Celulares, aulas y familias: Límites, no prohibiciones

  • Dr. Melitón Lozano Pérez
En el aula, las escuelas deben convertirse en espacios protegidos de desconexión digital

En la rutina cotidiana de miles de hogares mexicanos se repite una escena casi invisible por lo común que se ha vuelto: padres cansados o abuelos a cargo del cuidado infantil que, para lograr realizar los quehaceres del hogar o mantener un instante de tranquilidad, le entrega el teléfono celular a su hijo o nieto. El dispositivo se transforma al instante en el pacificador automático de berrinches, el "chupón digital" del siglo XXI.

Conforme los niños crecen y llegan a la adolescencia, el problema se vuelve más profundo. Por el temor constante de entrar en conflicto o dañar la relación, familias enteras prefieren ser permisivas, limitando la intervención de los adultos a regaños rápidos durante la comida o a quitar el teléfono como un castigo que dura poco tiempo. Lo que casi nunca sucede —y lo que verdaderamente falta— es el diálogo amistoso, cariñoso y educativo que les permita a niñas, niños y jóvenes pensar críticamente sobre los efectos negativos que la tecnología puede causar en sus vidas. En la mayoría de los casos, esta falta de diálogo no nace de la falta de interés, sino del desconocimiento: las familias simplemente no tienen la información ni las explicaciones sencillas para abordar una conversación tan compleja.

Es precisamente en este momento tan importante donde cobra gran valor la reciente propuesta presentada durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, en la que la Secretaría de Educación Pública, la UNESCO y especialistas abrieron el debate nacional para regular el uso de pantallas, redes sociales e Inteligencia Artificial en las escuelas. Esta conversación entre todos no puede esperar, pues no se trata de culpar o ver como "malo" a un aparato que durante la pandemia del COVID-19 sirvió para mantener conectadas a las aulas, ni de aplicar reglas que solo prohíban o censuren. El verdadero reto está en entender que poner reglas no significa prohibir, sino establecer límites sanos, formar buenos hábitos y darle prioridad al uso educativo y humano de la tecnología frente a la costumbre de pasar horas consumiendo contenido en internet sin reflexionar.

Los datos compartidos por los especialistas deben encender las alarmas en las escuelas, familias y en la sociedad. En México, el 83% de las madres y padres expresan una profunda preocupación por el tiempo excesivo que sus hijos pasan pegados a los teléfonos y tabletas, mientras que dos de cada tres reconocen abiertamente que no saben cómo poner límites de forma efectiva. Esta falta de apoyo para las familias y la ausencia de debate en las escuelas se traduce en graves consecuencias en el cuerpo, en las emociones y en la capacidad de aprendizaje de los estudiantes. El uso constante de aplicaciones diseñadas para dar satisfacción inmediata altera la química del cerebro infantil, provocando enojos constantes, comportamientos impulsivos y muy poca paciencia cuando se les interrumpe el uso de las redes.

A nivel físico, se observa un cambio grave en las horas de sueño y un aumento de la falta de actividad física, lo que favorece la obesidad infantil. En el aspecto emocional, estar expuestos todo el tiempo a burlas en internet (ciberacoso) y a modelos de vida irreales afecta mucho a la infancia; muestra de ello es que las adolescentes tienen el doble de probabilidades que los niños y jóvenes varones de desarrollar problemas en su forma de comer (trastornos alimentarios) por estar viendo contenido en redes sociales.

En el aprendizaje dentro de la escuela, el uso de la Inteligencia Artificial a corta edad y sin la guía de un adulto genera riesgos más profundos. Cuando la Inteligencia Artificial o las aplicaciones de conversación automática hacen el trabajo por el estudiante, se debilita y pierde la capacidad de recordar, de resumir y de razonar por cuenta propia, dañando directamente el pensamiento propio. Ninguna pantalla o programa, por más "amigable" que pretenda verse, puede reemplazar el cariño, el trato humano, el acompañamiento personal y la guía con valores que solo una maestra o un maestro pueden brindar dentro del salón de clases.

Esta situación no ocurre solo en nuestro país: el 58% de los sistemas educativos en el mundo ya tienen reglas, leyes o normativas que restringen o regulan el uso de celulares dentro de las escuelas, y en México, 16 estados han comenzado a dar pasos hacia leyes para proteger a la infancia en la educación básica.

Para que estas reglas funcionen y cambien las cosas para bien, deben apoyarse en una educación completa que comprometa tanto a la escuela como a la familia. En el hogar, es indispensable pasar de los castigos que solo buscan regañar hacia un uso guiado con afecto y límites claros, logrando acuerdos donde el celular no sea el consuelo de las emociones ni el sustituto del cariño de los padres. En el aula, las escuelas deben convertirse en espacios protegidos de desconexión digital y de convivencia comunitaria, donde la tecnología se use como una herramienta de apoyo para aprendizaje bien planeado, y no como un distractor permanente.

Participar activamente en esta conversación nacional no es solo un asunto de leyes, sino una oportunidad necesaria para hacer un acuerdo social que devuelva a nuestras niñas, niños, adolescentes y jóvenes el derecho a desarrollarse de manera sana, reflexiva y verdaderamente humana.

 

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Dr. Melitón Lozano Pérez

Dr. Melitón Lozano Pérez es un destacado profesional mexicano con una sólida trayectoria en el ámbito educativo, académico, social y político, caracterizada por su compromiso con el derecho a la educación y el desarrollo comunitario.