Cuba desde las sombras

  • Ivanhoe García Islas
La lógica colonial que busca la asfixia de un pueblo, cuya soberanía emana de la voluntad colectiva

"Mi amor, el más enamorado, es del más olvidado en su antiguo dolor.
Mi amor abre pecho a la muerte y despeña su suerte por un tiempo mejor.
Mi amor, este amor aguerrido, es un sol encendido, por quién merece amor".
Por quien merece amor/ Silvio Rodríguez

El sistema eléctrico nacional cubano registró el lunes 16 de marzo un colapso que dejó sin electricidad al total de la población de la isla, esto con impacto directo en muchas instalaciones vitales, como son hospitales y centros educativos, entre otros.

Este colapso no fue producto ni de la negligencia técnica ni de la mala gestión administrativa del gobierno cubano; es la manifestación más visible de un bloqueo criminal externo que busca paralizar la vida en la isla, es consecuencia  de un asedio económico y financiero que tiene por objetivo desestabilizar a Cuba y castigar a su población con el fin de aislar a su gobierno; bloqueo documentado y reconocido hasta por quienes lo han impuesto y que busca el colapso de una nación soberana que por décadas no se ha plegado a los intereses de Washington.

Bajo este cerco de más de sesenta años, y que limita a Cuba desde la adquisición de insumos básicos hasta el flujo de energía, el sistema político y económico cubano ha logrado sostener indicadores de salud, educación, ciencia, deportes y artes que son referentes globales certificados por organismos como la ONU, la UNICEF y la OMS.

Esto en los hechos es el éxito de un sistema que no se mide en la capacidad de su población en adquirir bienes de consumo, sino en su salud, y en su educación, en la capacidad de un país bloqueado para desarrollar sus propias vacunas y en tener una tasa de alfabetización del cien por ciento de su población, demostrando que la luz de la isla reside en un sistema que ha sido capaz de sobrevivir a la agresión, en un proyecto político que ninguna sanción ha podido apagar, y que a pesar de la agresión permanente de la nación más poderosa del mundo, ha demostrado que garantiza el bienestar de la mayoría de su pueblo.

En los hechos, el bloqueo impuesto por Estados Unidos y que se ha recrudecido con la imposición de aranceles a las naciones que suministren petróleo a la isla, no es más que vulgar piratería y una violación flagrante al derecho internacional, lo que desde el poder colonial se maquilla como una herramienta política, en la práctica es una agresión brutal.

Al despojar el conflicto de su envoltura propagandista, lo que queda es una operación mediante la cual se pretende matar de hambre y enfermedad a una población con el fin de que esta retire su apoyo a su gobierno y legitime una “transición”, nada más contradictorio puede haber que justificar este bloqueo en el nombre del bienestar del pueblo cubano.

Esta estrategia no busca objetivos militares convencionales, sino el quebranto de la voluntad popular, ejercer presión extrema sobre toda una población para generar caos es, por definición, terrorismo. Es la implementación de lógicas coloniales donde una potencia pretende dictar el destino de un pueblo mediante la asfixia, ignorando cualquier norma de convivencia internacional.

Sin embargo, los logros de la revolución cubana, proceso que no es perfecto por supuesto y cuyos espacios de mejora competen exclusivamente al pueblo cubano y a sus instituciones, son innegables. Cualquier transformación o ajuste dentro del modelo debe emanar de la discusión de los cubanos que habitan en Cuba y padecen en carne propia las consecuencias del bloqueo, nunca de agendas impuestas por grupos con un historial documentado de vínculos con el narcotráfico y el terrorismo, grupos que hace apenas unas semanas intentaron introducir mercenarios en territorio cubano.

Una provocación criminal que busca fabricar el pretexto para una agresión militar externa que el gobierno de la isla, por derecho elemental a su seguridad nacional, no puede ni debe tolerar. 

El pueblo cubano no es un sujeto improvisado en la defensa de su integridad, por décadas, ha resistido agresiones que van desde invasiones mercenarias hasta ataques terroristas a su infraestructura, violencia orquestada por círculos mafiosos y delincuenciales radicados en Miami y que operan con total impunidad al amparo del gobierno de los Estados Unidos.

La historia de Cuba es la crónica de un pueblo que ha aprendido a convertir la dificultad en inventiva y el aislamiento en cohesión social. Esa capacidad de resistencia creativa no es un eslogan propagandista, es la respuesta orgánica de un pueblo, que, pese a la adversidad, en su mayoría apoya al gobierno emanado de su última revolución. El pueblo cubano ya ha salido de otras agresiones, y ha demostrado que su soberanía no emana del permiso externo para ser libres, sino de la voluntad colectiva.

Frente a la agresión imperialista y las pretensiones de tutelaje colonialista, la isla se ha mantenido siempre firme. Los que le conocemos de cerca sabemos que el pueblo cubano una vez más saldrá airoso de la agresión, demostrando que la dignidad es un recurso que ningún bloqueo tiene la capacidad de confiscar.

La defensa de Cuba es, en última instancia, la defensa de Latinoamérica entera; es la defensa de un faro de dignidad que no puede caer, por el pueblo de Cuba, sí, pero también por lo que significa para los hombres libres de todo el mundo que nos negamos a la indignidad como norma y a aceptar que el destino de la humanidad lo definan los villanos y su yugo colonial.

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Ivanhoe García Islas

Compositor, poeta y educador en artes y humanidades. Licenciado en Música (BUAP), Maestro en Ejecución Musical (CMPM) y estudios de Maestría en Estética y Arte. Analista social desde una perspectiva que combina la sensibilidad artística y el pensamiento crítico.