Masculinidad libanesa y la percepción poblana en el siglo XX
- Alfonso Gómez Rossi
¿Qué se pensaba de los hombres libaneses durante el siglo XX en nuestra ciudad de Puebla?
Lo que se decía de ellos dependía de varios factores: la clase social a la que se pertenecía (si se era de las clases acomodadas había un rechazo marcado hacia la comunidad libanesa; si se era de la clase media o las clases bajas, había una aceptación hacia los inmigrantes), así como la generación a la que se pertenecía (por generación me refiero a las distintas décadas en que interactuaron abuelos, hijos y nietos con los poblanos).
Aquí cabe hacer una aclaración sobre la interacción de cada generación. Podemos afirmar que durante cada veinticinco años (aproximadamente) cambió la percepción y el trato hacia los libaneses. (1) El cambio osciló entre un rechazo extremo por parte de las clases acomodadas hasta una aceptación completa a partir de los matrimonios y la descendencia que se generó a partir de estos. (2)
Para Puebla en el siglo XX podemos hablar de tres generaciones:

Los hombres libaneses les resultaban importantes a la sociedad poblana por dos factores: el primero, fue el tremendo éxito económico y social que tuvieron en Puebla durante el siglo XX; el segundo fue por las posibilidades de matrimonio que podían ocurrir entre los libaneses y las mujeres de otros grupos de la sociedad poblana.
Le propongo que hoy analicemos el prejuicio que la burguesía poblana tenía en torno al matrimonio, y cómo esto cambió en las últimas décadas del siglo pasado. Posteriormente propongo que analicemos el éxito económico de la primera y segunda generación de hombres libaneses.
Una anécdota sirve para describirnos cómo las costumbres matrimoniales de los libaneses eran percibidas como exóticas en la primera mitad del siglo XX. Advierto que la historia puede ser incómoda por el trato que se le da a una de las mujeres de la narrativa, así como por los estereotipos negativos que se manejan. De antemano, me disculpo si es así.
Un rector de la Universidad Autónoma de Puebla que practicaba medicina, atendía a dos hermanos de origen libanés en su consulta. Por la relación entre médico y pacientes se tejió una buena relación de amistad.
En una ocasión uno de los hermanos le explicó al médico que iría pronto a El Líbano a casarse con la novia que había comprado. La anécdota no termina ahí, ya que para la sorpresa y diversión del médico, el afortunado prometido afirmó que su novia era extraordinariamente hermosa, porque poseía unas posaderas “del color de jamoncillos (sic).” (3)
Unos años más tarde, ya casado el buen hombre libanés con la mujer que compró, en un convite en la casa del General Maximino Ávila Camacho, el médico le comentó a su esposa de manera jocosa, que la esposa de aquel hombre tenía una parte de la anatomía “del color del jamoncillos.” La esposa del médico, sorprendida e indignada, preguntó que cómo sabía eso, asumiendo que tal vez tenía un amorío con ella, y fue cuando el doctor le contó la historia que refiero líneas arriba.(4)
Esta anécdota, que se contaba con tono burlón antes y ahora es políticamente incorrecta, nos refiere que para la primera generación de mexicanos que convivió con los libaneses recién llegados del Levante, las costumbres “orientales” eran distintas a la conducta practicada por la burguesía poblana: por un lado, era raro comprar a una esposa, por lo menos para las clases altas de Puebla, por otra asumir que la mujer aceptara ser tanto vendida por sus padres como comprada como esposa, resultaba a la vez fascinante, pero repulsivo. Finalmente, era de mal gusto hablar de ciertas partes de la anatomía femenina con extraños, aunque hubiera una buena relación.
Note el lector que coloco “orientales” entre comillas, ya que en la actualidad el orientalismo es visto como algo negativo.
La crítica al término surgió con Edward Saïd cuando publicó su obra celebre “Orientalismo”, (5) cuya hipótesis afirma que la cultura Occidental no ha visto de manera objetiva a los habitantes del Medio Oriente en el transcurrir de la modernidad, sino que Europa y Norteamérica han construido una narrativa cultural sobre aquellos pueblos, basada en información que es racista, despectiva y romántica a la vez (Saïd, 2002, pág. 12). (5)
Saïd entiende por orientalismo:
1.- Un campo o disciplina académica en las universidades europeas y norteamericanas
2.- Una representación del hombre basada en las diferencias epistemológicas entre la cultura Occidental y la de “Oriente.”
3.- Un instrumento de dominación empleado por los ingleses y franceses para justificar su dominio sobre el Levante.
El orientalismo practicado por los burgueses poblanos en el siglo XX giraba en torno a tratar de ver menos a los hombres libaneses a partir de las explicaciones que les había dado el bagaje cultural de Occidente.
