrentar al crimen organizado en México es la colusión entre cárteles y distintos niveles del Estado. “El problema no es simplemente que los grupos del narcotráfico ataquen al Estado —escribe—, es que con frecuencia forman parte de él”.

Según el NYT, una estrategia efectiva requeriría proceder no sólo contra los narcotraficantes, sino también contra funcionarios con presuntos vínculos criminales, incluidos actores del partido en el gobierno, Morena. Sin embargo, hacerlo implicaría altos costos políticos para la Presidenta, en un contexto de división interna entre grupos afines a Claudia Sheinbaum y sectores leales al expresidente Andrés Manuel López Obrador, en vísperas de elecciones intermedias, dice.

Donald Trump ha reforzado esta presión al acusar públicamente a Sheinbaum de estar “atemorizada” por los cárteles y de ejercer un control limitado sobre el país, al tiempo que insiste en que Estados Unidos “va a ayudar”. La mandataria mexicana ha respondido con cautela, defendiendo la soberanía y la cooperación bilateral, pero evitando un enfrentamiento frontal que pueda escalar el conflicto o fracturar su coalición política.

Más allá de si estas declaraciones se traducen o no en acciones concretas, lo relevante es el cambio de marco. La intervención ya no se anuncia como ruptura ni como imposición directa, sino como ayuda, cooperación o corresponsabilidad frente a una crisis compartida. Ese desplazamiento discursivo merece atención, no alarma automática, pero tampoco indiferencia. En una relación históricamente asimétrica, los escenarios que comienzan en el lenguaje quién sabe qué rumbo puedan tomar.

Así las cosas, en un mundo donde el intervencionismo ya se presenta como ayuda.

 

 

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Norma Angélica Cuéllar

Investigadora y periodista mexicana. Actualmente realiza una estancia de investigación posdoctoral en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP. Tiene publicaciones sobre migración y política en revistas especializadas y en diarios nacionales. Sus temas de investigación son migración, religión y política nacional.

 
 

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