¿Extrañas la escuela?
- Juan Martín López Calva
Como lo expresa Grijalva Martínez (2021) para una parte de los jóvenes, la escuela es un espacio opresivo, poco pertinente, y se generan contraculturas. Pertenecer a un grupo, con su propia cultura, idioma y estilo de vestir, empieza a ser más importante que cumplir con las tareas escolares. Estos factores individuales y sociales pueden jugar un papel importante en la decisión de abandonarla.
Víctor Manuel Vizcarra Muro. Factores detonadores de la deserción escolar en el nivel medio superior en México, p. 264.
Como dirían los famosos memes: “de los creadores de Vive saludable, vive feliz llega ahora La escuela te extraña”, otra de las geniales ocurrencias de la Secretaría de Educación Pública (SEP) que, como todas las demás áreas del gobierno al que pertenece, piensa que los problemas se resuelven con campañas, slogans y decretos o tal vez en el fondo no lo piensan, pero saben que estas son herramientas discursivas que permiten a las autoridades seguir fingiendo que cumplen con sus obligaciones, aunque sea con pura saliva.
La medida generó de inmediato algunas protestas legítimas en el sector magisterial crítico, puesto que muchos profesores consideran con razón que lo que plantea el programa excede las labores docentes para las que han sido formados y están fuera de su ámbito de competencia profesional como educadores de las futuras generaciones de ciudadanos de este país.
En efecto, según dice una nota publicada por Infobae el pasado 16 de octubre, firmada por Mariana L. Martínez: “Ante el incremento de la deserción escolar, la Secretaría de Educación Pública (SEP) de México implementará desde enero una estrategia bautizada como La escuela te extraña, cuyo propósito central es recuperar a los estudiantes que abandonan sus estudios…” El titular de la SEP federal, Mario Delgado planteó esta propuesta en su intervención en la Cámara de Diputados durante su comparecencia, afirmando que “…Las y los maestros y directores tienen la responsabilidad... a ir por los que no regresan: ir a convencerlos, ver qué pasó, por qué abandonaron, para que regresen”.
La declaración es por demás absurda puesto que las y los maestros tienen la responsabilidad de preparar, desarrollar y evaluar bien sus prácticas educativas de manera que resulten significativas para los estudiantes, mientras que las y los directores tienen la responsabilidad de gestionar las escuelas para coordinar a sus equipos docentes, al personal administrativo y de servicio y rendir cuentas a la autoridad de un adecuado funcionamiento de las instituciones educativas. Ni el profesorado ni los cuerpos directivos tienen la responsabilidad de ir por los estudiantes a sus casas y convencerlos de asistir a la escuela.
Ya he publicado aquí en un artículo relativamente reciente que los profesores han sido objeto de múltiples cargas que son ajenas a su misión y que no solamente les obligan a asumir tareas para las que no están preparados sino que además les ocupan cada vez más espacio de su jornada laboral -e incluso de sobrecarga de trabajo en sus hogares, fuera de sus horarios de clase- distrayéndolos de su tarea fundamental que es la de preparar, impartir y evaluar sus clases con la calidad y la visión de inclusión, equidad e integralidad que requieren los tiempos que corren, que son cada vez más complejos.
En el artículo que menciono, hago referencia a que el fenómeno de sobrecarga de tareas burocráticas y extra-educativas no es exclusivo de nuestro país, puesto que ya Andy Hargreaves lo plantea como un factor que afecta al profesorado en estos tiempos de posmodernidad. La reducción del espacio pedagógico, es decir, del espacio que debería ser central en la actividad de relación entre un docente y sus estudiantes ha disminuido y se sigue reduciendo significativamente.
Sin duda el abandono escolar -que los expertos sugieren ya no denominar como deserción por su connotación peyorativa en estos tiempos de sensibilidades hiperdelicadas- es un problema muy serio en todos los niveles educativos y muy especialmente en el nivel medio superior. Según datos del INEGI, durante los ciclos escolares 2020-2021 y 2022-2023, la matrícula masculina en bachillerato disminuyó en 2.3 % lo que implica casi cuarenta y cuatro millones de estudiantes menos y la femenina aumentó 2.2 % (casi cuarenta y siete millones), en una tendencia sostenida que parece tener que ver con que los hombres en las edades de la EMS son más proclives de forma socialmente aceptada a abandonar la escuela para trabajar o migrar, sobre todo en las poblaciones de mayor escasez.
Sin embargo como es casi obvio el problema de la deserción no es un fenómeno simple sino multifactorial y habría que considerar para abordarlo elementos como el anterior de carácter económico que obligó en ese lapso estudiado a que el 8.9 % de los estudiantes varones abandonaran la escuela para trabajar, aspectos de género, elementos relacionados con lo familiar, con las características mismas de la juventud en la actualidad, razones de carácter individual relacionadas con la falta de motivación e interés por estudiar y también, factores de tipo escolar.
Los factores de carácter escolar tienen que ver, según el artículo de Vizcarra citado en el epígrafe, con prácticas pedagógicas inadecuadas, formación docente limitada, incompatibilidad entre la cultura juvenil y la cultura escolar, una gestión escolar deficiente y la participación limitada de los padres y madres de familia en la educación de sus hijos e hijas. Esto produce como resultado bajo desempeño académico, desmotivación hacia el aprendizaje e incluso temor a asistir en contextos los que el clima escolar es muy disfuncional porque no hay un tejido de convivencia escolar seguro y saludable e incluso existen sistemáticamente acciones de acoso, bullying y violencia física, psicológica o simbólica.
A la SEP correspondería promover políticas públicas efectivas para garantizar que estos factores escolares disminuyan o desaparezcan. Para lograrlo tendría que estar ocupándose de que las plazas docentes se asignen de acuerdo a la capacidad y compromiso y no a las relaciones o influencias, que los docentes estén en formación permanente de excelente calidad, que las escuelas vayan adaptándose a las nuevas culturas juveniles en lugar de ser espacios que conservan la vieja cultura del siglo pasado o antepasado y que se construyan ambientes de convivencia escolar que conviertan las aulas y las instituciones en espacios seguros, inclusivos, con relaciones saludables, sin violencia; sitios en los que el estudiante encontrara un abanico de posibilidades de desarrollo en sus distintas dimensiones y no horas de aburrimicnto que no lo forman para la vida.
De modo que el problema no es decirle al estudiante que la escuela lo extraña, ni ir por él o por ella a su casa para obligarlo a asistir sino preguntarse si los estudiantes extrañan la escuela porque les aporta cosas positivas para su proyecto como personas y futuros ciudadanos. Pero esto implicaría consultar trabajos de investigación, analizarlos, pensar creativamente cómo mejorar las cosas y sobre todo, priorizar realmente la educación dentro del proyecto de nación. Por ello prefieren inventar campañas.
Opinion para Interiores:
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Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).
