El embaucador
- Ociel Mora
El presidente López Obrador abandonó su deber de gobernante para concentrarse en lo que él mismo denomina con el muy mexicano adjetivo de “politiquería”. Consistente básicamente en difamar a la oposición política y a los críticos de su gobierno. No hace falta un cursillo en una de las mejores universidades para caer en cuenta de que nada de lo que hace el Presidente tiene que ver con los valores de una democracia medianamente funcional. Las acciones del Presidente, las más de las veces, lindan en un autoritarismo despiadado, como su antipatía hacia familiares de víctimas de violencia en su gobierno.
Caso específico: las imágenes dantescas difundidas acerca de los cinco jóvenes desaparecidos en Lagos de Moreno, Jalisco, y el chiste de quien sólo escucha lo que le conviene. Y su inacción ante la extorsión de la que son objeto pequeños productores de limón en el estado de Michoacán. Una entidad, por cierto, en manos de cárteles. Se dice en periódicos y revistas que en la pasada elección de gobernador los delincuentes jugaron y ganaron. En ese contexto habría que leer las declaraciones del mandatario estatal cuando afirma que los problemas de fin de semana en Michoacán son la respuesta a su ofensiva. En ese contexto de negar-negar el propio Presidente actúa en consonancia. Para el primer mandatario los disturbios que paralizaron varios municipios de aquella entidad son acciones de “propaganda” y “publicidad”, de sus enemigos, y que “la paz” y “la tranquilidad” ya se recobraron (Mañanera de anteayer lunes). La elocuencia “más refinada” de los otros datos.
El Presidente ha dejado de gobernar para concentrarse en lo que realmente sabe hacer: la arenga en la plaza pública, en la que ninguno como él para embaucar incautos. Esa estrategia propagandista tiene como finalidad suprema imponer al próximo Presidente de la República, el año entrante cuando haya elecciones para elegir a un nuevo presidente. El cual será designado por él, la semana entrante, mediante la argucia de encuestas, de las que se sigue ignorando todo-todo. Los electores (en este caso las bases del partido Morena), como en el pasado de partido único, son reducidos al papel de mera escenografía para legitimar lo ilegítimo. Me explicó: cuando hablo de designación de Presidente me refiero a Morena, el partido oficial, el partido gobernante, el partido que unilateralmente dispone de todos los recursos del Estado mexicano, y por cuya razón se encuentra a la cabeza en las preferencias de los votantes. Lo sabemos por experiencia. El presidencialismo es un rasgo político y cultural muy vigoroso entre la población. Además, en estos cinco años el Presidente se ha encargado de refrendarlo mediante la propaganda electoral de las mañaneras y la dispersión de dinero por todo el país, vía los programas sociales. Otro elemento cultural muy arraigado es el de las manos vueltas, tu me das y yo te doy. O como diría el propio Presidente: “Ayudando a los pobres va uno a la segura porque ya saben que cuando se necesite defender, en este caso la transformación se cuenta con el apoyo de ellos”; pero “No así con sectores de clase media, ni con los de arriba, ni con los medios, ni con la intelectualidad, entonces no es un asunto personal, es un asunto de estrategia política”(Animal político, 4 de enero de 2023).
Me temo que estamos de vuelta en los tiempos de partido único. En la que no rifa más voz que la del Supremo. En su afán de imponer sucesor el presidente López Obrador se ha metido hasta el cuello en el proceso electoral. Por cierto, un proceso al parecer (i)legal, de no ser por el retorcimiento del lenguaje. Como en la máxima poblana de “es mi voz, pero no es mi voz”. En ese afán se tuvo que inventar un nuevo calendario electoral, tal vez un calendario electoral punible, pues es contrario de los procedimientos oficiales emitido por el Instituto Nacional Electoral (INE). ¿Es permisible omitir al INE desde Palacio Nacional? De acuerdo con información en su página, el INE es el órgano autónomo del Estado mexicano encargado de organizar las elecciones federales, en particular la de presidente de la República, diputados y senadores, y coordina con los órganos electorales de las entidades federativas las elecciones locales en los estados y ciudad de México. Es de entenderse que se trata de la institución del Estado mexicano, debidamente fundada, con el ex profeso mandato de conducir el delicadísimo proceso de “hacer” nuevos gobernantes.
En un ensayito del gran Fernando Escalante Gonzalvo se lee “… que haya miembros de las élites que hagan alarde de su habilidad para hacer trampas, para engañar, torcer la ley y salirse con la suya. En la tradición literaria el pícaro es un personaje que vive a salto de mata, trampea para sobrevivir y, sobre todo, procura disimularlo. Otra cosa es que un millonario, un jefe de Estado, hagan burla de la ley, de los jueces, abiertamente, y que a la gente le resulte gracioso. No es novedad que en la política o en los negocios haya logreros, buscones, caballeros de fortunas, pero sí lo es que se presuma de ello y que no tenga consecuencias, que se acepte con naturalidad: del rey abajo pícaros todos” (Nexos, octubre de 2022).
Chayo News
No cabe duda que Alejandro Armenta es un gran polemista. Es el único de Morena en Puebla que ha levantado al voz contra los panista en posición de gobierno. El presidente Eduardo Rivera crítico la pérdida del gobierno del estado de varios cientos de millones de pesos, puestos en una cuenta de banco para generar intereses, que bien a bien nadie sabe a donde irían a parar, y bajo qué clase de autorizaciones del Congreso se dispuso o se dispone de los bienes públicos de los poblanos para meterlos a la especulación financiera, sin mayor seguro de por medio. Son preguntar pertinentes las que deberían de estar en la agenda del Congreso del Estado. Pero ya se ve que no hay Poder Legislativo que represente los intereses de la población ante los otros poderes. Pues bien, ante la invectiva del presidente municipal y precandidato del PAN al puesto de gobernador, el legislador federal en el Senado, le reviró con la acusación del extravío no del quebranto de seiscientos millones de pesos, imputados a la Secretaría de Finanzas y Administración, sino de sesenta mil millones de pesos, comprometidos por el exgobernador panista Rafael Moreno Valle, y de la que muchos panistas en activo, como el mismo Mario Riestra Piña, fueron cómplices del atraco a Puebla.
Opinion para Interiores:
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Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.
