La “armonización” en la UNAM y en la BUAP

  • Guadalupe Grajales
En política la forma es fondo y la modificación de la normatividad no es una excepción a la regla

El pasado 19 de marzo apareció un artículo de la Gaceta UNAM que reporta la inauguración por parte del rector, Leonardo Lomelí Vanegas, del Foro de Análisis “Reforma y futuro de la UNAM”.

Esto constituye, por sí mismo, un evento de gran trascendencia y del cual podemos derivar muchas enseñanzas aplicables a todas las instituciones públicas de educación superior.

A reserva de abundar en las reflexiones y propuestas específicas de los distintos participantes, podríamos iniciar con algunas de las intervenciones que a modo de introducción y, sobre todo, de posturas específicas respecto al futuro de la UNAM, se ofrecieron en la inauguración del evento.

En su discurso de inauguración el rector Lomelí señaló: “Se trata, en el fondo, de dotar a nuestro modelo de gobierno de mayores condiciones de legitimidad, representatividad y corresponsabilidad”. Como podemos ver, la reflexión está focalizada finalmente en la forma de gobierno y los modos de conducción de la universidad.

En otras palabras, no es suficiente con que un gobierno universitario sea legal, requiere asimismo ser legítimo, considerado merecedor de detentar el poder. Además, debe ser representativo y este rasgo no sólo se asienta en la misma legalidad, sino en la aceptación de que quien dirige efectivamente representa a la comunidad de la cual ha emanado su autoridad. En el caso de la universidad, esa comunidad está constituida por los sectores que desempeñan las labores sustantivas: la docencia, la investigación y la difusión de la cultura. Esto es, el magisterio y el estudiantado.

Finalmente, este gobierno universitario debe ser corresponsable. La pregunta es ¿junto a quién? A mí se me ocurre que si es legítimo y representativo, el gobierno universitario debe ser responsable de su conducción junto al gobierno del Estado, pues las políticas aplicadas a la educación superior pública son responsabilidad de quien las decreta y de aquellas instituciones a las cuales se aplican.

Esta es una de las razones de mayor peso para construir de manera colectiva una postura de la UNAM que reivindique su autonomía para alcanzar sus fines como tal, como una universidad pública al servicio de la sociedad.

También señalan los autores del reportaje que el doctor Lomelí aseveró: “(La reforma) debe fundamentarse en el saber, en el quehacer cotidiano de nuestras y nuestros docentes, investigadoras e investigadores y estudiantes, así como en los principios de libertad de cátedra y de investigación.”

A esta fundamentación de la Reforma alude en su intervención Imanol Ordorika: “Si no hay un debate desde abajo, fuerte, incluyente, no habrá reforma, y eso ya se demostró con Rivero Serrano, Carpizo, Sarukhán … O cambiamos la UNAM desde dentro o lo que ocurrirá es que uno de los conflictos se incendiará, porque las condiciones están muy difíciles”. Y es que Ordorika ya había señalado que en el semestre anterior 35 entidades de la UNAM estuvieron en paro y estos paros duraron, en promedio, más de 30 días.

Esta llamada de atención —porque de las distintas intervenciones que se mencionan la de Ordorika es la más crítica—, alude claramente a una reforma contenida, por así decirlo, en los márgenes del control burocrático, tal y como sucedió con todas las “armonizaciones” de las leyes orgánicas universitarias, en el caso de la BUAP de su Ley con la Ley General de Educación Superior.

Una “armonización” que centralizó aún más el poder y abrió la puerta a la incorporación de funcionarios, de todos los niveles, ajenos a la propia universidad, incapaces de identificarse con su tradición y su lucha histórica.

Obviamente esta “armonización” no se ciñó tan sólo a la Ley, sino que se materializó en el Estatuto Orgánico y el Reglamento de Elección de Autoridades Personales Universitarias, así como en el Reglamento de Funcionamiento del Consejo Universitario y de los Consejos de Unidad Académica. La supuesta “participación” de la comunidad universitaria en la modificación de la Ley se resumió a un informe presentado por una comisión nombrada por la rectoría a fin de “incorporar” las propuestas y demandas de la comunidad. A estas ficciones se refiere justamente Imanol Ordorika.

Este foro de la UNAM se llevó a cabo del 17 al 20 de marzo y esperamos que, como lo dijo el rector Lomelí, constituya la apertura de un debate, de una deliberación y reflexión en torno no sólo al modelo UNAM sino en torno a las formas de convivencia universitaria y de instauración de una verdadera comunidad tolerante, respetuosa e incluyente.

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Guadalupe Grajales

Licenciada en Filosofía por la UAP con Maestría en Filosofía (UNAM) y Maestría en Ciencias del Lenguaje (UAP). Candidata a doctora en Filosofía (UNAM). Ha sido coordinadora del Colegio de Filosofía y el posgrado en Ciencias del Lenguaje (BUAP), donde se desempeña como docente. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.