México: soberanía en peligro

  • José Luis Cardona Ruiz
El nuevo imperialismo de Estados Unidos y las grandes debilidades de la 4 T prenden los focos rojos

Trump representa, más allá de ser presidente de los Estados Unidos, una fracción económicamente poderosa del poder mundial. Me parece un error juzgar a Trump por sus anecdóticas torpezas y desatinos, ya que en esos momentos comanda el ejército más poderoso del mundo y tiene tras de sí sectores belicistas deseosos de ejercer fuerza y poder en todos los puntos del planeta.

Al segmento económico que apoyó a Trump le tiene sin cuidado el bienestar de los ciudadanos del mundo y sus derechos, ya que están abocados a controlar todos los eslabones de la cadena productiva de un amplio espectro de ramas industriales, agrícolas, de servicios y, sobre todo, tecnológicas. Y ahí su conducta en Venezuela y Cuba: en Venezuela, su interés se centra en las reservas de petróleo y minerales estratégicos; en Cuba, la oportunidad de hacer fabulosos negocios en turismo y administrar la bancarrota de un país que tiene un potencial cultural y de talento respetable.

El padecimiento de una población excluida de los innumerables conceptos de derechos humanos del mundo moderno y, sobre todo, la libertad plena, tiene menos valor que un cacahuate. Para este grupo de poder mundial, resulta incómodo y hasta un escollo, países con una fuerte unidad nacional y exitosos en la gestión de la economía y del bienestar.

Más bien, le resultan cómodos liderazgos populistas, imprudentes, corruptos y con habilidades mínimas como estadistas, un ejemplo particular es Andrés Manuel López Obrador, pues deja un país con una importante presencia de organizaciones criminales con ramificaciones continentales, deterioro económico, malestar de la población insatisfecha, pocas expectativas de un futuro mejor, y políticamente dividido y confrontado.

Es el mundo perfecto para intervenir, apropiarse de recursos estratégicos e imponer condiciones draconianas que favorezcan a sus ambiciones. El concepto de la soberanía para ellos es una anécdota sin sentido y se lo conceden a los demagogos populistas de izquierda. Lo importante es tomar decisiones concretas y específicas que les permitan a ellos tener el dominio de naciones que consideran inferiores, y de las cuales pueden aprovecharse.

Atrás quedaron los años del presidente Kennedy, cuando se trataba de contener la influencia del comunismo en lo que aún consideran su patio trasero, a través de programas y ayuda para combatir la pobreza, como la Alianza para el Progreso, préstamos directos del gobierno de Estados Unidos e indirectos a través de facilitar el acceso a los recursos del Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y la Agencia Internacional para el Desarrollo. Entonces se alentaban inversiones de empresas norteamericanas en la región y se otorgaban concesiones comerciales para facilitar el acceso de productos de la región al mercado estadounidense.

Con Donald Trump y los poderosos capitales que representan, esto se terminó con un giro abrupto, para dar paso a una política de "arruinar al vecino" mediante aranceles, y una agresiva política para ahuyentar las inversiones en México y otros países de la zona, provocando deliberadamente un clima de incertidumbre. Los programas de ayuda desaparecieron casi por completo, con la excepción de Argentina, con un Milei que se manifestó incondicional y fan de Donald Trump.

Creo que está más que confirmado la colusión de personajes de la Secretaría de Marina con altos funcionarios del sistema de aduanas de México, así como el innegable conocimiento que tenían del desfalco a la economía mexicana por empresarios estadounidenses del ramo de hidrocarburos, dado el poderoso servicio de inteligencia de Estados Unidos. Ellos estaban al tanto de las trapacerías y atracos de gente cercanísima a López Obrador y su familia.

Una pregunta viene a colación: ¿por qué el gobierno de Trump no devela la corrupción y complicidades con el crimen de destacados integrantes de la 4T? Pues simplemente para administrar estas circunstancias, para someter e imponer sus condiciones e intereses a México. A ellos les vale un bledo los sufrimientos, abusos y atropellos al pueblo mexicano. Lo único que les importa es apropiarse de materias primas imponiendo condiciones abusivas que les den enormes ventajas y la cadena de valor en su control, además de debilitar las posibilidades de un desarrollo vigoroso con fortaleza propia de nuestro país.

Para decirlo de otra manera, para el grupo de poder empresarial internacional de Trump, les beneficia un México dividido y debilitado. Las organizaciones criminales, ya sin ningún control, muestran a un México ensangrentado y aterrorizado ante los ojos del mundo. Con ello crean la coyuntura adecuada para acciones unilaterales de Estados Unidos.

