El interés de los convidados
- Román Sánchez Zamora
Durante mucho tiempo, Grecia fue mi inspiración, incluso para salir del pueblo, sabía que debía ser alguien para poder encontrarle, sabía el nombre de sus papás y de ella, no podría ser difícil.
Ya en la secundaria, supe de las oficinas de inteligencia militar, que ellos podían saberlo todo, y me dije que yo debía ser militar y ser un comandante allí, ser un jefe; no sabía de los grados militares, menos aun de la integración de comisiones especiales ni nada.
Y así aspiré a estudiar para ser un militar. Qué impresionante dedicarme a esta carrera que ha sido mi vida, sólo por una niña que llego a vivir al pueblo; sin duda que me hizo ser mejor.
A los 25, pude saber el paradero de esta familia… Así como los militares no hacemos vida en un solo lugar, supe que se habían ido por la cancelación de los puentes, el trazo se modificó debido a que no beneficiaba a uno de los líderes políticos del Ministerio del Tesoro.
Se fueron a la capital y su papá estuvo en las oficinas centrales del Ministerio de Obras, hasta que se jubiló.
Su mamá se jubiló como maestra, muy noble profesión.
Grecia, tenía mi edad, ¿en dónde andaría?
Se casó a los 23, tenía una hija. Le fui a ver, le vi a lo lejos, le vi con su esposo, un tipo que yo creo que no me inspiraba confianza por ser su pareja; tardaron poco tiempo juntos.
Un día, ya pasados los años, llegué al evento en donde su hija se graduaba de la primaria, y fui el padrino de la generación. Le vi a la distancia. Al escuchar mi nombre, Grecia se acercó a la fila tercera… suspiré, suspiramos.
El amor, lo más extraño… y más para los amorosos.
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