Dos principios de la hidráulica
- Víctor Reynoso
Un destacado constitucionalista comentó que inicia sus cursos de Derecho Constitucional con una frase que le escuchó a un arquitecto, y que puede considerarse el principio primordial de la hidráulica: “El agua es cabrona”.
El constitucionalista se disculpa por la última palabra de este principio, que no suele utilizar. Pero la mantiene por fidelidad a la fuente, y por cuestión de claridad.
Cualquier constructor, arquitecto, ingeniero, albañil y similares sabe de la sabiduría de este principio. Si no lo tiene en cuenta en sus construcciones, estas se deteriorarán más temprano que tarde.
Lo creativo está en aplicarla al Derecho Constitucional, cambiando agua por poder: el poder es capaz de deteriorar y destruir muchas cosas, la dignidad y la vida humana entre ellas. Todo el constitucionalismo, toda la arquitectura jurídica que pretende defender la vida humana del poder, tiene en este su principio fundamental: “El poder es cabrón”.
Hay un segundo principio de la hidráulica que aplica también a la política, pero en sentido negativo: “El agua no es pendeja”. Ciertamente el poder sí suele serlo. Es bien conocida la frase “el poder vuelve a los inteligentes tontos, y a los tontos locos”. Todas las semanas podemos encontrar confirmaciones de la misma.
“En política hace más daño un tonto que un ratero”, escuché decir a alguien que llevaba décadas, no en el diseño constitucional, sino en la política práctica. Confieso que la frase no me gustó, pues tiene un tono cínico. Además que no estamos condenados a elegir entre tontos y rateros. Puede haber, hay, políticos inteligentes y honestos. Pero parece que sí señala una realidad importante.
Todo buen constitucionalista debe tener en cuenta estos dos principios, originados en la hidráulica. Las constituciones y las leyes deben partir de ellos. De lo contrario el desempeño político puede causar enormes daños a la sociedad.
No solo las leyes ayudan a evitar estos males: también las voces que señalan errores y desatinos. Cuando son escuchadas por el poder o por la sociedad.
El sistema del priismo clásico se agotó en parte por circunstancias externas, pero también por dos presidentes que perdieron el piso y no encontraron contrapesos: Echeverría y López Portillo. Si hubieran sido conscientes de estos dos principios hidráulicos aplicados a la política, sus gobiernos no hubieran sido tan erráticos.
De nuevo la pregunta: tener en el centro de nuestra perspectiva política estos dos principios ¿es de izquierda o de derecha?
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Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.
