Juristas conflictivos
- Víctor Reynoso
La imagen que tenemos de un jurista es el de una persona responsable, madura, conocedora, cuidadosa de las formas.
Tres magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación se apartaron de esta imagen y se acercaron a la de adolescentes traviesos que se van de pinta: mientras el presidente del Tribunal presentaba su informe, ellos se fueron a desayunar a un lugar alejado. Y, ufanos, presumieron con una fotografía su travesura.
Si en política la forma es fondo, lo es todavía más en cuestiones jurídicas. Las decisiones y actitudes de los tribunales suelen tener consecuencias de mucho peso.
Y si situamos el texto (la travesura descrita) en el contexto la preocupación es mayor: iniciado ya un proceso electoral que augura ser tenso e intenso, la máxima autoridad judicial en la materia se encuentra dividida y con actitudes que no esperaría uno de personas con esas responsabilidades.
Otro elemento del contexto: el acoso a las instituciones por parte del grupo actualmente en el poder. No es casual que no hayan sido capaces de nombrar a los dos magistrados que deben nombrar. Un caso similar al del INAI, paralizado por la voluntad de la mayoría en el Senado.
Un mal síntoma de todo proceso electoral es que los árbitros se vuelven parte del juego. El mejor árbitro es el que no se ve. Que los magistrados electorales ocupen las primeras planas en los medios de comunicación, a casi medio año de las elecciones, es preocupante.
El sainete que hemos presenciado en estos días debe tener también causas internas. Las desavenencias entre personas que forman parte de órganos colegiados son frecuentes. Naturales, digamos. Pero se espera que los responsables de esos órganos tengan la capacidad de enfrentarlas y resolverlas. Para eso están ahí. Sin necesidad de protagonizar escándalos públicos.
Las elecciones del próximo año se prefiguran complicadas. Aunque hay datos duros que prefiguran la continuidad del grupo en el poder, no hay nada seguro. Y no es probable que, aunque ganen la presidencia, obtengan la mayoría calificada en las cámaras, como lo pretenden.
A lo que hay que agregar el recientemente llamado “síndrome de Samuel García”: el terror a ser sucedido por alguien que no es del mismo grupo político.
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Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.
