Centralismo o federalismo
- Rafael Rodríguez Moreno
Se conjuntaron dos eventos actuales. Por un lado, celebramos nuestra Independencia de la Corona Española; éramos libres para obrar a nuestra voluntad como mexicanas y mexicanos, pero al mismo tiempo falleció la reina Isabel II. A muchas y muchos les ha sorprendido las largas filas para estar frente del féretro con diversas demostraciones de cariño de todo tipo, lo cual me lleva a pensar: nuestro país según su cultura e idiosincrasia a qué se asemeja más, a una república federal o a algún tipo de centralismo claro, con un gobierno democrático.
Hagamos un poco de historia. Los españoles se toparon con lo que hoy es América, conquistaron a los pueblos asentados por estos lares del planeta, se dio el mestizaje y sincretismo de ambas culturas; pasaron tres siglos, llegaron ideologías de libertad. Se decía que la soberanía, el poder, era del pueblo, no de la realeza, después de una cruda guerra que duró once largos años con dos fracasos militares como lo fue tanto el de don Miguel Hidalgo y Costilla, como el de José María Morelos y Pavón; decimos fracasos porque no lograron la ansiada independencia y por desgracia terminaron muertos, claro está, abrieron el camino para lo que años más tarde fuera nuestra nación: se logró la independencia con la firma de los Tratados de Córdoba.
En un primer momento nuestro país nació como el Primer Imperio Mexicano. Era septiembre del año 1821, el 27 de dicho mes y año el que alguna vez comandara fuerzas realistas apoyando a la Corona Española y peleara en contra de los insurgentes, llegaba al poder (cualquier parecido con la realidad política actual es pura coincidencia). El gusto al nuevo gobernante realmente le duró muy poco, pues en el mes de marzo del año 1823 fue derrocado por un grupo de liberales entre los cuales estaba Antonio López de Santa Ana.
En noviembre de 1823 se constituyó el Congreso de la nueva nación. Comenzaría con la redacción de la que fuese el Acta Constitutiva de la Federación Mexicana en enero de 1824, dando paso en noviembre a la primera Constitución Política de México, en la cual se debería de establecer su forma de gobierno. Los “representantes” populares tenían en sus manos, literalmente hablando el futuro de la nación, y se decidieron por un gobierno como el de su vecino del norte, el de Estados Unidos de América, así nace como tal los Estados Unidos Mexicanos.
El acta constitutiva y la Constitución de 1824 establecieron que la forma de gobierno era República representativa popular y federal, sus partes integrantes eran estados independientes, libres y soberanos, en lo que exclusivamente toque a su administración y gobierno interior.
Pasaron guerras, se cambiaron formas de gobierno a centralismo, supremo poder conservador, segundo imperio mexicano; desde julio de 1867 hasta la fecha hemos tenido una república federal; sin embargo, políticamente ¿ha funcionado la misma? Teóricamente hablando, por supuesto, pero en los hechos ¿funciona? Será tiempo de replantearnos esta forma de gobierno.
Nuestro país es una federación, sin embargo, al cuestionar este sistema la respuesta siempre, absolutamente siempre es la misma, la contestación es centralista, las decisiones recaen en el gobierno federal y las mismas van bajando a estados y municipios, cuando esto no es así. La federación y cada entidad federativa tienen facultades diferenciadas, así el gobierno federal tiene determinadas facultades y los estados otras, como lo ha establecido el Poder Judicial Federal: no se establece ninguna relación de jerarquía entre las legislaciones federal y local; de esta forma la federación tiene sus facultades como regular el comercio, la banca, telecomunicaciones, etcétera, y todo lo que no esté conferido a la federación es de los estados. Tenemos, por ejemplo, el matrimonio o el divorcio que no son facultades de la federación, por tanto, siguiendo el Pacto Federal son facultades de los estados. De esta manera, la federación tiene sus facultades y los estados también, uno no se puede meter con el otro y viceversa, teniendo la misma jerarquía, solo repartiéndose facultades.
Lanzarnos la pregunta si sería mejor un gobierno centralista, si al parecer el pensamiento de la población es de dicha manera, aclarando que no se debe confundir federalismo o centralismo con división de poderes, existirían el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
En las últimas décadas el artículo 73 Constitucional que habla de las facultades del Congreso, que ha sufrido distintas reformas y adiciones, exactamente ochenta y cinco, siendo el artículo más reformado de la Constitución desde 1917.
Cada día que pasa se centraliza más y más las decisiones. Tenemos por ejemplo el Código Nacional de Procedimientos Penales. Antes cada estado tenía su propio código conforme a su pensamiento y cultura, no es lo mismo Yucatán que Sonora, o Tlaxcala que Tamaulipas y las y los legisladores estatales determinaban el procedimiento penal. Ahora hay un solo código; en un pensamiento centralista se dice que es más fácil una ley procesal penal para toda la nación, pero los de pensamiento federalista pensamos que se le quitan facultades a los gobiernos estatales perdiendo su esencia el federalismo al irse centralizando y centralizando.
Creemos que los representantes populares de 1823 y 1824 eligieron el federalismo por ser más equilibrado, por no otorgar todo el poder a un gobierno central; de esta forma se es más democrático, los gobiernos estatales legislan conforme a sus facultades constitucionales, de manera regional, en su entidad federativa, conforme a sus visiones y problemáticas focalizadas en su territorio, siendo la federación un ente gubernamental con facultades generales, sin que uno tenga mayor jerarquía del otro.
Nuestro país, como dijimos, tiene históricamente una mentalidad centralista, así teníamos al Tlatoani, al Virrey, a Santa Ana, a Porfirio Díaz, al presidencialismo priista. El federalismo es una gran forma de gobierno, insistimos, para nosotros más democrática por su equilibrio y no otorgar todo el poder sino repartirlo entre estados y federación, sin embargo, si de facto se centralizan más las cosas no sería mejor pasar a un centralismo democrático como en muchos países. Hay ciertas instituciones que al parecer son intocables. ¿No es también democrático cuestionar si funcionan o no, si han servido al pueblo o no? La mejor respuesta la tiene usted amiga o amigo lector. MILITIA EST VITA.
#ConstruyendoCiudadanía
(El autor es coordinador de los Posgrados en Derecho de la Universidad Iberoamericana Puebla).
Sus comentarios son bienvenidos en:
@AbogadoEcologia y [email protected]
Opinion para Interiores:
Otras Opiniones
-
Jerónimo ChavarríaEl Atoyac no se rescata con anuncios -
Herminio Sánchez de la BarqueraRelaciones entre guerra y economía en nuestros días (I) -
Carlos Figueroa IbarraFrancisco Vélez Pliego y una nueva agenda universitaria -
Raúl Torres SalmerónLos sucesos ocultos en la elección del Papa León XIV -
Eduardo García AnguianoContrastes mexicanos
Anteriores
Licenciado en Derecho, maestro en Derecho Privado con estudios de Maestría en Educación Humanista; y Doctorado en Desarrollo, Medio Ambiente y Territorio, todos los estudios en la Ibero Puebla. Se ha desempeñado como servidor público en la PROFEPA y el Ayuntamiento de Puebla.