Trump es parte de un conglomerado mundial que disputa la hegemonía económica en varias latitudes, proclive a decisiones verticales y autoritarias, insensible a la salud del planeta, y fanáticos del poder blanco. Nos consideran inferiores y poco le importan el bienestar, la democracia y la libertad en América Latina: se demostró en Venezuela y lo mismo va a pasar en Cuba. Les interesa la expansión de su dominio, el saqueo de recursos y los beneficios económicos para las corporaciones que representan, incluyendo la industria militar.

Por eso, en mi opinión (sé que es arriesgado decirlo), Trump preferiría que se mantuviera la 4T en el poder, pero sometida y acotada. Le es más fácil imponer sus condiciones a un gobierno sin talento y saturado de demagogia. De México les interesan los minerales estratégicos y diversos productos agrícolas con un fuerte componente de mano de obra, pero también ven con apetito que en México se produzca ciencia barata. Este es uno de los roles de México. La UNAM, con menos dinero para ciencia y tecnología (1/4), es más productiva que Brasil. Lo que yo percibo es que la mano que mece la cuna orienta la investigación a donde ellos (los poderosos) les interesa y consumen la producción científica de México para planear los negocios de los próximos lustros.

Una comparativa clave: UNAM (México): para 2025, destina 15,034 millones de pesos (US$ 750 millones) específicamente a investigación. Es la número 1 en América Latina según el Interdisciplinary Science Rankings 2025. USP (Brasil): maneja un presupuesto global superior (cerca de US$ 2,500 millones), impulsado por un porcentaje fijo de la recaudación de impuestos en Sao Paulo. Aunque gasta más la institución brasileña en total, la UNAM lidera en producción científica interdisciplinaria.

El dato que comenté es una pequeña muestra de la capacidad científica de nuestras universidades, tanto las públicas (como la UNAM, el IPN, la UAP, la Universidad de Guadalajara y la Universidad de Nuevo León) como las privadas (como el Tecnológico de Monterrey, la Ibero, la Universidad de las Américas de Puebla y la Universidad del Valle de México, entre otras). Hay innumerables obstáculos para que los resultados de sus investigaciones científicas y tecnológicas se traduzcan en patentes y, menos aún, se puedan comercializar. Pero la solución la dan las grandes empresas mundiales, que tienen ya diseñados mecanismos y protocolos para absorber los resultados de las investigaciones en los procesos productivos.

Y como el gobierno de Morena está abocado a todo lo concerniente a los procesos electorales para mantenerse en el poder, no atiende a definir una estrategia de cadenas de valor comandadas por empresas nacionales y el Estado, que genere un valor agregado significativo aprovechando los talentos de los recursos humanos mexicanos altamente calificados. Y también es difícil encontrar cuadros en el partido gobernante que tengan el expertise y el talento para tal tarea.

Si bien esto nos debilita como una economía endógenamente fuerte, hay un escenario de pesadilla que no puede descartarse, de continuar en el poder los dirigentes de Morena en los lustros venideros, otorgando dinero del erario federal para controlar población para sus fines electorales y de poder, pero que no garantiza la gobernabilidad, la paz y el respeto a la vida y al patrimonio de los mexicanos. Y al otro lado de la frontera, si el trumpismo logra mantenerse en el poder, no podemos descartar una intervención cada vez más humillante (incluso militar en el territorio), para mandar en México.

Existe una tendencia de desplazamiento y concentración del poder económico en Texas, con conductas beligerantes y expansionistas, y de lado de nuestro país, en estados como Coahuila y Nuevo León, crece el descontento con un gobierno central que solo derrocha recursos que sustrae a través de impuestos en estas regiones. Veo el hartazgo por sus incompetencias, escandalosas corruptelas, inseguridad y debilitamiento del Estado de derecho. No son pocas las voces que se manifiestan por buscar nuevos tipos de asociación regional, tanto con México como con Estados Unidos.

Yo tengo familia, viví mi infancia en Monterrey y percibo comentarios que piden traducirse en acciones, y que podrían poner en serio peligro el pacto federal y la integridad de nuestra querida patria. Muchos soñamos con que la política tanto en Estados Unidos como en México gire hacia un lado más democrático, que nos haga ilusionarnos con un México próspero y fuerte, para dejar atrás la mediocridad en la que nos ha hundido lo que primero fue el neoliberalismo combinado con la partidocracia improductiva y ahora, cada vez más, la llamada cuarta transformación que ha resultado un verdadero fracaso económico y moral.

 

 

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José Luis Cardona Ruiz

Licenciado en Economía por la UNAM. Fue Director de la Facultad de Economía y Secretario Académico de la BUAP. Colaboró con el Frente Sandinista de Liberación Nacional por un convenio de cooperación. Fue Presidente Estatal del Partido México Posible y Presidente del Partido Alternativa Socialdemócrata en Puebla.