Ron no sabe nada de su nuevo dueño, sus circuitos son defectuosos y Barney se da cuenta de que por más que lo reinicie una y otra vez, no se convertirá en su mejor compañero.
Las divertidas disfunciones de Ron los lanzan a un viaje juntos lleno de acción en el que el chico y el robot aceptan el maravilloso desorden de la verdadera amistad