Las apariencias engañan

  • Fernando Abraján
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Ahora con la reciente detención del “tirador de la Atlixcáyotl” se ha acentuado la labor de los opinólogos y de la noche a la mañana aparecieron fiscales honorarios, criminólogos de Facebook y politólogos de café y cada uno de los ellos ya dio sus teorías, concluyó las investigaciones y hasta declararon al culpable, todo esto antes de que exista una pesquisa oficial. Así son los tiempos exprés.

El caso del empresario español Rafael N, señalado de ser el autor material de los disparos que dieron luz a 12 denuncias ante la Fiscalía General del Estado, ha confirmado que, ante la falta de información precisa y oportuna, solo se da paso a las especulaciones y muchas de ellas sin sentido, porque para algunos lo único que importa es un like a sus opiniones.

La información difundida refiere a que el responsable de la psicosis en la vía más nice de Puebla, es un hombre mayor de 60 años. Empresario farmacéutico y gasolinero. Los datos retratan a una persona con estabilidad económica, con residencia en un fraccionamiento privilegiado y con amplias relaciones comerciales e institucionales. Sin embargo, su conducta violenta con uso de armas que lo llevó a su detención, mostró que los perfiles que proyectan éxito, liderazgo, inteligencia e incluso carisma, también tienen problemas y realidades al grado que conducirlos expresar conductas profundamente destructivas y que algunos ocultan muy bien por su imagen.

Las personas no siempre son lo que aparentan. Ser un empresario reconocido tampoco acredita calidad moral. Este caso, como otros y no necesariamente de personas de negocios, muestra que el dinero no compra estabilidad emocional y el prestigio tampoco sustituye a la salud mental.

Según la Organización Mundial de la Salud, uno de cada ocho habitantes del planeta vive con algún trastorno mental. Eso no significa que las enfermedades mentales provoquen la violencia; la inmensa mayoría de quienes las padecen jamás comete un delito. Pero el dato sí indica que la conducta humana es mucho más compleja que una fotografía en redes sociales, que un currículo impecable o los negocios exitosos.

Habrá que esperar las declaraciones del “tirador de la Atlixcáyotl” para despejar dudas. ¿Qué puede motivar a una persona que aparentemente no tiene problemas de ningún tipo, a conducirse por una montaña rusa de emociones y que, desde el anonimato, busque dañar a otras personas sin razón alguna? ¿Está mal de sus facultades mentales? ¿Tiene un sentimiento reprimido que libera al disparar armas para dañar a otros? ¿Busca venganza, de qué o quién? Esas respuestas solo el las tienen y será necesario conocerlas hasta donde las leyes lo permitan para así entender lo que él vivía y dar una explicación a su conducta que puso en riesgo a las personas.

Esa información también deberá ayudar a las autoridades y particularmente a las fiscales, criminalistas y criminólogos, a los psicólogos y estudiosos de la conducta; a definir patrones que consecuentemente sirvan para prevenir futuras situaciones de riesgo y crimen.

El caso nada tiene que ver con política partidista. Tampoco con los gobiernos que le dieron contratos a este hombre. Hoy la Fiscalía del Estado tiene la obligación de investigar, integrar la carpeta, detener a responsables y presentar pruebas. No fabricar culpables para satisfacer las tendencias de las redes sociales y presiones mediáticas. Hoy más que nunca conviene desconfiar de los juicios exprés. Esperemos las pruebas y después vendrán las conclusiones.

 

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Fernando Abraján
Periodista serio y profesional que ha laborado en medios de comunicación de gran tradición y prestigio en Puebla.