Se le temía al hombre libanés porque se asumía que era un macho, pero un macho que tal vez era más grotesco en su masculinidad que los mexicanos porque, se pensaba, que tenía aún más controlada a las mujeres a través del uso de la violencia. (6)
La segunda generación de hombres libaneses empezó a buscar casarse con mujeres que estuvieran a la altura del capital acumulado, pero la sociedad poblana de la década de los cuarenta y cincuenta, les cerraron la puerta a ese tipo de interacciones. (7)
El mayor temor para algunas familias era que ocurrieran matrimonios mixtos que debilitaran los valores familiares de hispanofilia, o la identidad cultural de Occidente introduciendo costumbres “orientales” en la familia. Los hombres libaneses ya habían acumulado grandes capitales y tenían derecho de picaporte con el gobernante en turno, pero aún no eran aceptados por los poblanos de la vieja guardia.
Una manera de cerrar las puertas fue a través de las fiestas que se organizaban entre las familias bien de los cuarenta y cincuenta que, como regla, no incluían a miembros de la colonia libanesa, a menos que hubieran sido estrictamente aprobados por las madres de las jóvenes señoritas casaderas.
Sólo eran aceptables en aquel momento Emilio (Lilo) Henaine (QEPD) y los Chaín. Algunas madres, reflejando el sobresalto y la ignorancia supina que sentían de que sus hijas se casaran con un libanés, recomendando que lo pensarán bien, porque seguramente serían maltratadas por ellos. Aun así, los matrimonios comenzaron a darse de manera gradual cuando los Budib emparentaron con la familia de origen alsaciano de los Lichtle.
Para la década de los sententa, la vieja guardia bajó las defensas: sus hijos no compartían ni el miedo ni la visión racista y clasista de sus padres. Comenzaron a darse una serie de matrimonios mixtos entre los miembros de la vieja guardia y la colonia libanesa, que unieron a las familias. Los Chedraui con los García Teruel o los Abed y los Haddad con miembros de la familia Alonso.
Aunque persisten familias poblanas que tienen prejuicios por lo que aprendieron en sus casas, los matrimonios mixtos han hecho que la mayoría de los miembros de la colonia libanesa sean vistos como parte de una familia extendida, que es mexicana ya y no vista como extranjera. Los prejuicios sobre las costumbres del Medio Oriente se han disipado, al grado de que en la década de los noventa tenía gran caché casarse con un libanés, o ser amigo de varios de los nietos de los primeros inmigrantes, alegando en esa década que eran los únicos que aún conservaban dinero.
(1) Por generación entendemos “Conjunto de personas que tienen más o menos la misma edad” o “Conjunto de personas que, habiendo nacido en fechas próximas y recibido educación e influjos culturales y sociales semejantes, adoptan una actitud en cierto modo común en el ámbito del pensamiento o de la creación” (Generación, 2022).
(2) Aquí se destaca que las generaciones no son estáticas: podían darse diferencias entre cada una de ellas, pero también convivían las unas con las otras impactando su manera de entender el mundo.
(3) Por respeto a la familia no escribiré ni nombres ni apellidos.
(4) La esposa que compró el afortunado esposo fue una señora con mucha clase que tal vez no conoció esta historia, pero que siempre se caracterizó por ser educada y distinguida.
(5) Si quiere leer la obra de Saïd la puede encontrar como PDF en este sitio: (https://hemerotecaroja.files.wordpress.com/2013/06/said-e-w-orientalismo-1978-ed-random-house-mondadori-2002.pdf)
(6) Cabe destacar que Saïd era ¾ palestino y ¼ parte libanés. Su abuela materna era libanesa, lo que le da un interés particular en este artículo y su obra Orientalismo.
(7) Esta afirmación ignora por supuesto que en estados mexicanos como Guerrero, Tlaxcala y Chiapas se daba también el comercio de esposas para los hombres de ciertos grupos étnicos.
(8) No sólo a los libaneses: también se le cerraron las puertas a los ateos, a los comunistas, a los protestantes, a los posibles homosexuales o a las personas que no tuvieran el color de piel aceptable para la familia.
Trabajos citados
Generación. (2022). Obtenido de Real Academia Española: https://dle.rae.es/generaci%C3%B3n
Harper, W. W. (2010). Conceptions of Masculinity Among Arab Americans. Pullman: Washington State University.
Rectores. (2022 de Marzo de 2022). Obtenido de Benemérita Universidad Autónoma de Puebla: https://www.wikiwand.com/es/Benem%C3%A9rita_Universidad_Aut%C3%B3noma_de_Puebla#/Rectores
Saïd, E. W. (2002). Orientalismo. Barcelona: Random House Mondadori.
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Licenciado en Historia por la Universidad de Arizona, Doctor en Creación y Teorías de la Cultura en la UDLAP. Subdirector del Instituto Universitario Boulanger.
