Cobija que no alcanza

  • Gustavo Santín Nieto
Los datos del programa La Escuela es Nuestra reflejarían que apoyos y recursos serían insuficientes

Cartas a Gracia
Estimada Maestra:

 Una proporción considerable de la inversión en infraestructura educativa radicaría en las aportaciones que otorgaría el Programa la Escuela es Nuestra, Gracia; así lo señalaría -y habría que creer sin conceder-, Mario Delgado.

De acuerdo con información publicada el 7 de abril por el Boletín 127. La rehabilitación de planteles con La Escuela es Nuestra concentra 45% de la inversión educativa, destacaría contar con “un presupuesto anual de 26 mil millones de pesos”; atender a más de 75 000 planteles y a “8.5 millones de estudiantes; recursos ¿administrados? por “72 mil 349 Comités Escolares de Administración Participativa (CEAP)”.

También señalan en el boletín contar con una “inversión histórica de 142 mil 500 millones de pesos destinada desde 2019 a la fecha, monto que anualizado promediaría 20 mil 357 millones de pesos por ejercicio y habría sido utilizado en rubros que definirían en las reglas de operación y apoyos que variarían entre 200 000 y 1 500 000 pesos por escuela dependiendo del número de alumnos, y en hasta 3 “dispersiones” por plantel ,“ con la cual se han otorgado 404 mil 588 apoyos en 187 mil 92 escuelas públicas, lo que reafirma el compromiso del Gobierno de México con la mejora de los espacios educativos”. 

Valdría la pena considerar, estimada Maestra, que la cifra de “75 mil planteles correspondería a la atención anual del programa en 2026 [mientras que] las 187 092 escuelas públicas [se referirían] al total acumulado de escuelas que han recibido al menos un apoyo desde 2019”. Datos que por el uso indistinto que les da el comunicado podría sobreestimar el impacto real del programa.

El Acuerdo número 35/12/25 por el que se emiten las reglas de operación del programa La Escuela es Nuestra para el ejercicio fiscal 2026, que te remitiría al anexo determinaría, entre otros documentos, la Guía 2026 del PLEEN y cuáles serían los Objetivos:

“2.1. General. Lograr que las comunidades escolares por conducto del CEAP de los planteles de educación básica pública y de educación pública escolarizada de media superior, mejoren las condiciones físicas, el equipamiento y servicios escolares de los planteles, mediante la entrega de un subsidio atendiendo la suficiencia presupuestaria. […] 2.2. Específicos. Entregar un subsidio a las comunidades escolares de planteles de educación básica pública, a  través del CEAP, para que mejoren sus servicios escolares, equipen, rehabiliten o amplíen las condiciones físicas del plantel. Conformar un CEAP como mecanismo para fortalecer la participación y organización de las comunidades escolares”.

En el Anexo del PLEEN se enlistarían los rubros para el uso de los recursos dispersados a las escuelas; destinos que también podrían ser consultados en la Guía para el Facilitador 2026 y que a continuación se enumeran, Gracia:

“1. Equipamiento (adquisición de equipo como: mobiliario, materiales didácticos o insumos para su elaboración, materiales deportivos y/o artísticos, equipo de seguridad y primeros auxilios;
2. Rehabilitación/ampliación (mejorar y/o recuperar las condiciones de los planteles, sus instalaciones y equipos; incremento, modificación física y acondicionamiento de las instalaciones del plantel);
3. Servicio de alimentación (ofrecer alimentos a niñas, niños y adolescentes para contribuir a fortalecer su salud) y
4. Horario extendido (generar un mejor desempeño académico y desarrollo integral del alumnado con la extensión de la jornada entre 6 y 8 horas diarias)”.

Sin embargo, Gracia, los montos de los recursos que se entregarían a las escuelas aún serían insuficientes y solo serían paliativos que en caso de destinarse al Rubro 2, solo permitirían que los CEAPs gastaran los subsidios en una rehabilitación menor y en todo caso, en una recuperación parcial de las instalaciones, por lo que no podrían sustituir a un aspirado gasto federal que se dedicara al mismo rubro.

Lo mismo pasaría si destinaran los recursos al Rubro 3, y considerando que se etiquetara un gasto de 15 pesos por día, a la alimentación de las y los menores y partiera de una escuela con 50 alumnos, la inversión equivaldría a 750 pesos por día y que multiplicado por veinte días hábiles implicaría un total de 15 mil pesos mensuales y que extrapolados a 200 días de clase implicarían un gasto de 150 000 pesos por ciclo escolar de un subsidio escolar de 200 000 pesos bianuales,  y eso, si solo se considerada tan solo una comida por día. Lo mismo sucedería con los otros dos rubros de gasto. No alcanzaría para nada.

 En suma estimada Maestra, los datos y las propias reglas de operación mostrarían que la cobija simplemente no alcanzaría: los apoyos del programa La Escuela es Nuestra serían insuficientes para cubrir de manera simultánea infraestructura, equipamiento, alimentación y horario extendido, por lo que las comunidades escolares se verían forzadas a administrar carencias y no soluciones.

En ese contexto, una parte sustantiva del gasto cotidiano terminaría recayendo en las aportaciones “voluntarias” -en los hechos obligatorias- de madres y padres de familia, trasladando a los hogares la responsabilidad de sostener condiciones mínimas para la escuela pública. Como bien dice el refrán: cobija corta, si tapa la cabeza, deja los pies al descubierto.

 

 

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Gustavo Santín Nieto

Poblano por elección. Profesor Educación Primaria, licenciatura en Economía UNAM y Maestro en Administración Pública INAP Puebla. Asesor de SEP en varios estados. Miembro SNTE. Dirige IUP y Coordina la AUIEMSS