Morena, instrumento de transformación
- Alejandro Carvajal Hidalgo
La historia política del México contemporáneo está indudablemente llena de momentos convulsos que llevaron a la sociedad mexicana a buscar causes de organización para contener la embestida de un Estado-neoliberal en decadencia. Ese crisol bajo el cual confluirían muchas luchas, muchos sectores sociales y muchas formas de entender cómo había que llevar los cambios necesario del país, terminaron confluyendo en Morena, en cada una de sus diversas etapas.
En la recta final del espuriato, sexenio calderonista, el país estaba sometido a altos índices de violencia, comparados a los de Siria o Irak quienes enfrentaban invasiones militares, la búsqueda de legitimidad de Calderón, lo llevó a declararle la guerra a los cárteles de la droga, violentando a millones de mexicanos, quienes se vieron desplazados o fueron víctimas de atroces asesinatos como parte de su cotidianidad. Ante este escenario, en una fecha emblemática, el 2 de octubre de 2011, Morena se constituye como organización civil, y se llama al pueblo de México a organizarse, bajo el manto y la experiencia de lo que fue el Gobierno Legítimo y ante el escenario político-electoral del proceso presidencial venidero.
Pasado el fraude electoral del 2012, en donde se construye la candidatura presidencial de un bufón, Peña Nieto, e igualmente se compra a billetazo la voluntad popular de los más pobres, y donde el IFE ahora INE nunca vieron nada. Desde Morena, miles de mexicanos nos convocamos en asambleas a fundar un nuevo partido, representativo del pueblo de México. Por su parte, la derecha al ver el avance popular, se aglutinó en el llamado Pacto por México; por eso en otra fecha representativa de nuestra historia nacional, el 20 de noviembre de 2012, después de las 32 asambleas estatales, fundamos Morena como partido y como movimiento nacional.
Mientras la agenda político-económica neoliberal era llevada hasta sus últimas consecuencias con el peñanietismo, la entrega de la soberanía nacional, sello característico de estos con las llamadas Reformas Estructurales impulsadas por el PRIANRD y un selecto grupo de empresarios; en contraparte, el pueblo de México fue llamado a la movilización desde Morena. Las concentraciones multitudinarias en el zócalo y plazas públicas estatales por millones de mexicanos fueron para ese bloque conservador nada, pero terminó por exhibir su proyecto de país.
La estela de corrupción económica siempre fue el timbre de distinción del período neoliberal, desde Miguel de la Madrid hasta Enrique Peña Nieto. Se privatizaron más de 1,300 empresas estatales, de las cuales emergieron los hombres más ricos de México y el mundo. En lo político, el neoliberalismo fue impuesto en medio del fraude electoral, desde Salinas hasta Peña Nieto. La imposición de la política social neoliberal significó la anulación de conquistas sociales, laborales y democráticas, llegando a niveles degradantes, y esos agravios todavía hoy laceran a la sociedad mexicana. Para ello siempre se usó la fuerza del Estado, como en Aguas Blancas, El Charco, Acteal, San Fernando, Chalchihuapan, Nochixtlán y Ayotzinapa, entre muchos más.
Evocar los sucesos históricos siempre es un ejercicio de conciencia fundamental, sobre todo de quienes nos planteamos profundizar el proceso de transformación que vive el país. De ella siempre encontraremos respuestas a infinidad de preguntas hechas en la convulsa actualidad, y esas respuestas serán una guía de acción colectiva de los nuevos y complejos escenarios.
Quienes estamos impulsando la Cuarta Transformación, no importa desde qué trinchera lo hagamos; tenemos claro las tareas por delante. El país se encuentra en la elección de dos proyectos, el descrito arriba llamado neoliberal, o el nuestro, que busca rescatar la soberanía nacional, dotar a la nación de su papel estratégico mundial por su diplomacia de paz; hacer de México un país con soberanía industrial y energética. Volver a tener una sociedad activa y consciente impulsando los cambios en las calles, los barrios, los ejidos, las serranías, las costas, las selvas, es decir, desplegadas con dignidad a lo largo y ancho del territorio nacional.
El instrumento fundamental para impulsar y organizar ese despliegue social es el partido Morena y urge su regreso a su esencia fundacional. Siendo oposición ganamos la narrativa y el discurso en contra el aparato mediático oligárquico, ganamos la calle movilizándonos millones, hoy ya no hablamos de la posibilidad de aplicar un proyecto. Hoy hablamos de la transformación perenne nacional, y Morena no puede por su inmovilidad interna, por su falta de unidad, quedar a la zaga.
Se tiene que convocar a reconstruir la vida interna democrática del partido, desde los Consejos y Comités municipales, estatales y nacional; los retos por delante exigen tener un partido actualizado a eses nuevas circunstancias. Dejamos de ser oposición y ahora somos gobierno; tenemos que desplegar la formación política de cuadros, para la movilización, para las tareas de gobierno, para la agitación política, para la administración y aplicación de políticas públicas nuevas. El reto es volver a ser un Partido-Movimiento referente de procesos soberanos en América Latina y el mundo; ellos han volteado sus miradas a México por el enorme avance y las conquistas de gobierno alcanzadas en poco tiempo.
El llamado es a todos a seguir profundizando esta Cuarta Transformación, a movilizarnos en defensa del país y de sus recursos naturales estratégicos, a profundizar las iniciativas de democratización de la vida nacional, y estamos seguros que el Partido-Movimiento Morena jugará un papel fundamental y articulador de todas las demandas nacionales y de los sentimientos nacionales, y de ese lado de la historia nos colocaremos sin vacilación alguna, pues en medida de lo que el partido- movimiento MORENA le ofrezca a la sociedad, es en la medida que va a ofrecer a la Transformación nacional.
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Diputado federal desde 2018 representando por mayoría relativa al Distrito VI. Estudió la Licenciatura en Derecho en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Fue dirigente de El Barzón poblano, y desde diferentes espacios de participación ha promovido acciones para construir bienestar en la sociedad.
