Fue desde antes de la firma del acuerdo de unidad en el Cen del Pri ante Manlio Fabio Beltrones para impulsar a Blanca Alcalá en su candidatura a la gubernatura.
Mejor dicho... del intento de unidad.
Mucho antes.
Años.
Incluso, de que sufriera la peor derrota de su carrera política... de su vida.
Aún más atrás... cuando él era el favorito del gobernador y el indiscutible candidato para que el Pri repitiera en Casa Puebla, pero lo más importante: el responsable de la continuidad marinista en el estado... y allá y entonces, para su expansión nacional en la presidencia de la República.
De ese tamaño eran sus miras y sus ambiciones.
De esa magnitud era el peso de Javier López Zavala.
Por eso cuando veía el rumbo distante, frío e impersonal de Blanca Alcalá ante el equipo marinista lo percibió como una ofensa.
¿Soberbia?
Y no, no era por ser mujer. No era cuestión de género, sino de trabajo en equipo, de hacer alianzas, y sobre todo, reconocer de dónde emanaba el poder.
Y ella no lo hacía.
No lo hizo nunca.
Sobre todo cuando en el 2007 López Zavala figuraba en primer lugar en la lista de Mario Marín para la candidatura a la alcaldía. Pero no, los marinistas optaron reservar por lo que creían que era su mejor carta para jugar por la gubernatura.
Fue así como quedó vacante el lugar para la presidencia municipal de Puebla, que ocuparía Blanca Alcalá, para su propia sorpresa porque ya había empacado sus maletas para su viaje a España.
El resto de la historia se conoce.
“Fue gracias a mí que llegó a ser presidenta municipal”... era el pensamiento recurrente.
Y el resentimiento nació.
El tiempo pasó y los tiempos se cumplieron: llegó el momento para Zavala. Su momento de gloria, según lo atestiguan titulares y temas de columnas políticas que levantaban la mano, desde meses antes, al ganador indiscutible del PRI, que arrasaría sobre el panista Rafael Moreno Valle.
También la historia se conoce de sobra.
Y con la derrota vino la soledad.
El olvido.
Pero lo peor se reveló al poco tiempo: la traición.
Cuando Zavala supo y comprobó los acuerdos de Blanca Alcalá con Moreno Valle durante la campaña.
Entonces, el resentimiento se convirtió en odio.
Y se expandió.
Ahora, de nuevo se abre el juego por la gubernatura.
Y tuvo que ser Emilio Gamboa Patrón el que alzara la mano a Alcalá para apaciguar las vísceras caldeadas de los 11 aspirantes por Casa Puebla.
No fue Manlio Fabio Beltrones, como se acostumbra la práctica priísta. Se comentó que el líder nacional del PRI simpatizaba con Enrique Doger.
De ahí, que Doger aceptara la unidad a regañadientes. ‘Bajo protesta’, para utilizar sus propias palabras.
De ahí que Zavala se levantara de la mesa, y no se guardara nada para mañana: ahí, frente a todos, dijo que no firmaría la alianza, porque él fue traicionado “por esta señora”, señalando a Blanca Alcalá.
Y salió del lugar, asegurando que se registraría como candidato.
Hasta el momento no se ha retractado.
¿Seguirá por la libre hasta el final?
¿Zavala cobrará su traición con traición?
¿Ojo por ojo?
¿Será capaz de irse del PRI para buscar la candidatura en otro partido?
¿Cuánto daño representará este rompimiento interno en el PRI poblano para la campaña de Alcalá que aún no comienza?
¿Intervendrá el CEN para ponerlo en su lugar, o seguirá la línea de seguir ignorando al PRI poblano?
¿Zavala cederá ante las tentaciones del poder o adoptará la disciplina férrea, esa de la que se jactan tener los priístas?
Lo sabremos en un par de días.
Aunque existe otra vía: la de jurar subirse a un tren que no tomará, incluso, que él mismo ayudará a descarrilar.
Una especie de Karma político-electoral.
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Erika Rivero Almazán nació en la Ciudad de México. Estudió la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (Upaep) y la maestría en Letras Iberoamericanas en la Universidad Iberoamericana Golfo-Centro. Desde los 6 años comenzó a escribir historias. Desde esas fechas escribió sus primeros cuentos. A los 19 años inició como reportera de la sección Cultural en El Sol de Puebla. Posteriormente se hizo responsable del área política en esa casa editorial. Más tarde trabajó como reportera en el periódico Cambio, TL Cable de Puebla y en el noticiario radiofónico CN Radio. Fue jefa de información en la revista y periódico Intolerancia. En 1999 el ayuntamiento de Puebla le otorgó la Cédula Real. Su columna políticaLos Conjurados la comenzó a escribir en el diario Intolerancia, después en Síntesis, en el periódico Cambio, en el Heraldo de Puebla, en Milenio, en e-consulta, en el noticiero de Tribuna Radiofónica y en Periódico Digital. En el periódico digital Statustuvo una sección llamada La Ciudad y Eros, en donde escribió una serie de cuentos eróticos. Demonios, Ángeles y Sexo fue su primer libro, editado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y prologado por Pedro Ángel Palou García. Al siguiente año participó como cuentista en el libro publicado por el CONACULTA “Volver a los 17”. Fue titular del programa radiofónico Los Conjurados en la 10.10, Mujeres de 10 en Tribuna Comunicaciones, y posteriormente de Más Sana en ABC Radio. Actualmente sigue escribiendo sobre política, continúa participando en programas de radio, televisión, y es directora de la revista Más Sana.
